UNAS VACACIONES DIFERENTES: EL CRUCERO, QUÉ HACER A BORDO Y ALGUNOS CONSEJOS PARA CRUCERISTAS

La elección definitiva de dónde pasar nuestras vacaciones este 2014 se tomó a tan sólo dos semanas del comienzo de las mismas. Cierto es que siempre estuvo la idea de realizar un crucero rondando por nuestras cabezas, pero nunca lo contemplamos como una opción real hasta los últimos días.

Ahora bien, ¿qué tipo de crucero haríamos?, porque cruceros hay muchos, quién mejor que nosotros mismos, que nos dedicamos al sector turístico y más concretamente al de cruceros, para corroborarlo. Gracias a la experiencia y al conocimiento que tenemos de ello, teníamos claro (ambos) que no queríamos algo corriente. Queríamos un barco de garantías, de una naviera que nos diese seguridad de calidad, un barco moderno, con clase, con estilo, grande, confortable y que nos diese la posibilidad de disfrutar del mismo sin que se nos presentara un sólo minuto de monotonía durante las vacaciones, es decir, que nos ofreciera todo tipo de actividades para no aburrirnos dentro del buque. Pero había algo igual o más importante incluso, el destino, los destinos en este caso. Yo tenía una idea clara en la cabeza, y era que no quería realizar el típico Mediterráneo Occidental. Sin menospreciarlo, es una zona cuyos principales puntos de interés conozco bien, también “la persona que está a mi lado”. Además se alejaba mucho de lo que yo había ideado para nuestras vacaciones, quería algo, por qué no decirlo, más lejano, más exótico. Simplemente era cuestión de encuadrar todo esto dentro de las vacaciones que teníamos, que reitero, gracias a nuestro sector, son algo anormales. Dispondríamos de la primera quincena de octubre.

Una vez estudiado todo lo anterior, pusimos la bala en la presa, es decir, buscamos algo que tanto en fechas, como en calidad nos encajara pronto. La disponibilidad, nosotros mismos pudimos comprobarla. Elegimos pues, un barco, como expliqué en el párrafo anterior, de garantías, de una naviera de la que nos podíamos fiar y con un recorrido que satisfacía por completo nuestras expectativas, pues aunaba cultura en algunos de sus puntos, exotismo en otros y lejanía por supuesto (el Mediterráneo Occidental quedaría lejos). Tengo que decir que por nuestro trabajo conocíamos ya varios barcos de primera mano, pues de tanto en cuanto recibimos invitaciones para conocer el producto a fondo, teniendo la posibilidad de realizar pequeños minicruceros de uno o dos días. Finalmente nuestra elección fue el barco MSC Orchestra, de la compañía MSC Cruceros, una compañía italiana y de las primeras en fundarse. Tanto “la persona que está a mi lado” como yo, conocíamos ya algún barco de la naviera gracias a alguna invitación por parte de nuestras empresas, y realmente la experiencia había sido positiva. En cuanto al destino, como decía, descartada la opción de visitar zonas pertenecientes al Mediterráneo Occidental por los motivos que ya expresé antes, y también descartada una de las opciones de crucero que por fechas y motivos meteorológicos era imposible realizar, la del norte de Europa (Fiordos o Capitales Bálticas), decidimos adentrarnos en el misterioso Mediterráneo Oriental, con un crucero que saldría desde una de las ciudades más hermosas del mundo (según tenía entendido), Venecia, y nos llevaría hasta la parte más oriental del continente europeo (Estambul, Turquía), adentrándonos incluso en el embudo que forma el estrecho del Bósforo cuando arrastra las aguas del Mar Mediterráneo a las del mítico Mar Negro, en el que haríamos dos paradas (una en Constanza, Rumanía, y otra en Burgas, Bulgaria). El itinerario quedaría compuesto de esta manera:

Itinerario MSC Orchestra 04-14 oct

La cosa incluso mejoró, cuando por motivos meteorológicos la escala en Katakolon no pudo realizarse teniendo que poner el barco rumbo a Atenas, donde el tiempo sí acompañó.

