LA VILLA MEDIEVAL DE PEDRAZA: CONJUNTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO NACIONAL


Visitar por segunda vez la localidad de Pedraza, en Segovia, me bastó para conquistarme por completo. El simple hecho de entrar con el coche por la única puerta de acceso al centro del pueblo te traslada totalmente a la Edad Media y convierte el automóvil en un carruaje tirado por caballos…

La puerta, que por cierto, era la antigua cárcel de la villa, es robusta y segura con el objetivo de proteger a los ciudadanos de cualquier ataque exterior. Al aproximarse uno a Pedraza (da igual hacerlo desde Madrid o desde Segovia), comprueba que el enclave está situado en un punto estratégico que en la antigüedad debió ser sencillamente inmejorable. Las inmensas montañas pertenecientes al Sistema Central sirven de muralla natural para la ciudad. Además el castillo, en el interior de las murallas protectoras, y las casas están construidas en lo alto de una colina, con lo cual la visibilidad en caso de recibir una ofensiva sería perfecta.

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Como decía, basta con aproximarse al pueblo y entrar por la gran puerta principal (Cárcel de la Villa) para trasladarse al medievo. Primera curiosidad, ¿por qué justo la puerta principal que forma parte de la muralla tomó función de cárcel? Según nos explicaron, en más de una ocasión utilizaron a más de un preso como arma arrojadiza que lanzaban desde la torre que forma parte del edificio. ¿Macabro? Sí, pero útil, se deshacían de uno de los presos que mantenían en condiciones lamentables y lo aprovechaban como bala.

La primera vez que llegamos a Pedraza fue de manera precipitada e improvisada. Era un frío día de invierno del pasado mes de febrero, llegábamos tras pasar una preciosa noche en la maravillosa ciudad de Segovia, de la que hablaremos en otra entrada, e íbamos con un claro objetivo, comer un buen cochinillo o un sabroso cordero. Decisión que tomamos gracias a nuestro amigo Luis, segoviano como el que más. El día no era el más indicado para realizar una visita. La temperatura no superaba los 7-8ºC y los copos de nieve caían de manera intermitente haciendo el día realmente complicado, de manera que decidimos únicamente ir a comer y no visitar apenas la localidad, que no obstante te envuelve con un aroma muy especial con un simple paseo de 100 metros por cualquiera de sus empedradas calles. El restaurante al que fuimos es de remarcar. Es de mucha importancia mencionar que Pedraza tiene fama (merecida) de ser un lugar de escape (para sobre todo madrileños) en el que comer posiblemente el mejor cordero o el mejor cochinillo de todo el país, por ello es aconsejable reservar mesa por teléfono SIEMPRE. Aquella primera vez fuimos a comer al Restaurante El Jardín y fue excelente. Una ración de cochinillo para “la persona que está a mi lado” y otra para mí hicieron las mil delicias junto a una buena fuente de patatas fritas y una contundente ensalada. Todo de una calidad de diez, y por un precio aproximado de unos 35 € por persona con una tarta de queso de la tierra que completó la comida de manera excelente. Debido a las inclemencias del tiempo, no pudimos hacer otra cosa que coger de nuevo el coche para volver a nuestra tierra.

pedraza (25)Tras aquello no podíamos decir que conocimos Pedraza; hoy realmente puedo decir que lo conozco. Hace tan sólo dos semanas y con un tiempo mucho más primaveral decidimos, junto a nuestro matrimonio preferido, ir a visitar Pedraza. Nosotros íbamos como guías pero en realidad conocíamos poco más que ellos. Lo único que conocíamos era el Restaurante El Jardín y ese mismo día estaba lleno, con lo cual tuve que reservar mesa en el Restaurante El Soportal, aconsejado por una persona que considero que “sabe lo que come”.  Dos raciones de cochinillo, dos de cordero, una ensalada y un plato también de patatas fritas hicieron de nuevo reafirmar nuestra opinión de que el mejor cochinillo que he probado se hace en Pedraza.
El cordero también es grandioso. En los postres, probamos también la tarta de queso, como es habitual en mí pues es mi favorita, y también tremenda, y el ponche segoviano, hecho con un bizcocho relleno de crema pastelera y mazapán. La calidad de 10 también pero quizá un 2-3% más caro que el Restaurante El Jardín, en el que habíamos comido en nuestra primera visita a Pedraza. Es posible que ese incremento casi inapreciable de precio se deba a que éste último se encuentra en plena plaza del pueblo, por lo cual es 100% recomendable pedir mesa junto a la ventana a la hora de hacer la reserva. Justo ahí se rodó el anuncio de la lotería de Navidad (el famoso anuncio en el que aparecen Bustamante, Marta Sánchez, Montserrat Caballé y Rafael).

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Hablemos de lo importante, el pueblo, la villa. Justo después de la comida, a las 17.00 horas daba comienzo la ruta guiada por las calles de la centenaria villa. La guía era la misma persona que se encargaba de vender las entradas en la Oficina de Turismo de Pedraza, que se encuentra bajando la calle Real, justo en la calle que se abre a la izquierda del Restaurante El Soportal.

