GALICIA, TIERRA DE MISTERIO Y TRADICIÓN… PARTE II


LA CORUÑA, DÍA 3

El tercer día, salíamos de la ciudad de La Coruña para conocer otros rincones de Galicia. Nos dirigimos hacia la parte oriental de La Coruña, e hicimos una primera parada en la Isla del Castillo, en la misma Ría de La Coruña. Un bonito castillo situado en un peñón unido a tierra por un puente desde el que hicimos varias fotos de gran calidad.

coruna

El castillo estaba cerrado, no obstante lo rodeamos dando un paseo y volvimos al coche para salir dirección Betanzos. Nuestro objetivo éste día era un punto en concreto en el mapa, la localidad donde habíamos aprendido que, según la tradición gallega van todas las almas una vez abandonan los cuerpos. Hablo de San Andrés de Teixido. Y es que para corroborar la tradición, los gallegos tienen un dicho que reza: ” A San Andrés de Teixido, vai de morto quen non foi de vivo” (va de muerto quien no fue de vivo).

coruna

Pusimos rumbo en marcha al pueblo en el que reposan todas las ánimas y paramos en una de las rías que nos había comentado nuestro guía los días anteriores, Suso Martínez. Paramos en Cedeira, y comimos también en un restaurante que él mismo nos aconsejó, el Restaurante O Badulaque. Quisimos ir a un restaurante en el que no encontrásemos turistas, sino que fuera uno concurrido por los propios coruñeses con intención de comer bien, y a pesar del nombre, nada más lejos de la realidad: comí unos de los mejores percebes que he probado. Los cuatro integrantes de grupo salimos totalmente satisfechos de lo que comimos.

coruna

Seguimos nuestro trayecto hacia San Andrés y la carretera comenzó a volverse complicada. Se estrechó ofreciendo un pequeño carril hacia cada sentido en el cual, si nos cruzábamos con un coche teníamos que apartarnos totalmente a un lado, o bien nosotros, o bien ellos. Atravesamos bellas montañas y bajamos hasta llegar a un enclave simplemente maravilloso. Algo mágico se respiraba en aquel pequeño pueblecito “dejado de la mano de Dios” con una pequeña iglesia en la cual reposa parte del dedo de San Andrés. Naturaleza, pureza, mar… y magia… Todo esto se reunía en aquel enclave. Sacamos unas magníficas instantáneas y nos dispusimos a marchar hacia “los acantilados más altos de Europa“, según Suso Martínez, los acantilados de San Andrés de Teixido.

coruna

coruna

coruna

La carretera ya no se dividía en dos, era un sólo carril en el cual si nos cruzábamos con alguien teníamos literalmente que parar. Seguimos subiendo el puerto en el que nos encontrábamos caballos salvajes como nunca antes había visto, y vacas silvestres a ambos lados de la carretera, incluso en algún momento cruzaban ante nosotros. Eran cientos de vacas las que en aquel maravilloso entorno había. Llegamos hasta arriba del todo y aparcamos el coche acercándonos a pie hasta los acantilados.

coruna

El aire era realmente frío y muy fuerte debido a la altura a la que nos encontrábamos, a más de 600 metros. A duras penas pudimos llegar entre vacas hasta un punto desde donde se divisaba toda la línea de acantilados y desde donde la puesta de sol, que en esos momentos se producía, ponía en bandeja una panorámica espectacular. Sensacional. No pudimos estar mucho tiempo en el exterior debido al molesto aire que corría pero bastaron 15 minutos para disfrutar de un paraje difícilmente repetible.

coruna

Tras esto, volvimos a La Coruña en un viaje de poco más de hora y media. Tras pegarnos una ducha y “ponernos guapos” disfrutamos de la noche coruñesa paseando por la encomiable Plaza de María Pita, que se vestía de gala con adornos navideños, y que nos daba la tranquilidad de una ciudad con ambiente pero no con aglomeraciones, pues estábamos ya en un día laborable.

coruna

 

LA CORUÑA, DIA 4

El cuarto día que pasamos en Galicia fue hermoso también. El sol no nos abandonaba, y las nubes no amenazaban. No obstante éramos conscientes de que en cualquier momento esto podía cambiar.

corunaEl plan era claro, nos dirigiríamos hacia la parte occidental esta vez de la región para visitar la ciudad de Santiago de Compostela y finalizar el día en el mismo lugar en el que lo hace el sol, Fisterra (Finisterre). Llegamos tras un corto trayecto a la sagrada ciudad del apóstol Santiago. Qué decir de la localidad de Santiago de Compostela. Se respira un aire particular. Nombrar la Plaza del Obradoiro, por supuesto, y la magnífica catedral de Santiago, que tuvimos la mala suerte de encontrar en tareas de restauración y con andamios en la mitad de la fachada.