Una vez en este punto, no hablaré más de las escalas que hicimos y los puntos que visitamos, dedicaremos una entrada a cada uno de los lugares indicándoos todo tipo de información necesaria para disfrutar al máximo de cada escala.

A bordo del MSC Orchestra (1)

De lo que sí me dispongo a hablar es del, hoy puedo decir, espectacular barco en el que navegamos un total de 11 noches y 12 días surcando gran parte del Mediterráneo y adentrándonos en el misterioso Mar Negro.

Cogimos un camarote exterior con balcón posicionado casi en la parte de atrás del barco (popa), y en la novena cubierta del buque y una vez entramos en el camarote se disiparon nuestras dudas sobre si había merecido la pena coger un camarote con balcón. El camarote era realmente espacioso, con un amplio armario, con varios espejos (cosa que agradó enormemente a “la persona que está a mi lado”), y con ese dichoso balcón que nos regaló, en mi opinión, los mejores momentos del crucero.

A bordo del MSC Orchestra (3)

Y es que pocos momentos proyectan sensaciones como las que me llegaron viendo desde nuestro balcón cómo el barco zarpaba por el Gran Canal de Venecia, cómo dejaba a ambos lados fastuosas islas como Andros o Giaros a lo largo del Mar Egeo, o cómo nos adentrábamos en misteriosos mares (como el de Mármara) a través del reconocido Estrecho de los Dardanelos, tan utilizado en obras de autores dela antigua Grecia para sus inmortales novelas (qué mejor ejemplo que el del mismísimo Homero, autor de la Odisea, entre otras).

A bordo del MSC Orchestra (12)

Pero hubo un momento que sobresalió por encima de todos los demás. Sí, sé que suena exagerado, pero traigo una experiencia recogida por mis retinas y moldeada por mis sentidos que casi la podría tachar de indescriptible. No obstante, intentaré con mis palabras llegaros a lo más profundo para que podáis entender el porqué de mi encantamiento con aquel majestuoso rato. Fueron dos horas tan sólo. El día se daba prácticamente por terminado, pues eran las 17.00 horas y nuestro MSC Orchestra debía zarpar desde el puerto de Estambul poniendo rumbo al inhóspito Mar Negro. Como decía, desde el balcón de nuestro camarote se apreciaban a poca distancia las muchas mezquitas que colorean la milenaria ciudad de Estambul, antigua Constantinopla.

A bordo del MSC Orchestra (8)

El misterio que sobrevuela por encima de la antigua capital otomana llegaba a nuestro balcón y recorría todos y cada uno de los que el barco tiene. A pesar de ser tan sólo las cinco de la tarde, el sol parecía comenzar a despedirse, pues nos encontrábamos en el extremo oriental del continente europeo, donde el sol se acuesta antes. Así pues, no se ponía el sol, pero se alejaba esa claridad que nos había acompañado durante todo el día por las calles de la ciudad, y a la bocina de nuestro imponente barco empezaba a acompañarle esa hipnótica melodía del canto que el imán entonaba desde alguna de las múltiples mezquitas de la ciudad. Tanto “la persona que está a mi lado” como yo parecimos quedar inmovilizados en el balcón gracias al embrujo que desde algún lugar de la inmensa urbe se nos envió. A todo esto partíamos. Dejábamos atrás la ciudad de las mil mezquitas, comenzábamos a recorrer el Estrecho del Bósforo. Nuestro imponente buque dejaba a ambos lados barquitas de pescadores que saludaban a nuestro barco. Algunos hondeaban banderas turcas, otros incluso, nos dedicaban alguna canción con una especie de saxofón. Mientras tanto, se oía una canción de Andrea Bocelli que reproducían desde la cubierta del barco, donde cientos de pasajeros también contemplaban el paso de nuestro barco por el estrecho. Aquel insultante color naranja que desprendía el sol con una fuerza inusitada se veía desteñido por un indomable gris que venía desde Oriente. Pasamos bajo varios puentes a medida que íbamos alejándonos de la ciudad turca.