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Tras adquirir las entradas por un precio de 3€ por persona, regresamos hasta la Plaza Mayor, desde donde comenzó la ruta. Entremos en detalle. La plaza es magnífica. Es una típica plaza castellana rodeada de viviendas todas ellas con un escudo en su fachada. El suelo está empedrado, como en el resto del pueblo, y en cada casa hay un balcón. Los grandes acontecimientos antiguamente se celebraban en esta preciosa plaza. Obviamente las grandes personalidades tenían que poseer un emplazamiento en aquellas corridas de toros, festejos e incluso ajusticiamientos, normalmente con la horca. Se puede observar, incluso, que en la iglesia central de la plaza (Iglesia de San Juan), lo que se supone la Iglesia Mayor y la que actualmente está abierta al culto en la localidad, existe un pequeño balcón que no muestra sintonía alguna con dicha iglesia (posteriormente explicaré por qué).

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Hay varias cosas muy llamativas en el lugar pero algunas de ellas no saltan a la vista. Es mejor ir con ellas aprendidas. Lo primero que choca cuando uno se fija desde el centro de la plaza es que todas, absolutamente todas las casas de Pedraza tienen en su fachada principal un escudo, el escudo de la familia, del apellido que se lleva. En su momento Pedraza fue una ciudad importante, de casi 5000 habitantes y era una localidad potente económicamente hablando cuyos habitantes eran poderosos y fijaron escudos en sus fachadas que aún hoy perduran. Hoy en día existe una ley mediante la cual todas las viviendas de nueva construcción tienen que seguir un patrón que no difiera de las construcciones antiguas.

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Como antes comentaba, hay curiosamente un balcón en la iglesia de la Plaza Mayor que no encaja mucho con la construcción religiosa. En su altillo se lee:

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“Este sitio y balcón es de Juan Pérez de la Torre y Zúñiga de este orden Caballero”

Aquel importante personaje nobiliario se vio obligado a negociar con la iglesia la construcción de un pequeño balconcito que le diese la opción de participar de forma pasiva en esos acontecimientos que comentaba, como corridas de toros, ajusticiamientos y cualquier otro tipo de festejo, ya que su residencia no formaba parte de la plaza, sino que estaba en una de las calles que radian de ella.

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Por otra parte hay que decir que prácticamente la totalidad del suelo de la villa está construido de piedra con lo cual es aconsejable ir con un calzado cómodo. Hay otras muchas curiosidades en el lugar, pero entre ellas una llama la atención. Desde el centro de la plaza se puede comprobar, si se observa detenidamente, que las tejas de todas las casas están colocadas al revés. Lo hicieron, y se sigue haciendo así, por dos motivos: uno de ellos y fundamental en su origen es el económico, ya que se ahorraban la parte de arriba, y el otro es que debido a los duros inviernos que se pasan en Pedraza y las constantes nevadas que recibe el pueblo, los tejados dejan resbalar la nieve evitando que se acumulen encima de las casas afectándolas de manera considerable.

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Nuestro camino desde la bella plaza continuó por un pasillito muy estrecho, justo al lado del balcón del que hemos hablado, que desde lejos no daba la sensación de ser una calle (de hecho primeramente pensé que era la entrada a alguna pensión ya que veía entrar y salir a muchos turistas). Realmente era una calle, una preciosa calle que iba a dar a una todavía más bonita plaza, llamada desde antaño Plaza del Ganado. Nos comentaron que antiguamente en dicha plaza se intercambiaba el ganado y el pescado y además todavía hoy servía de toriles cuando se celebran las corridas de toros en las fiestas, que son entre el 6 y el 10 de septiembre de cada año. Las corridas desde hace siglos se siguen produciendo en la plaza donde la gente pudiente sigue saliendo a los balcones para verlas en directo. A la izquierda de la pequeña plazoleta parece haber unas rejas que sirven como pequeño baúl de los secretos. Actualmente es el Museo Arqueológico Regional y posee algunos sarcófagos y columnas romanas entre otras cosas. Además, el pequeño recinto funciona como decorado de películas y series tan famosas como “Águila Roja”. El lugar se transforma en la cárcel de la villa en la serie.

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Desde allí marchamos hasta la pequeña Plaza de la Olma, llamada así porque en medio de la misma un árbol centenario se levantaba imponentemente. Actualmente, es un álamo el que reina en el lugar. La diferencia entre olmo y olma es únicamente su edad: al convertirse en centenario, el árbol pasa al género femenino. Nos contó la guía que una tremenda enfermedad se enfrentó a estos árboles hace doscientos años acabando con la práctica totalidad de los olmos y olmas en la península, incluida la que allí había. Una vez la grafiosis remitió habiendo acabado con la vieja olma, se replantó un álamo en su lugar.

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Desde el centro de la villa fuimos caminando por la empedrada Calle Mayor comprobando como las piedras bajo nuestros pies comenzaban a convertirse en arena. Al horizonte, el gran castillo que se aprecia cuando uno se acerca desde cualquier lugar a Pedraza.

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pedraza (37)El castillo, del siglo XIV, posee hoy en día el nombre de Castillo de Zuloaga. Fue levantado sobre antiguas fortalezas romanas y musulmanas y habitadas por familias nobles como las de Herrera y Fernández de Velasco. Hoy en día se utiliza el castillo como recibo turístico todos los días exceptuando los lunes. Eso sí, puede ocurrir como nos pasó a nosotros. Curiosamente se utiliza también para la celebración de ceremonias y actos privados. Hace dos semanas había uno y nos quedamos sin visitarlo. Eso sí, pudimos contemplar la magnífica puerta principal de madera de roble con pinchos de hierro que se clavaban en las armas de asedio que se utilizaban contra ella.

