GRANADA: PINTORESCOS BARRIOS CON SORPRESA FINAL


Nuestro segundo y último amanecer en Granada fue simplemente maravilloso. Me levanté con la pena de tener que dejar la ciudad esa misma tarde en dirección a la montaña. Habíamos reservado nuestra tercera noche de hotel en plena Sierra Nevada, a tan sólo 6 kms de las pistas de esquí. No obstante, quedaban muchas horas para la despedida, por lo que la mente volvió a centrarse en el intenso día que nos aguardaba. Marchamos pues con las ganas de disfrutar del agradable día de Noviembre que se nos ponía por delante.

Lo primero que buscamos tras salir del hotel fue un sitio para darnos un primer buen homenaje en forma de desayuno. Fuimos a dar a una de las arterias principales del casco antiguo, la Calle de Los Reyes Católicos, y entramos en el Restaurante La Cueva de 1900, que ya nos había llamado la atención el día anterior con la particularidad de tener montones de jamones colgados del techo. Es un sitio fácilmente reconocible. Y os lo aconsejo porque las tostadas con jamón ibérico que nos pusieron son dignas de mención.

Tras las alas que cogimos con el boyante desayuno cruzamos la calle para dirigirnos a la magnífica catedral renacentista de la ciudad. Pasamos en segundos de estar en calles de estructura musulmana a una plaza típica castellana con una imponente catedral al frente.

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Granada (103)Las callejuelas que rodean a la catedral conformaban un entramado de clara estructura árabe mediante las cuales atravesábamos comercios de todo tipo, principalmente de souvenirs. Atravesamos una calle que me teletransportó directamente a la calle principal de la medina de la capital de Túnez, del mismo nombre. Aglomeración (no tanta como en Túnez, claro está), comerciantes a ambos lados de la calle e incluso olor a incienso hacían que uno se sintiese como en el norte del continente africano.

Pero el contraste y la diversidad se mostraron ante nosotros cuando la calle desembocó directamente en uno de los laterales de una de las catedrales más hermosas que yo he visto en mi vida.

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Tras la costosa e importante conquista por parte de los Reyes Católicos de la ciudad de Granada, se quiso dejar muestra de la importancia creando marcas sobre antiguos templos musulmanes. En este caso lo demuestra la imponente edificación (de la catedral), gracias a la cual hoy podemos visitar la Capilla Real, como dije en la entrada anterior, con las tumbas de los Reyes Católicos y de su hija Juana la Loca; también su marido, Felipe I, el Hermoso reposa junto ellos. La Capilla Real tiene un precio de 4 € por persona y es aconsejable de visitar aunque sea únicamente por ver los restos de personajes con tanta importancia como tienen los que allí reposan.

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Posteriormente a la visita de la Capilla Real nos dirigimos a la puerta principal de la Catedral, a la que accedimos por el mismo precio, 4 €. Varios altares menores y un deslumbrante altar mayor maravillaban a los visitantes del recinto. Aquí realizo una reflexión. Amo la historia del arte, la historia de las catedrales y la de todo templo construido para alabar una religión pero tengo que ser honesto y confesar que pocas catedrales me han logrado fascinar de la manera en que lo hizo el conjunto arquitectónico de La Alhambra. La Catedral granadina está entre las más bellas de todo el territorio español pero no podemos comparar uno y otro conjunto arquitectónico (Alhambra-Catedral de Granada).

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Tras contemplar la capilla y la catedral paseamos por esas callejuelas que antes describía y que se entremezclan en una fusión de calles medievales con pinceladas musulmanas que ofrecen al viajero algo que no en  muchas ciudades españolas se puede vivir (Toledo o Sevilla entre ellas). Anduvimos por el barrio de la Alcaicería (antiguo núcleo musulmán donde los comerciantes intercambiaban artículos de gran valor para la época, como seda, lino, esmeraldas…). Se dice que llegó a recoger entre sus estrechas calles más de cien tiendas; hoy tantas no se pueden encontrar pero sí se encuentran desde souvenirs de la ciudad hasta tiendas-talleres de madera, seda y demás materiales que los grandes artesanos venden. Incluso si alguien quiere realmente vivir el auténtico vicio del regateo que se vive en el norte de África lo puede practicar (nosotros no tuvimos tiempo de ello porque nuestro único objetivo comercial era adquirir nuestro típico imán que compramos en toda ciudad a la que vamos). Pronto volvimos a cruzar la Calle de Los Reyes Católicos para poner rumbo al Albaicín.