Pero a parte de la catedral, todas las calles guardaban rincones fabulosos desde los cuales hacer preciosas fotos, y cada esquina guardaba un secreto nuevo, una nueva placita, una hermosa iglesia o un antiguo convento.

coruna

Comimos en Santiago y compramos un queso con un aroma ahumado que resultó buenísimo además de una típica tarta de Santiago que nos supo también a gloria. Tras la comida, partimos hacia Finisterre.

El trayecto desde Santiago a Fisterra fue por una buena carretera, no tardamos más de una hora y cuarto. A medida que nos aproximábamos a la costa volvía a sentir el embrujo de la tradición y costumbres galaicas y celtas y empezaba a verlo de nuevo todo de otro color. Parecía envolvernos algo ajeno a nosotros. Los pueblos por los que pasábamos dejaban ver sus cementerios con cruces protectoras hacia arriba en los límites de cada camposanto.

La llegada a Fisterra pareció parar el tiempo. Fue llegar al faro tras el cual se pensaba en la antigüedad que no había nada más que el fin del mundo, y entendí por qué. Hacía sol, como todos los anteriores días pero en aquel punto exacto parecía haber una tormenta. En el horizonte se apreciaba aquella tormenta que tapaba el sol, y la despedida de éste se hizo imposible de ver. Desde un peñasco sobresaliente simplemente divisábamos la furia del mar, que no obstante estaba bastante calmado para lo que dicen que suele estar en aquella zona, y cómo, poco a poco, la luz iba disminuyendo hasta dejarnos con ella apagada. Todo aquello nuevamente en un enclave en el que la magia parecía coger más fuerza que nunca, pues alrededor podíamos encontrar varias cruces que mostraban que aquellas gentes siguen arraigadas a sus ancestrales costumbres y seguirán haciéndolo durante siglos.

coruna

 

coruna

Tras esta maravillosa puesta en escena regresamos hacia La Coruña. Nuevamente paseamos por las callejuelas cercanas al centro y cenamos en un lugar de manera muy notable. El sitio se llamaba “La Bombilla“. Ciertamente llevábamos varios días queriendo entrar pero en días anteriores había demasiado bullicio, ya que es uno de los bares en los que mejor se tapea de toda Coruña. Tengo que nombrar también un sitio en el que se puede tomar un estupendo vino casero y comer cacahuetes sin parar: “El Priorato“. Tras esto, a disfrutar de la penúltima noche al hotel.

 

LA CORUÑA, DÍA 5

El quinto y último día en Galicia fue simplemente espectacular. Cogimos, no demasiado pronto, rumbo a oriente de nuevo con destino Mondoñedo. La localidad, de poco más de 4000 habitantes, me resultó espectacular. Con una catedral románica esplendida y unas callejuelas preciosas, la pequeña localidad nos dejó asombrados.

coruna

Seguíamos en Galicia, tierra de misterio, con lo cual, era imperdonable no visitar el cementerio que la persona que había en la oficina de información turística nos había aconsejado.

coruna

Los puentecitos, algunos de origen romano, sobrepasaban el río Masma, haciendo posibles las mejores fotografías. Resumiendo, un pueblo maravilloso.

coruna

coruna

Marchamos para llegar a comer a la frontera de Galicia con Asturias, más concretamente a la ciudad que la compone, Ribadeo. En la ría de Ribadeo comimos, y la verdad es que muy bien. El lugar se llamaba Restaurante Marinero (concretamente situado en el muelle de Porcillán, con toda la pared frontal acristalada permitiéndonos disfrutar de las vistas) y pudimos saborear productos nuevamente de la tierra, mejor dicho, del mar que rodea las zonas donde nos encontrábamos, el Cantábrico.