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Volvimos sobre nuestros pasos pasando por la Iglesia de Santa María, hoy prácticamente en ruinas. Supimos que en momentos de esplendor de la ciudad hubo hasta siete iglesias abiertas al culto de las cuales hoy sólo una se mantiene enteramente en pie y disponible al rezo.

Poco nos quedaba para finalizar la visita, pero todavía nos esperaba un agradable paseo a través de la Calle de la Calzada, donde antiguamente se asentaron los judíos que habitaron la villa. Al final de dicha calle comienza la calle Procuradores, donde nos mostraron una de las casas que perteneció a la iglesia y dónde se implantó una de las sedes del Tribunal de la Santa Inquisición que había en Castilla.

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Finalizamos llegando a la Puerta de la Villa y al torreón que funcionó hasta hace no tantos años como la Cárcel de la Villa, y que posteriormente visitamos por dentro. En cuanto a la Puerta de la Villa, del siglo XI, decir que es uno de los más conocidos tesoros del lugar por ser todavía hoy único punto de entrada y salida de la localidad y en la que preside un hermoso escudo de armas perteneciente al noble Íñigo Fernández de Velasco. El otro personaje digno de mención e hijo predilecto de Pedraza es el pintor eibarrés Ignacio de Zuloaga, que llegó a Pedraza en 1926 enamorándose perdidamente de la villa y encontrando allí la inspiración que necesitaba para convertir en obras de arte sus pinturas. Hoy sus descendientes tienen diversas dependencias en la ciudad, entre ellas el castillo. Una anécdota curiosa que contaba la guía fue que el pintor invitó a una famosa actriz americana de armas tomar y a la que quiso dar a conocer el lugar que había elegido para vivir. Las puertas, mejor dicho, la puerta de salida y entrada estuvo cerrada desde las 22.00 horas hasta la mañana siguiente lo cual obligó a la distinguida dama a dormir en las puertas de la villa. Zuloaga advirtió sin suerte a su invitada…

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Decidimos visitar la antigua Cárcel de la Villa, hoy convertida en museo. Las entradas costaron sólo 3€ por persona y básicamente visitamos las diversas estancias de todo el torreón. Nos contaron las tremendas atrocidades que se les hacían a los presos y las lamentables condiciones higiénicas, físicas y psicológicas a las que se enfrentaban. Tan duro sería aquello que cuando en el siglo pasado se decidió hacer una gran limpieza, se encontraron restos humanos entre los metros y metros de excrementos que cubrían los habitáculos. Nos mostraron diversas celdas, concretamente me impactaron unas hechas con madera, con grandes troncos pedraza (65)que no dejaban entrar la luz del sol. Lo confirmamos cuando entramos en una de ellas y cerramos la puerta: ni un mísero rayo de luz. También visitamos la habitación del carcelero, única estancia en la que había algo de calor gracias a la chimenea que le servía como cocina y como calefacción. En el resto del torreón, curiosamente, hacía un frío bastante mayor que el que hacía en el exterior, en la calle, dónde rondaban los 15 grados. Pudimos también disfrutar de las vistas que ofrecían algunos ventanucos de la parte superior de la torre de la cárcel, tanto hacia la villa como hacia los campos que la rodean.

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Finalizamos la visita a la querida ciudad de Pedraza tomando algo en la única taberna que persiste como en su origen en toda la localidad: la Taberna de Mariano. También situada en la misma plaza principal del pueblo, nos trasladamos a la edad media tomando un refresco en puertas de dicho establecimiento. El interior fue maravilloso visitarlo y la gente que lo regentaba era realmente afable y amable, como la cuadrilla que había en las mesas al lado de nosotros en la preciosa fachada de la taberna.

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Así nos fuimos alejando de la villa, nos marchamos por la puerta por la que horas antes habíamos entrado y dejando atrás un pueblo al que espero, volvamos pronto. Quién sabe si para el festival de las velas cuya plaza ofrece un concierto sinfónico los próximos 5 y 12 de Julio y mediante el cual la villa se llena de velas y aparta de la luz artificial durante unas horas…

Todo es posible…

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GRANADA: PINTORESCOS BARRIOS CON SORPRESA FINAL


Nuestro segundo y último amanecer en Granada fue simplemente maravilloso. Me levanté con la pena de tener que dejar la ciudad esa misma tarde en dirección a la montaña. Habíamos reservado nuestra tercera noche de hotel en plena Sierra Nevada, a tan sólo 6 kms de las pistas de esquí. No obstante, quedaban muchas horas para la despedida, por lo que la mente volvió a centrarse en el intenso día que nos aguardaba. Marchamos pues con las ganas de disfrutar del agradable día de Noviembre que se nos ponía por delante.

Lo primero que buscamos tras salir del hotel fue un sitio para darnos un primer buen homenaje en forma de desayuno. Fuimos a dar a una de las arterias principales del casco antiguo, la Calle de Los Reyes Católicos, y entramos en el Restaurante La Cueva de 1900, que ya nos había llamado la atención el día anterior con la particularidad de tener montones de jamones colgados del techo. Es un sitio fácilmente reconocible. Y os lo aconsejo porque las tostadas con jamón ibérico que nos pusieron son dignas de mención.