A bordo del MSC Orchestra (7)

Dejábamos a ambos lados del barco tierras fértiles en las que pequeños pueblos pescadores nacían del mismo borde del mar. Por momentos parecía que alargándonos todo lo posible éramos capaces de tocar tierra, pues el Estrecho era extremadamente “estrecho” en algunas zonas. Nuestro camarote, situado a babor (parte derecha del barco), nos daba la opción de ir tocando con nuestras retinas el continente asiático. Y pasaron los minutos. Parecíamos ir despertando de aquel embrujo a medida que el gris se tornaba en el negro que la noche traía. Un último momento de aquellas dos horas se tatuó en mi memoria. Fue el momento en el que nuestro barco se aproximaba al final del estrecho, donde dos faros, cada uno a un lado del mismo, parecían mostrarnos el cartel de llegada. Sin embargo, a medida que íbamos aproximándonos a las puertas del Mar Negro todo parecía tornarse de oscuridad, el mar incluso comenzó a enfurecer, el cielo despidió los últimos y escasos rayos de claridad que el sol intentaba mandarnos desde el extremo occidental. Una vez atravesados los faros que ponían fin al Estrecho del Bósforo nos pareció entrar en un mundo en que las tinieblas reinaban, las tempestades gobernaban los mares y las nubes dibujaban los aterradores cielos. Y no me alejo tanto de la realidad, pues aquella fue una noche movidita. El Mar Negro hizo gala a su nombre. A todo esto y en el interior del Orchestra, disfrutábamos de todas esas comodidades que habíamos buscado antes de encomendarnos a la compañía.

Expliqué antes que nuestro camarote se encontraba en la novena planta del barco, un barco de quince cubiertas. Tengo que decir que tan sólo hasta la doce había ubicados camarotes para pasajeros, cierto es que en la trece también se sitúan unas limitadísimas suites. Nuestra posición era muy buena. No estábamos exactamente en el centro del barco, el camarote se encontraba un poquito hacia atrás, pero, como ya sabíamos, eso no iba a suponer ningún problema. Y es que menciono todo esto porque sé que será de gran ayuda, sobre todo a viajeros que se dispongan a tomar un crucero por primera vez, ya que sé que los foros de internet y la gente que piensa que sabe de todo (y realmente no sabe de casi nada) pueden hacer muchísimo daño creando un temor de proporciones enormes y unas dudas que pueden dar con que al final se queden sin crucero. Como decía anteriormente, y esto sí es de gran ayuda, nuestro camarote se situaba en la novena planta; ni en la trece, ni en la doce,… no, pero ni mucho menos los motores quedaban bajo el suelo de nuestra cabina, duda que irrumpe una y otra vez en nuestras oficinas. Tampoco tendríamos problemas por no estar situados exactamente en la parte central del barco, no pasaría nada, y efectivamente no pasó por ir volcados un poquito hacia la parte de atrás del mismo (popa).

A bordo del MSC Orchestra (17)

Todos esos miedos que comento en el párrafo anterior son solo reales si uno viaja en un barco pequeño (menos de 70.000 T) y antiguo (construido antes de los años 90-95). Los ejemplos pueden ser diversos barcos de la ya casi extinguida naviera Iberocruceros (con los barcos Grand Holiday y Grand Celebration -que ya forma parte de la naviera Costa Cruceros-), o Pullmantur (barcos Sovereign y Empress). Estos barcos fueron buenos en su época, incluso formaron parte de alguna de las mejores navieras del planeta, como el Sovereign y Royal Caribbean, pero hoy en día son barcos en los que uno se arriesga a conocer de primera mano todos esos miedos de los que se habla en los foros, una travesía en la que reine el movimiento y los vaivenes, gracias a los antiguos sistemas estabilizadores del buque, el ruido, por la fuerza de un motor que por su antigüedad no sea capaz de funcionar en silencio, y unos camarotes en los que uno tenga la sensación de hospedarse en auténticas cajas de cerillas. Y es que España es una potencia en el sector crucerista, pero lo es por los destinos que muestra a millones de pasajeros extranjeros que viajan en navieras italianas y norteamericanas sobre todo. Nuestro país, a día de hoy no tiene ninguna naviera que nos proporcione verdadera calidad en este campo. Con lo cual, mis únicos consejos son:

  1. Coged un camarote exterior con balcón siempre y cuando sea posible. Si la duda está entre coger un camarote con ventana o uno interior, no merece la pena, coged uno interior.
  2. Intentad evitar a toda costa que vuestro camarote sea con vista obstruida, pues los botes salvavidas ocuparán buena parte de vuestra visibilidad.
  3. Hay algunos barcos en los que hay una serie de camarotes (en la parte central) metidos hacia dentro. Intentad que vuestro camarote no sea el de la esquina que se forma, pues perderéis gran parte del ángulo de visión hacia uno u otro lado.
  4. Coged el segundo turno de cena, sobre todo si sois de nacionalidad española, pues el primero suele ser en torno a las 18.30 horas y el segundo hacia las 20.30.
  5. Escoged un barco construido en años superiores al 2006.

Continúo:

El barco que nos llevaría de un lado a otro del Mediterráneo llevaba a cuestas 16 bares o cafeterías (en las que algunas se contemplaba música en directo gracias a los conjuntos musicales que noche tras noche mostraban su profesionalidad), dos restaurantes y uno extra especializado en comida asiática (nosotros no sentimos la necesidad de acudir a él ya que era de pago y no lo consideramos necesario, pues en los otros dos comimos realmente bien), discoteca, spa (al cual acudimos por un precio de 20 € los dos gracias a las ofertas que van saliendo algunos días durante la travesía), salón de juegos y casino, gimnasio, zona de boutiques con precios “duty free”, una sala de videojuegos virtual, y para mí, la joya de la corona, un espectacular teatro de más de 1200 butacas. En el exterior, dos piscinas, una pista de atletismo, un minigolf y una zona de divertimento (ping-pong, futbolín…).

A bordo del MSC Orchestra (9)

Nuestro día a día en el buque pasaba por todas estas zonas, siempre y cuando no nos encontráramos visitando algún lugar. Nos levantábamos pronto para acudir al buffet, situado en la planta 13 del barco, un buffet con una gran variedad aunada de calidad y al que había que acudir antes de las 11.00 para tomar el desayuno (bastante antes ya que algunos alimentos los retiraban antes). El gimnasio lo visité también bastantes días, ubicado en la misma cubierta 13 pero en la parte delantera del barco (proa), con lo cual era precioso correr en la cinta mientras veía cómo avanzábamos a una velocidad de unos 35-40 km a la hora. Tras la ducha, nada como disfrutar de una buena mañana en la hamaca junto a la piscina y a los jacuzzis hasta que, tras algún baño que otro, el estómago daba la voz de alarma para que acudiéramos al buffet nuevamente.

A bordo del MSC Orchestra (21)

Se puede decir que, para los doce días que estuvimos a bordo, la comida fue abundante y de calidad, y si hubiésemos querido no habríamos repetido ningún día menú, pero gracias a que la calidad de las pizzas, por ejemplo, era sublime, repetimos no uno, sino muchos días. Creo que en al menos cinco o seis días mi menú fue acompañado de pizza, de hecho las convertí en acompañamiento de otros platos principales. Bromas aparte, quedó demostrado que la gastronomía es uno de los fuertes de la naviera MSC gracias a los cocineros y jefes de cocina de renombre que viajan en sus barcos. Tras la comida, varias eran las actividades que se podían realizar, pero recuerdo uno de los días en los que nuestros compañeros de viaje (que conocimos en nuestro mesa durante las cenas), propusieron jugar al Trivial. Hicimos dos equipos y perdió el nuestro, acompañado de Clara; Paco, José Luís y Helen se hicieron con la victoria.