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Pocos paseos recuerdo tan agradables como el que dimos por las maravillosas calles del Albaicín, barrio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El barrio, que comenzaron a habitar los bereberes ziríes, estaba fuera del núcleo de la ciudad, es decir en los arrabales. Hoy, obviamente  está arropado por el centro de la localidad. Llama la atención el número de aljibes que se encuentran en el barrio, y que eran suministro de agua potable para la antigua ciudad (hay aproximadamente unos veinticinco, varios de ellos visibles, especialmente si se pasea con alguien que los tenga localizados).

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Plazuelas con un encanto divino, casas de miles de colores, teterías adornadas con mobiliario morisco y nuevamente comerciantes que, esta vez sí, te acometían de manera más directa (pero mucho menos agresiva que en países árabes) para venderte sus productos y servicios. Nuestra querida pareja de amigos se llevaron un bonito dibujo de sus nombres escrito en árabe por uno de los comerciantes que pintaba lo que le pidiesen en un marco de papel rectangular por tan sólo 2€.

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Debo decir algo también sobre un punto que ya visitamos anteriormente gracias a nuestra magnífica guía en la terrorífica pasada noche, el Mirador de San Nicolás, desde dónde ya nos hicimos una fotografía y que quisimos repetir debido a que las vistas hacia la Alhambra desde aquí me parecieron soberbias. Justamente ese punto estaba pegado a uno de los varios baños árabes repartidos por el casco antiguo.

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Tras un buen rato recorriendo este hermoso barrio y disfrutando de las vistas que ofrecen los miradores que esconde, decidimos ir a conocer una nueva perla de la ciudad, el Sacromonte, curioso barrio que en su origen fue habitado por judíos y musulmanes tras su expulsión por parte de los cristianos. Hubo posteriormente una raza, la de los gitanos, que se afincó en el lugar y que es la que en la actualidad habita mayoritariamente en el Sacromonte. Comenzaron a construir sus viviendas en la misma roca, en las cuevas que en las afueras de la montañosa Granada había. Además de seguir viviendo en ellas, incluso han construido templos (pequeñas iglesias) que se pueden visitar.

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Nosotros subimos en autobús por 1,20€ por persona y tuvimos la suerte de que además el conductor hiciera de guía y nos fuese mostrando las casas tan llamativas que iríamos encontrando en la cada curva. El autobús, por cierto, era el número 34. Como decía, sobresalieron sobre todas las demás un par de casas, una de ellas por sus flores y otra por sus platos de cerámica y plata (típicos andaluces) colgados sobre la fachada; había más de 200 platos adornando una pared no inferior a 6 metros de largo y unos 3 de alto. Por lo que nos pudo comentar nuestro guía, el conductor de la línea 34 de autobús urbano, la casa se había presentado y quedado finalista en varios concursos de arquitectura y decoración. Finalmente nos hicimos unas cuantas fotos y tomamos un refresco en uno de los más famosos bares-restaurantes del Sacromonte, Casa Juanillo. No tuvimos tiempo de contemplar alguno de los espectáculos flamencos que se dan en Casa Juanillo y demás tablaos flamencos que hay en la zona, aunque nos habría agradado bastante. En otra ocasión será…

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Granada (155)Bajamos de nuevo hasta el valle en dirección al Albaicín para degustar un estupendo salmorejo que, junto a alguna otra ración, nos puso nuevamente en plena forma para disfrutar de las últimas horas en Granada, las cuales decidimos dedicar a otro de los barrios importantes de la localidad, El Realejo. En este barrio, lleno de callejuelas empinadas, tengo que resaltar una plaza denominada la Puerta del Sol, en la que se emplaza un antiguo lavadero y desde la cual había una vista panorámica de la ciudad que era tan tierna como el sentimiento de despedirnos del municipio por una larga temporada.