Tras las alas que cogimos con el boyante desayuno cruzamos la calle para dirigirnos a la magnífica catedral renacentista de la ciudad. Pasamos en segundos de estar en calles de estructura musulmana a una plaza típica castellana con una imponente catedral al frente.

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Granada (103)Las callejuelas que rodean a la catedral conformaban un entramado de clara estructura árabe mediante las cuales atravesábamos comercios de todo tipo, principalmente de souvenirs. Atravesamos una calle que me teletransportó directamente a la calle principal de la medina de la capital de Túnez, del mismo nombre. Aglomeración (no tanta como en Túnez, claro está), comerciantes a ambos lados de la calle e incluso olor a incienso hacían que uno se sintiese como en el norte del continente africano.

Pero el contraste y la diversidad se mostraron ante nosotros cuando la calle desembocó directamente en uno de los laterales de una de las catedrales más hermosas que yo he visto en mi vida.

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Tras la costosa e importante conquista por parte de los Reyes Católicos de la ciudad de Granada, se quiso dejar muestra de la importancia creando marcas sobre antiguos templos musulmanes. En este caso lo demuestra la imponente edificación (de la catedral), gracias a la cual hoy podemos visitar la Capilla Real, como dije en la entrada anterior, con las tumbas de los Reyes Católicos y de su hija Juana la Loca; también su marido, Felipe I, el Hermoso reposa junto ellos. La Capilla Real tiene un precio de 4 € por persona y es aconsejable de visitar aunque sea únicamente por ver los restos de personajes con tanta importancia como tienen los que allí reposan.

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Posteriormente a la visita de la Capilla Real nos dirigimos a la puerta principal de la Catedral, a la que accedimos por el mismo precio, 4 €. Varios altares menores y un deslumbrante altar mayor maravillaban a los visitantes del recinto. Aquí realizo una reflexión. Amo la historia del arte, la historia de las catedrales y la de todo templo construido para alabar una religión pero tengo que ser honesto y confesar que pocas catedrales me han logrado fascinar de la manera en que lo hizo el conjunto arquitectónico de La Alhambra. La Catedral granadina está entre las más bellas de todo el territorio español pero no podemos comparar uno y otro conjunto arquitectónico (Alhambra-Catedral de Granada).

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Tras contemplar la capilla y la catedral paseamos por esas callejuelas que antes describía y que se entremezclan en una fusión de calles medievales con pinceladas musulmanas que ofrecen al viajero algo que no en  muchas ciudades españolas se puede vivir (Toledo o Sevilla entre ellas). Anduvimos por el barrio de la Alcaicería (antiguo núcleo musulmán donde los comerciantes intercambiaban artículos de gran valor para la época, como seda, lino, esmeraldas…). Se dice que llegó a recoger entre sus estrechas calles más de cien tiendas; hoy tantas no se pueden encontrar pero sí se encuentran desde souvenirs de la ciudad hasta tiendas-talleres de madera, seda y demás materiales que los grandes artesanos venden. Incluso si alguien quiere realmente vivir el auténtico vicio del regateo que se vive en el norte de África lo puede practicar (nosotros no tuvimos tiempo de ello porque nuestro único objetivo comercial era adquirir nuestro típico imán que compramos en toda ciudad a la que vamos). Pronto volvimos a cruzar la Calle de Los Reyes Católicos para poner rumbo al Albaicín.

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Pocos paseos recuerdo tan agradables como el que dimos por las maravillosas calles del Albaicín, barrio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El barrio, que comenzaron a habitar los bereberes ziríes, estaba fuera del núcleo de la ciudad, es decir en los arrabales. Hoy, obviamente  está arropado por el centro de la localidad. Llama la atención el número de aljibes que se encuentran en el barrio, y que eran suministro de agua potable para la antigua ciudad (hay aproximadamente unos veinticinco, varios de ellos visibles, especialmente si se pasea con alguien que los tenga localizados).

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Plazuelas con un encanto divino, casas de miles de colores, teterías adornadas con mobiliario morisco y nuevamente comerciantes que, esta vez sí, te acometían de manera más directa (pero mucho menos agresiva que en países árabes) para venderte sus productos y servicios. Nuestra querida pareja de amigos se llevaron un bonito dibujo de sus nombres escrito en árabe por uno de los comerciantes que pintaba lo que le pidiesen en un marco de papel rectangular por tan sólo 2€.

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Debo decir algo también sobre un punto que ya visitamos anteriormente gracias a nuestra magnífica guía en la terrorífica pasada noche, el Mirador de San Nicolás, desde dónde ya nos hicimos una fotografía y que quisimos repetir debido a que las vistas hacia la Alhambra desde aquí me parecieron soberbias. Justamente ese punto estaba pegado a uno de los varios baños árabes repartidos por el casco antiguo.

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Tras un buen rato recorriendo este hermoso barrio y disfrutando de las vistas que ofrecen los miradores que esconde, decidimos ir a conocer una nueva perla de la ciudad, el Sacromonte, curioso barrio que en su origen fue habitado por judíos y musulmanes tras su expulsión por parte de los cristianos. Hubo posteriormente una raza, la de los gitanos, que se afincó en el lugar y que es la que en la actualidad habita mayoritariamente en el Sacromonte. Comenzaron a construir sus viviendas en la misma roca, en las cuevas que en las afueras de la montañosa Granada había. Además de seguir viviendo en ellas, incluso han construido templos (pequeñas iglesias) que se pueden visitar.