Después de comer fuimos a parar al lugar estrella, el lugar que llevaba esperando días y días, la Playa de las Catedrales (Praia das Catedrais, en gallego). Obviamente tuvimos que informarnos la noche anterior (nos informó el recepcionista del hotel, con el cual llegamos a tener mucha confianza) de las mareas, ya que la marea puede hacer cambiar la altura del nivel del mar en aquel paraje en unos cuatro metros incluso, llegando a tapar por completo la playa haciéndola inaccesible.

coruna

Obviamente es necesario bajar a la playa cuando hay marea baja y uno no tiene más de hora y media para pasear antes de que todo vuelva a ser cubierto por el mar. En el siguiente enlace se puede ver el ciclo de las mareas para poder acudir a la maravillosa Playa de las Catedrales.

http://www.playadecatedrales.com/mareas.php

coruna

Las palabras sobran para describir el lugar. Es algo inexplicable. Increíble lo que la naturaleza es capaz de formar. Mejillones y otros crustáceos estaban pegados en las paredes de los acantilados, la mayoría bastante pequeños, como empezando a formarse. Pasear por allí era como estar en el paraíso.

coruna

Tras maravillarnos con aquello regresamos a nuestro punto de origen, La Coruña, desde donde al día siguiente partiríamos en un largo viaje…

GALICIA, TIERRA DE MISTERIO Y TRADICIÓN… PARTE I


ANTES DE NADA…

Antes de nada me gustaría poner en conocimiento de todos la posibilidad que tuvimos (gracias a Ángel, como posteriormente cuento) de realizar las visitas guiadas que hay organizadas en la ciudad de La Coruña por el ayuntamiento y mediante las que diversos personajes históricos resucitan para contarnos la historia de la ciudad. Especial mención merece el historiador Suso Martínez que encarna a todos estos personajes. Tanto Xoan Fernández de Andeiro, como Mil Espane o Don Fiz de Cotovelo nos rogaron que habláramos de ellos y de sus andanzas una vez que regresáramos a nuestras tierras, y en su honor, no vamos a faltar a nuestra palabra…

LA CORUÑA, DÍA 1: TOMA DE CONTACTO CON LA VILLA

Reservamos nuestra estancia en tierras gallegas, concretamente coruñesas, con bastante antelación. Teníamos unos días tras el puente de diciembre que se celebra en España correspondiendo al día de la Constitución y al día de la Virgen de la Inmaculada, y al quedarnos con pocas ideas en mente sobre dónde ir, nos pareció un plan a tener en cuenta el que tuvieron unos familiares muy cercanos. Aprovecho de antemano para agradecer públicamente los cinco maravillosos días que pasamos en aquellas misteriosas y fascinantes tierras con ellos. En especial, agradezco a Ángel el conjunto de ideas que tuvo y algunas de las visitas que, por sorpresa para nosotros, ya había reservado. Tan grata sorpresa como fascinación nos produjeron las visitas guiadas que nos ofrecía el historiador gallego Suso Martínez, dignas de mención y aprobación (rebosaba la sabiduría y cultura de un gran catedrático, el entusiasmo y la fuerza de un gran actor y el conocimiento e ilusión de una persona de la tierra que expone a través de acontecimientos, reales y místicos, las ideas de un pueblo y una tierra que parecen estar por momentos embrujados y consiguen, en unos instantes, embrujar al visitante de esta tierra misteriosa).

Como decía, cuando reservamos estancia, teníamos a favor la magnífica idea de contemplar por fin tierras gallegas a fondo, ya que disponíamos de cinco días completos, pero teníamos en contra la incertidumbre de los fenómenos atmosféricos que se dan en estas fechas por aquellas zonas… La certeza de que tendríamos nubes y agua por todos lados era casi completa, cosa típica de Galicia, según teníamos entendido… Como explicaré posteriormente, nos equivocamos rotundamente.

Nuestra llegada tuvo lugar el viernes 6 de diciembre del pasado año. Partíamos de lo más profundo de la península dejando atrás niebla, frío y nieve incluso al pasar por algunas de las cordilleras que atravesábamos. Partimos pronto y en aproximadamente cinco horas (con parada en el precioso pueblo de Tordesillas para proveernos de un hermoso desayuno) estábamos en La Coruña. El hotel Meliá María Pita nos esperaba sobre las playas de Orzán y Riazor para darnos cobijo durante las próximas cinco noches. El hotel de diez, totalmente aconsejable. La posición de las habitaciones me dejaron noqueado. Dábamos literalmente al mar, la brisa del Atlántico pegaba directamente en nuestros rostros y el sonido de las olas se sentía totalmente desde arriba. A uno de los miembros de nuestro pequeño grupo le producía algo de inquietud el escuchar las olas tocando casi la puerta de nuestro hotel, pero a mí me parecía maravilloso.