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Era media tarde, marchamos nuevamente hacia el centro, cada vez con un paso más lento, llenos de melancolía por la despedida que se avecinaba, por el adiós a una de las ciudades que más nos ha maravillado y enamorado. El último paseo nos llevó a la zona comercial donde compramos algún pequeño último detalle, pero culturalmente no descubrimos nada más porque el día se agotaba y teníamos que marchar rumbo a Sierra Nevada. Así hicimos…

Marchamos, como decía, dirección a la montaña más alta de la península, el Mulhacén (casi 3500 metros de altura), nombre árabe donde los haya. Sólo es superada en España por el Teide, en Tenerife. El nombre, dicen, viene del nombre árabe Mulay-Hassan (antepenúltimo rey nazarí de Granada).

Era tarde, estábamos hinchados de haber comido tanto y tan bien durante nuestra estancia en los dos días anteriores en Granada y estábamos cansados, pero faltaba un último secreto. Pena que fuese de noche porque el paraje tenía toda la pinta de ir mostrando más hermosura a medida que íbamos ascendiendo metros.

Nuestro destino era el Hotel El Guerra, con una categoría de dos estrellas, lo que hacía dudar un poco la expectativa de cómo sería nuestra última noche en tierras andaluzas. Grata sorpresa la que nos llevamos al conocer el hotel. Estaba situado tras una curva en una explanada. Era un hotel no muy grande, muy familiar y con un encanto especial. Era un típico hotel de montaña que me imagino debe llenarse hasta su máxima ocupación en fechas invernales. Estaba decorado al estilo rústico. Recuerdo que estaba la recepción, a la izquierda un bar y a la derecha un acogedor saloncito en el que sobresalía una preciosa chimenea que parecía dar calor a casi todo el hotel. Las habitaciones estaban también muy bien, demasiado bien para estar hablando de un hotel con una categoría dos estrellas (yo le pondría sin ningún miramiento tres).

Tras dejar las cosas en dichas habitaciones bajamos a disfrutar: ellas del fuego y nosotros del juego, ya que gozamos de unas cuantas emocionantes partidas de futbolín, que también encontrábamos en el salón mientras veíamos un Rayo Vallecano – Real Madrid de ida de la Liga 2013-2014. Cuando acabaron tanto nuestras partidas como el partido de liga, fuimos a llamar a nuestras chicas que se quedaron literalmente dormidas a la vera del agradable calorcito que desprendía la acogedora chimenea. Con esto marchamos a la cama preparando una última aventura de cara al día siguiente.

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Despertamos y parecíamos estar en un lugar totalmente diferente al que nos había dado cobijo aquella noche. Y una de las explicaciones era que saliendo al balcón teníamos una vistas que por la noche no pudimos contemplar. La cordillera más alta de la península se cernía ante nuestros ojos llenando de parajes maravillosos y plenos de naturaleza nuestras retinas.

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Tras minutos de contemplación bajamos a comprobar cómo era el desayuno. Si las instalaciones eran de un hotel calificable de tres estrellas el desayuno lo era de un hotel de cinco sin duda. Era variado y de calidad. Nos pusimos las pilas preparándonos para una aventura diferente. Realizaríamos una de las múltiples rutas sobre puentes colgantes y colinas que hay en la zona de Sierra Nevada. Bajamos unos kilómetros en coche dirección a la localidad de Monachil. Pocos kilómetros más abajo nos encontramos un bar en el que dejamos el coche. En todo momento hay señales indicadoras de dónde comienzan las diversas rutas senderistas que se pueden realizar.

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Nos decidimos a hacer una de ellas por Los Cahorros, bastante cómoda, no muy complicada aunque tampoco recomendable para personas mayores o con dificultad de movilidad. Primero caminamos como un kilómetro y medio, lo necesario para empezar a calentar el cuerpo. El llano comenzó a convertirse en subidas y bajadas y de ahí a un pequeño puente colgante tras el cual vino la estrella de la ruta, el gran puente colgante. Sobre nuestros pies, las bravas aguas en forma de salvaje cascada hacían impacto sobre nuestras retinas. Este puente, de unos 60 metros de longitud, es el más largo de la zona, además del más antiguo por tener alrededor de 100 años.