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Nosotros subimos en autobús por 1,20€ por persona y tuvimos la suerte de que además el conductor hiciera de guía y nos fuese mostrando las casas tan llamativas que iríamos encontrando en la cada curva. El autobús, por cierto, era el número 34. Como decía, sobresalieron sobre todas las demás un par de casas, una de ellas por sus flores y otra por sus platos de cerámica y plata (típicos andaluces) colgados sobre la fachada; había más de 200 platos adornando una pared no inferior a 6 metros de largo y unos 3 de alto. Por lo que nos pudo comentar nuestro guía, el conductor de la línea 34 de autobús urbano, la casa se había presentado y quedado finalista en varios concursos de arquitectura y decoración. Finalmente nos hicimos unas cuantas fotos y tomamos un refresco en uno de los más famosos bares-restaurantes del Sacromonte, Casa Juanillo. No tuvimos tiempo de contemplar alguno de los espectáculos flamencos que se dan en Casa Juanillo y demás tablaos flamencos que hay en la zona, aunque nos habría agradado bastante. En otra ocasión será…

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Granada (155)Bajamos de nuevo hasta el valle en dirección al Albaicín para degustar un estupendo salmorejo que, junto a alguna otra ración, nos puso nuevamente en plena forma para disfrutar de las últimas horas en Granada, las cuales decidimos dedicar a otro de los barrios importantes de la localidad, El Realejo. En este barrio, lleno de callejuelas empinadas, tengo que resaltar una plaza denominada la Puerta del Sol, en la que se emplaza un antiguo lavadero y desde la cual había una vista panorámica de la ciudad que era tan tierna como el sentimiento de despedirnos del municipio por una larga temporada.

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Era media tarde, marchamos nuevamente hacia el centro, cada vez con un paso más lento, llenos de melancolía por la despedida que se avecinaba, por el adiós a una de las ciudades que más nos ha maravillado y enamorado. El último paseo nos llevó a la zona comercial donde compramos algún pequeño último detalle, pero culturalmente no descubrimos nada más porque el día se agotaba y teníamos que marchar rumbo a Sierra Nevada. Así hicimos…

Marchamos, como decía, dirección a la montaña más alta de la península, el Mulhacén (casi 3500 metros de altura), nombre árabe donde los haya. Sólo es superada en España por el Teide, en Tenerife. El nombre, dicen, viene del nombre árabe Mulay-Hassan (antepenúltimo rey nazarí de Granada).

Era tarde, estábamos hinchados de haber comido tanto y tan bien durante nuestra estancia en los dos días anteriores en Granada y estábamos cansados, pero faltaba un último secreto. Pena que fuese de noche porque el paraje tenía toda la pinta de ir mostrando más hermosura a medida que íbamos ascendiendo metros.

Nuestro destino era el Hotel El Guerra, con una categoría de dos estrellas, lo que hacía dudar un poco la expectativa de cómo sería nuestra última noche en tierras andaluzas. Grata sorpresa la que nos llevamos al conocer el hotel. Estaba situado tras una curva en una explanada. Era un hotel no muy grande, muy familiar y con un encanto especial. Era un típico hotel de montaña que me imagino debe llenarse hasta su máxima ocupación en fechas invernales. Estaba decorado al estilo rústico. Recuerdo que estaba la recepción, a la izquierda un bar y a la derecha un acogedor saloncito en el que sobresalía una preciosa chimenea que parecía dar calor a casi todo el hotel. Las habitaciones estaban también muy bien, demasiado bien para estar hablando de un hotel con una categoría dos estrellas (yo le pondría sin ningún miramiento tres).

Tras dejar las cosas en dichas habitaciones bajamos a disfrutar: ellas del fuego y nosotros del juego, ya que gozamos de unas cuantas emocionantes partidas de futbolín, que también encontrábamos en el salón mientras veíamos un Rayo Vallecano – Real Madrid de ida de la Liga 2013-2014. Cuando acabaron tanto nuestras partidas como el partido de liga, fuimos a llamar a nuestras chicas que se quedaron literalmente dormidas a la vera del agradable calorcito que desprendía la acogedora chimenea. Con esto marchamos a la cama preparando una última aventura de cara al día siguiente.

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Despertamos y parecíamos estar en un lugar totalmente diferente al que nos había dado cobijo aquella noche. Y una de las explicaciones era que saliendo al balcón teníamos una vistas que por la noche no pudimos contemplar. La cordillera más alta de la península se cernía ante nuestros ojos llenando de parajes maravillosos y plenos de naturaleza nuestras retinas.

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Tras minutos de contemplación bajamos a comprobar cómo era el desayuno. Si las instalaciones eran de un hotel calificable de tres estrellas el desayuno lo era de un hotel de cinco sin duda. Era variado y de calidad. Nos pusimos las pilas preparándonos para una aventura diferente. Realizaríamos una de las múltiples rutas sobre puentes colgantes y colinas que hay en la zona de Sierra Nevada. Bajamos unos kilómetros en coche dirección a la localidad de Monachil. Pocos kilómetros más abajo nos encontramos un bar en el que dejamos el coche. En todo momento hay señales indicadoras de dónde comienzan las diversas rutas senderistas que se pueden realizar.