coruna

Llegamos a la hora de la comida y en 500 kilómetros la meteorología cambió trasladándonos a la primavera y mostrándonos un cielo azul casi por completo con una temperatura que se acercaba a los 20 grados (en pleno diciembre, reitero).

coruna

Sinceramente, no esperaba mucho de La Coruña. Me informé vagamente del contenido cultural que podría aportarnos la ciudad y las expectativas fueron rebasadas totalmente. Desde el primer momento, me empezaron a embrujar las calles que divergían en torno a la maravillosa Plaza de María Pita, donde un deslumbrante edificio correspondiente al ayuntamiento presidía con gran gala como dándonos la bienvenida a la ciudad.

coruna

Comimos en una de las muchas tabernas que había en los soportales rodeando la plaza. Empezamos probando un plato típico de la tierra como es el raxo con patatas (y es que una vez más recuerdo que para mí, la gastronomía de los lugares que visito es un atractivo más que, sin duda, necesito conocer). Nada más que comentar sobre el primer sitio en el que comimos. Un aprobado puede ser merecida nota para el lugar, ya que el servicio no era gran cosa y la comida tampoco era espectacular.

coruna

Por la tarde descansamos un poco tras pasear por algunas de las callejuelas del casco antiguo y por el paseo marítimo que daba prácticamente a la puerta de nuestro hotel. Tras contemplar la maravillosa brisa atlántica que rociaba nuestros cuerpos decidimos descansar (casi a petición de nuestros compañeros de viaje) para disponernos a acudir a lo que nuestro querido Ángel había planeado de antemano, la visita guiada nocturna de la villa de mano de un personaje histórico que había resucitado por unas horas para mostrarnos la parte más antigua y bonita de La Coruña.

El coruñés Xoan Fernández de Andeiro, personaje relevante del siglo XIV no sólo en Galicia, sino también en Castilla y especialmente en Portugal (investiguen por qué, es muy curioso), tomó vida, como dije anteriormente, para contarnos durante aproximadamente hora y media hechos que se produjeron durante su mandato en La Coruña, con levantamientos incluidos, y de paso, aprovechó para mostrarnos las maravillosas callejuelas pertenecientes a la vieja ciudad de A Coruña, puerta del Atlántico. Comenzó también a darnos algunas de las pinceladas de la superstición y tradición que desde los tiempos del Conde de Oren (Xoan Fernández de Andeiro) hasta hoy perviven en las peculiares y maravillosas gentes del lugar.

coruna

Y es que, tengo que subrayar que los gallegos me parecieron gente honrada, amable, y honesta porque cuentan las cosas como las sienten y no para mostrar al viajero cosas maravillosas del lugar, sino porque así las sienten en lo más profundo de su corazón. Para ejemplo recalco de nuevo a la persona que tomó el papel del Conde de Orén, el historiador Suso Martínez. La visita la catalogo simplemente de magnífica. Mi asombro llegó por completo cuando Ángel nos confirmó que la visita fue gratuita, simplemente tuvo que facilitar sus datos y el número de personas que asistiríamos a dicha visita al Ayuntamiento de A Coruña. Xoan Fernández de Andeiro, el Conde de Orén, insistió en varias ocasiones en que no faltáramos a la visita que a la mañana siguiente, otro importante personaje gallego mostraría en torno a la Torre de Hércules.

La noche acabó y no puedo poner una nota inferior al 10 respecto a nuestro primer día en tierras galaicas. Esa noche no eché la cortina, me dormí escuchando el rumor de las olas y me desperté con los primeros rayos de sol que se reflejaban en el Cantábrico. Me entusiasmó el pensar que todavía me quedaban cuatro amaneceres que contemplar desde la ventana que reposaba sobre el Atlántico.