A las 19.15 teníamos que estar en el teatro, en el que tarde tras tarde nos impresionaban con unos espectáculos que en mi opinión, fueron de lo más asombroso del crucero. Los espectáculos eran temáticos, algunos días iban dedicados a viejas glorias del rock y se entonaban canciones de Queen mientras los bailarines y bailarinas acompañaban al vocalista y a las dos vocalistas que capitaneaban el escenario. Otros días, la temática giraba en torno a Batman (con un espectacular musical dedicado al superhéroe), a faraones en los que se representaba la historia del antiguo Egipto. Otros días había ópera con un majestuoso tenor y un trío de cuerda formado por tres magníficas violinistas… La gran gala final fue simplemente espectacular. Todos los trabajadores del equipo de animación nos dieron las gracias desde el escenario con una gran puesta en escena.

A bordo del MSC Orchestra (15)

A bordo del MSC Orchestra (5)

Una vez finalizado el show nosotros incluimos en nuestra rutina tomar un refresco en uno de los bares en los que se escuchaba música en directo gracias a una banda que tocaba obras maestras del pop internacional, el Savannah Bar, cercano al teatro y en la cubierta seis. Tras media hora disfrutando algunas veces de música y otras veces de un divertido bingo llegaba la hora de cenar. (20.30).

A bordo del MSC Orchestra (4)

Especial mención hago aquí. Desde el inicio del crucero todos los pasajeros teníamos fijada una mesa en nuestro respectivo turno de cena. Nuestra mesa era de ocho personas (sin ningún problema se puede pedir al maître que facilite una mesa para dos o para cuatro personas, y si nada lo impide, se concede). Las seis plazas restantes de la mesa fueron ocupadaas por seis personas que han ocupado gran parte del recuerdo que tenemos del crucero que hemos hecho, seis personas de muy variado carácter y personalidad que se han ganado ese rinconcito en algún lugar más que en las muchas fotos que guardaremos por siempre.

Tras la cena, uno de los integrantes de la mesa fue poco a poco convenciéndonos para acudir a las clases de baile que se daban en una de las zonas (chachachá, bachata, merengue, polca…), y por último acudíamos (no todos los días) a la discoteca R32, que el MSC Orchestra tiene para “echar algún bailecito que otro” y tomar algo viendo el ambiente. Tras un rato en la discoteca marchábamos hasta nuestro camarote desviando nuestro camino hasta llegar a la cubierta, donde el mar unido al cielo y a sus estrellas, en ocasiones nos mostraba una belleza sin igual si el viento nos lo permitía. Un espectáculo que era la culminación de un día más de aventuras y la antesala de un descanso merecido. Con poco más llenamos jornada tras jornada hasta completar las 12 que tuvo el viaje.

A bordo del MSC Orchestra (20)

Y aquí acabo nuestra primera entrada dedicada a las inolvidables vacaciones que hemos tenido este 2014, no sin antes mencionar a las seis magníficas personas que tuvimos el placer de conocer gracias a esa mesa tan bien distribuida por los trabajadores de MSC, en la que ubicaron a dos guapísimas mallorquinas, madre e hija, viajeras como las que más y que gracias a su experiencia como turistas (en especial María Antonia) nos dieron claves para futuros viajes. Besos a tus dos pequeñas Lourdes!! Recordar también a nuestra pareja favorita de todo el crucero, Clara y Paco; os llevamos en el corazón y esperamos vernos pronto, lo sabéis. Y por supuesto, gracias a las dos incorporaciones que recibimos en nuestra mesa la segunda noche, y sin las cuales el crucero no habría sido lo mismo; gracias a ellos y a sus turbantes, que incluso fueron los personajes principales de la última noche de gala a bordo, y que como una de las pasajeras dijo, de haber durado el crucero un par de días más habrían ocupado las cabezas de todos los pasajeros; gracias José y Helen por llenar nuestras vacaciones con esa pizca de gracia y humor, con vuestra personalidad y forma tan alegre de vivir la vida.

Esperamos encontrarnos de nuevo todos algún día!

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