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Nos decidimos a hacer una de ellas por Los Cahorros, bastante cómoda, no muy complicada aunque tampoco recomendable para personas mayores o con dificultad de movilidad. Primero caminamos como un kilómetro y medio, lo necesario para empezar a calentar el cuerpo. El llano comenzó a convertirse en subidas y bajadas y de ahí a un pequeño puente colgante tras el cual vino la estrella de la ruta, el gran puente colgante. Sobre nuestros pies, las bravas aguas en forma de salvaje cascada hacían impacto sobre nuestras retinas. Este puente, de unos 60 metros de longitud, es el más largo de la zona, además del más antiguo por tener alrededor de 100 años.

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Al cruzarlo, continuamos nuestra ruta por un desfiladero en el que el río se situaba a nuestra izquierda. El camino empezaba a tener cierta dificultad, de modo que en algunos tramos era necesario agacharse e incluso pasar gateando por debajo de las rocas del desfiladero.

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Llegados a una pequeña explanada y debido a la hora (este mismo día debíamos regresar a casa), tuvimos que tomar la decisión de volver sobre nuestros pasos para tomar algo de fuerzas y poder afrontar el largo camino de vuelta. Nos vimos obligados a dejarnos un precioso tramo del sendero con impresionantes gargantas y vistas hacia el río Monachil. Totalmente recomendado que, si tenéis oportunidad de ir, sigáis hacia adelante y terminéis el camino.

Cogimos de nuevo el coche dando por finalizado un inolvidable viaje que nos dio la oportunidad de conocer la bella tierra de Granada…

Acabemos como empezamos, que lo que bien empieza, bien acaba…

Aún me pierdo en la imaginación pero muero por volver allí

y sentarme para contemplar un ocaso desde el Albaicín…

tan lejos de ti y no se me olvida tu encanto…

(letra “Granada”, La Caja de Pandora)

GRANADA: PARAÍSO CULTURAL PINTADO POR LA ALHAMBRA


“Tierra mora hasta la eternidad,

olivares el jardín de Alá,

son murallas a tu alrededor

y en La Alhambra se oye una oración…”

Así comienza una preciosa canción dedicada a la una de las ciudades que más importancia tuvo para el mundo musulmán, la última gran ciudad de Occidente que resistió a la recuperación de la península por parte de los cristianos. La canción del grupo “La Caja de Pandora” habla de una ciudad que me enamoró como pocas lo han logrado hacer.

Y es que como nuestros lectores saben nos encanta viajar, y tras las maravillas conocidas en nuestro periplo en tierras africanas no paramos de movernos (cuando nuestro trabajo nos lo permitió algunos fines de semana), conociendo hermosas ciudades como Valladolid, Burgos, Segovia y otras localidades todas con un encanto muy particular. Sin embargo, sin menospreciar estas maravillosas ciudades, ninguna me aportó lo que Granada. Fue bajar del coche aquel jueves 31 de octubre del pasado año 2013 y simplemente el aire que respiramos llevaba tal embrujo que hizo que todavía hoy me pierda en la imaginación muriendo por volver allí. Y desde aquel noviembre yo creo seguir embrujado…

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Y es que por algún motivo me imagino que dos de las religiones más importantes y fuertes de la historia lucharon hasta la muerte por mantenerse o hacerse con aquel mágico enclave. Lo bello es que aún hoy, tras siglos y siglos siguen conviviendo dos religiones haciendo posible que por momentos, y si paseas por algunas calles de la ciudad, tu cuerpo y tu mente se metan de lleno en un mundo que como ya expliqué en la entrada de Túnez, te embruja sin ser uno consciente de ello hasta haberte enamorado por completo. Hablo de la increíble y apasionante cultura árabe.

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Como explicaba anteriormente nos dispusimos a viajar al último gran fortín musulmán durante la reconquista desde nuestras tierras, en el interior peninsular. Aproximadamente 430 kilómetros nos esperaban en ruta hasta llegar a Granada. Llegamos tarde, pues tardamos aproximadamente hora y media en atravesar La Carolina (Jaén), por una de las carreteras que se encontraba en obras… malas fechas para estar de obras, pleno puente de los Santos, operación salida… No obstante el viaje fue agradable pues lo hicimos junto a nuestra pareja de amigos favorita, con la que no hicimos nuestro primer ni nuestro último viaje. Sí uno de los que no olvidaremos jamás con lo que no podemos estar más que agradecidos por el viaje que nos brindaron. Gracias Marta, gracias Diego, gracias Familia Ortiz Gómez.

Como contaba, fue llegar a tierras de Granada y el ambiente cambió por completo nuestros ánimos tras un largo viaje. Nos esperaban tres largos días en los que intentaríamos culturizarnos lo máximo posible además de pasarlo en grande. Llegamos sobre la 1 de la madrugada y no pudimos más que adentrarnos en el corazón de la ciudad para hospedarnos en el hotel Meliá Granada. El servicio del hotel fue muy completo y las habitaciones, una más grande que la otra, estaban continuas y tenían unas considerables vistas a La Alhambra (con algún edificio que otro por medio). Se puede decir que el hotel hacía gala a sus cuatro estrellas, más posiblemente por su situación que por las comodidades. Descansamos y nos preparamos para un día que se avecinaba intenso.