 

coruna

 

CORUÑA, DÍA 2: PROFUNDIZANDO EN LA HISTORIA Y TRADICIONES CELTAS

El sábado 7 de Diciembre, tras un grandioso desayuno que nos ofreció el Hotel Meliá María Pita, nos dirigimos, con prisa, pues llegábamos justos a los pies de la Torre de Hércules, a nuestra segunda visita. ¿Quién sería el personaje histórico que nos mostraría las raíces de lo que es la actual Galicia?

coruna

corunaMil Espane era tal personaje (y lo mejor y más sorprendente es que Suso Martínez volvía a encarnar el personaje). La vestimenta era curiosísima. Gracias a lo que Mil Espane nos iba contando, me transportaba hacia lo místico y lo mágico de la civilización celta. Lo más curioso era todo lo que hablaba del más allá, del mundo de los muertos y de la delgada línea que separa ambos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Mil nos contó que “su abuelo”, Breogán, rey de Brigantia (actual Coruña) construyó la Torre de Hércules para divisar en el horizonte una delgada línea verde que correspondía a la costa irlandesa. Supimos gracias a sus relatos que concretamente un día de Samaín de hace siglos, Mil conquistó la gran Irlanda. A parte de este gran acontecimiento nos habló sobre una misteriosa puerta que se encuentra situada a los pies de la propia Torre y que es conocida como “la puerta al más allá“. Hay que tener especial cuidado con sobrepasarla, especialmente el día de los difuntos (1 de Noviembre), ya que ese día la línea es más delgada que en ningún otro momento y en cualquier instante puede confundir si uno está dentro del mundo de los vivos o si lo está dentro del de los muertos, nos sugería el guerrero. Para completar la visita, Mil Espane nos llevó frente a los acantilados del Mare Tenebrossum (actual Atlántico), según cuentan, frontera antes del más allá, o como el propio nieto de Breogán nos explicaba, lanzadera directa hacia el Alén.

Finalizamos la magnífica escenificación de Suso Martínez, rogándole el poder asistir a otra de las visitas que se hacían ese mismo día, esa misma noche en el Cementerio de San Amaro, el cementerio de la ciudad. Tuvimos que rogar porque para esta visita había lista de espera (máximo de 30 personas), y más concretamente esa noche, ya que se llegaba a la visita número 1000 al cementerio desde que unos meses antes se empezaron a organizar estas visitas.

Tras las maravillas que Mil Espane nos mostró, no pudimos hacer otra cosa que poner a punto nuestro cuerpo con una estupenda comida, esta vez sí, en un restaurante que nos resultó de una excelente calidad. El restaurante, prácticamente en el Paseo marítimo (concretamente en la calle Comandante Fontanes nº1), se llama “Comer y picar”. Degustamos unas excelentes zamburiñas, y unos estupendos pescados de segundo recién cogidos del Atlántico, entre los que no faltaron fritos de cigala. Para comer en este restaurante, es aconsejable realizar una reserva, y más aún si se desea consumir el menú degustación, ya que puede ser que al pedirlo allí directamente, no tengan la suficiente cantidad de algunos productos.

http://www.comerypicar.com/

A las 21.00 horas despertaba en el Cementerio de San Amaro, situado frente al mar y que forma parte de la Asociación Europea de Cementerios Singulares. Primeramente me gustaría comentar quién fue San Amaro (o San Mauro), que por cierto, estuvo en vida en el más allá, en el paraíso terrenal. Otro de los personajes históricos, nuevamente encarnado por Suso, que nos hablaría de temas “políticamente incorrectos”. Nos hablaría del más allá en un paseo por el cementerio que nos puso los pelos como escarpias pero que resultó una experiencia inolvidable. Se nos habló de difuntos y personas allí enterradas, entre ellos, escritores y políticos de renombre, de familias pudientes y, especialmente, recuerdo el acontecimiento que protagonizó un niño al intentar salvar a una mujer en la playa de Orzán, que tantas vidas ha arrebatado, junto a la de Riazor, y que allí está enterrado. Para finalizar el paseo, Don Fiz de Cotovelo, el alma en pena que encabezaba la visita, nos afirmó que formábamos parte de la Santa Compaña o procesión de muertos que vagaba en aquel momento por el cementerio. ¡¡Simplemente mágico!! Inolvidable, sin duda. Gracias de nuevo, Ángel.

coruna

Para hacer la reserva de esta, o alguna de las anteriores visitas os dejo un enlace que os será de gran ayuda:

http://www.turismocoruna.com/web/corTurServer.php?idSecweb=97&idInfo=556&idCategoria=240

Finalizamos nuestro segundo día en Brigantia… perdón, en La Coruña, con una cena en plan tapeo en la tasca O Tarabelo (por las calles del centro podéis encontrar centenares de bares de tapas a muy buen precio y bastante buena calidad) en la que probamos otra delicia gallega: la zorza,  y regresamos a descansar a nuestro magnífico hotel.