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Y lo fue. Despertamos gracias a la luz que entró pronto en la habitación (y a la inquietud por conocer una ciudad que si de noche era bella, de día era gloriosa). La primera imagen fue esa, la de la Alhambra desde la ventana de nuestro hotel. El día era soleado, fresco pero agradable, se apreciaba una brisa que entraba por la nariz con un aroma intenso a jazmín. Bajamos a desayunar, no en el hotel sino en un pequeño bar-restaurante situado justamente a la derecha de la puerta principal del hotel que nos ofreció un estupendo desayuno con unos riquísimos bocadillitos (de lomo, de atún con pimiento, de queso,…) acompañados de un zumo o café. Tras esto nos dirigimos al punto estrella, La Alhambra. Casi desde cualquier punto de la ciudad se divisa esa maravilla creada por una cultura tan espectacular como la propia construcción. Nos dirigimos hacia la Plaza Nueva a través de calles estrechas típicas de un desestructurado plano que parte de la antigua ciudad musulmana, para tomar la Cuesta de Gomérez y acabar en la preciosa Puerta de las Granadas, desde donde ascendimos por un parque repleto de árboles que no dejaban ver casi el sol hasta la maravilla que estábamos a punto de contemplar, La Alhambra.

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A las 10.45, como nos informaron los trabajadores de la agencia a través de la que contratamos las entradas junto al guía que nos acompañaría en la visita, estábamos allí, en la taquilla. Aquí os dejo información para que tengáis posibilidad de comprar las entradas y contratar el guía.

http://www.entradasparalaalhambra.es/

granadaBajo mi punto de vista el precio es disparatado ya que considero que nuestra guía creó de la visita una monotonía que hizo que al final más de un 70 por ciento de los que íbamos dejáramos los cascos con los que apenas le escuchábamos y apreciáramos las tremendas maravillas del recinto por nuestros propios medios. Os informo que posteriormente supimos que además de poder contratar directamente con la Alhambra las entradas, uno puede, eso sí madrugando y estando en taquilla no más tarde de las 7.30 de la mañana, conseguir sus entradas (obligatoriamente el Ayuntamiento de Granada obliga a dejar un número mínimo de entradas diarias para vender en taquilla). El precio lógicamente es muy inferior ya que se suprime el servicio abonado al guía, que para nosotros, no fue de gran ayuda. A pesar de esto, comenzamos a vivir la aventura de visitar un recinto inigualable. Es difícil describir la sensación que uno percibe cuando comienza a pasear por los jardines del Generalife y empieza a contemplar los mil colores que entran por las retinas. Una paz absoluta parece parar el tiempo.

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granadaEl paraje es sobrecogedor: a un lado los edificios que conforman la fortaleza y el palacio de La Alhambra, de cara el espectacular barrio del Albaicín parece embellecer aún más la postal, hasta que dando una vuelta de 360º sobre uno mismo aparece la imponente muralla natural de Sierra Nevada, que pone la guinda al pastel. Los pequeños regueros que se encuentran entre los diferentes jardines parecen apaciguar todavía más el alma de uno mismo.

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Granada

Tras esto, uno comienza a visitar los llamados Palacios Nazaríes, entrando en un estado de éxtasis al que sólo se puede llegar en tal lugar. La espiritualidad que se respira allí suma emoción a la belleza que uno contempla en las construcciones que manos árabes crearon hace siglos. Cada estancia va dejando una cicatriz en el cerebro que la vuelve inolvidable. Los detalles arquitectónicos y las minuciosas formas de los techos dejan claro que los artesanos de aquellas maravillas eran unos auténticos magos.

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Posteriormente llega algo increíble, algo que visitando en un día soleado y agradable como el que teníamos, se convierte en uno de los paraísos de La Alhambra, el Patio de los Arrayanes. Nuevamente el agua se convierte en protagonista dando esa paz que debían sentir antaño los habitantes del palacio, pero las fachadas que hay en ambos lados aportan un acabado final simplemente espectacular al patio, uno de los que os aconsejo disfrutar porque es sencillamente impresionante.

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Como lo es el siguiente patio, el Patio de los Leones. Obviamente es el de más fama, y dicha fama la tiene bien merecida. Grandioso, de forma rectangular, y con una fuente que representa el poder y la furia musulmana con doce leones funcionando como surtidores de la fuente central que nuevamente convierte al agua en protagonista. A su alrededor se encuentran diferentes salas, cada una de un tamaño diferente y con una decoración a cuál más elaborada.

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Tras esto, queda un lugar que personalmente me fascinó, y fue una pequeña estancia en la que hay unas vistas hacia el barrio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco del Albaicín (desde el Patio de la Reja). Contemplarlo desde allí es algo que se queda grabado en la mente como hecho a fuego. Las casas blancas de cal fabricadas sobre la misma roca y las cuevas transformadas en hogares alegran la vista de manera extraordinaria. Se puede apreciar también desde allí cómo la muralla rodea toda la ciudad.

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Tras los jardines del Generalife y los Palacios Nazaríes contemplamos un recinto mucho más chocante con toda la armonía de la arquitectura musulmana que hasta el momento habíamos recorrido. El Palacio de Carlos V (I de España), que fue construido en el siglo XVI por el propio emperador y es de un carácter renacentista que cuanto menos choca, como dije, con todo lo que gira alrededor, pero forma también parte de La Alhambra y tiene también una singular belleza y una particularidad inapreciable hasta que uno entra en el interior del recinto, y es que por fuera es un palacio de forma totalmente rectangular que engaña cuando uno entra y observa que se encuentra en un círculo perfecto que recuerda, por qué no, a una bonita plaza de toros. Actualmente es sede del Museo de Bellas Artes de Granada.

Cordoba y Granada - Abril 2009 109

Finalizamos la visita al magnífico e irrepetible monumento de La Alhambra y comenzamos, por decirlo de alguna manera, la juerga por las preciosas calles de Granada. Bajamos por la Cuesta de los Chinos en busca de algún sitio para almorzar por una de las calles que más me marcó en nuestra visita a la ciudad, El Paseo de los Tristes… El nombre mismo rebosa inquietud… Es la calle paralela al río Darro, que a su vez baja pegado al gran montículo montañoso que se eleva para sufrir a La Alhambra. Algunos hermosos puentes atraviesan dicho río, pintando un cuadro para enmarcar en la magnífica calle que va a dar a parar a la Carrera del Darro para desembocar en la Plaza Nueva.

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Si algo hay en Granada son sitios para picar, muchos y buenos. De todos a los que entramos sólo uno nos desencantó. El resto, de diez. Para encontrar algunos de los mejores bares para tapear sin duda hay que ir en busca de la Calle Elvira. Está desbordada de bares, algunos de ellos muy recomendables aunque llegamos a la conclusión de que en Granada se come muy bien. Especial mención merece la cadena de bares “La Bella y la Bestia“, con cuatro bares en la ciudad y además muy céntricos todos. Espectaculares tapas en medio de una ciudad espléndida y con un casco antiguo genial.

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Tras la comida, paseamos por el centro de la ciudad para comprobar el fascinante resultado que produce la fusión de varias culturas entremezcladas durante siglos y siglos. Las calles eran estrechas, parecíamos ir viendo baños árabes, teterías y de repente, PUM!!! chocabas contra alguna imponente iglesia o incluso con la tremenda catedral que se encontraba también en un enclave único en el que se podían obtener instantáneas grandiosas y en el que se respiraba un ambiente también muy especial pero diferente al de hacía tan sólo cinco minutos. La Catedral de Granada es la segunda catedral más grande de España y, además, su Capilla Real contiene los restos de los Reyes Católicos, su hija Juana la Loca y el esposo de ésta, Felipe el Hermoso.

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Otro de los puntos importantes fue la Plaza de Bib Rambla, situada en un lateral de la catedral, donde fuimos a dar con una caseta de información de visitas guiadas.

Nos decidimos por una que se titulaba: Granada Misteriosa… (15 € por persona)

http://www.ciceronegranada.com/espanol/web/visitasguiadas/granadamisteriosa.asp[/embed]

Compramos las entradas para los cuatro (en desacuerdo con uno de los componentes del grupo) y volvimos al hotel, ya que a las 20.45 horas debíamos estar frente al ayuntamiento, en la Plaza Nueva, y queríamos hacerlo ya duchados para salir directamente y disfrutar del picoteo nocturno de la ciudad. A dicha hora estábamos allí como clavos.

La ruta duró aproximadamente hora y media y estuvo bastante bien. La guía, una chica jovencita (de unos 30 años), se metía realmente bien en el papel y nos llevó por lugares y nos habló de leyendas que de no haber cogido la excursión no habríamos conocido. Entre todos ellos, recuerdo varios en concreto que fueron los que más me enamoraron y sobrecogieron. Uno era un punto cercano al Albaicín, desde el cual La Alhambra se exponía a una imagen iluminada que pocas imágenes pueden superar. Tal era la vista que al día siguiente regresamos a realizar fotos con la iluminación del sol.

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Otro momento que recuerdo como si lo estuviera viviendo ahora mismo, fue uno en el cual nos situamos ante la fachada de una casa. Una casa que realmente intimidaba por su aspecto. Una casa enorme pero antigua, totalmente oscura y en la que dábamos por hecho que habitaba algún fantasma de los que había en los anteriores sitios que íbamos visitando. Sin embargo nos confundíamos. Nos contó que allí habitó (allá por los años 50-60) una mujer que tras la muerte de su marido cayó en una profunda depresión que la llevó a coger kilos y kilos hasta no poder prácticamente moverse. Falleció al poco tiempo y había engordado tanto que el cadáver no pudo sacarse por la puerta, teniendo que desmontar una parte del tejado para sacarla por la parte superior de la casa.

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La visita guiada finalizó en un sitio en el que yo ya había escuchado que habían ocurrido cosas un tanto extrañas, la Diputación de Granada. Sonidos, gritos, sombras y demás fenómenos paranormales se produjeron e incluso se siguen produciendo en dicho edificio.

Esa noche acabamos tan cansados que ni picoteo ni nada, directamente regresamos al hotel para descansar ya que llevábamos una buena paliza además de parecer estar sufriendo el bofetón de aire frío que el Mulhacén repartía unos kilómetros más allá.

Por cierto, esa noche, una de las lamparillas que teníamos sobre las cabezas empezó a encenderse y a apagarse sin nuestra manipulación, lo que costó un buen susto a “la persona que está a mi lado”, que quedó bastante traumatizada tras la ruta del misterio (aunque no le disgustó tanto como dice).