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Al cruzarlo, continuamos nuestra ruta por un desfiladero en el que el río se situaba a nuestra izquierda. El camino empezaba a tener cierta dificultad, de modo que en algunos tramos era necesario agacharse e incluso pasar gateando por debajo de las rocas del desfiladero.

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Llegados a una pequeña explanada y debido a la hora (este mismo día debíamos regresar a casa), tuvimos que tomar la decisión de volver sobre nuestros pasos para tomar algo de fuerzas y poder afrontar el largo camino de vuelta. Nos vimos obligados a dejarnos un precioso tramo del sendero con impresionantes gargantas y vistas hacia el río Monachil. Totalmente recomendado que, si tenéis oportunidad de ir, sigáis hacia adelante y terminéis el camino.

Cogimos de nuevo el coche dando por finalizado un inolvidable viaje que nos dio la oportunidad de conocer la bella tierra de Granada…

Acabemos como empezamos, que lo que bien empieza, bien acaba…

Aún me pierdo en la imaginación pero muero por volver allí

y sentarme para contemplar un ocaso desde el Albaicín…

tan lejos de ti y no se me olvida tu encanto…

(letra “Granada”, La Caja de Pandora)

GRANADA: PARAÍSO CULTURAL PINTADO POR LA ALHAMBRA


“Tierra mora hasta la eternidad,

olivares el jardín de Alá,

son murallas a tu alrededor

y en La Alhambra se oye una oración…”

Así comienza una preciosa canción dedicada a la una de las ciudades que más importancia tuvo para el mundo musulmán, la última gran ciudad de Occidente que resistió a la recuperación de la península por parte de los cristianos. La canción del grupo “La Caja de Pandora” habla de una ciudad que me enamoró como pocas lo han logrado hacer.

Y es que como nuestros lectores saben nos encanta viajar, y tras las maravillas conocidas en nuestro periplo en tierras africanas no paramos de movernos (cuando nuestro trabajo nos lo permitió algunos fines de semana), conociendo hermosas ciudades como Valladolid, Burgos, Segovia y otras localidades todas con un encanto muy particular. Sin embargo, sin menospreciar estas maravillosas ciudades, ninguna me aportó lo que Granada. Fue bajar del coche aquel jueves 31 de octubre del pasado año 2013 y simplemente el aire que respiramos llevaba tal embrujo que hizo que todavía hoy me pierda en la imaginación muriendo por volver allí. Y desde aquel noviembre yo creo seguir embrujado…

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Y es que por algún motivo me imagino que dos de las religiones más importantes y fuertes de la historia lucharon hasta la muerte por mantenerse o hacerse con aquel mágico enclave. Lo bello es que aún hoy, tras siglos y siglos siguen conviviendo dos religiones haciendo posible que por momentos, y si paseas por algunas calles de la ciudad, tu cuerpo y tu mente se metan de lleno en un mundo que como ya expliqué en la entrada de Túnez, te embruja sin ser uno consciente de ello hasta haberte enamorado por completo. Hablo de la increíble y apasionante cultura árabe.

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Como explicaba anteriormente nos dispusimos a viajar al último gran fortín musulmán durante la reconquista desde nuestras tierras, en el interior peninsular. Aproximadamente 430 kilómetros nos esperaban en ruta hasta llegar a Granada. Llegamos tarde, pues tardamos aproximadamente hora y media en atravesar La Carolina (Jaén), por una de las carreteras que se encontraba en obras… malas fechas para estar de obras, pleno puente de los Santos, operación salida… No obstante el viaje fue agradable pues lo hicimos junto a nuestra pareja de amigos favorita, con la que no hicimos nuestro primer ni nuestro último viaje. Sí uno de los que no olvidaremos jamás con lo que no podemos estar más que agradecidos por el viaje que nos brindaron. Gracias Marta, gracias Diego, gracias Familia Ortiz Gómez.

Como contaba, fue llegar a tierras de Granada y el ambiente cambió por completo nuestros ánimos tras un largo viaje. Nos esperaban tres largos días en los que intentaríamos culturizarnos lo máximo posible además de pasarlo en grande. Llegamos sobre la 1 de la madrugada y no pudimos más que adentrarnos en el corazón de la ciudad para hospedarnos en el hotel Meliá Granada. El servicio del hotel fue muy completo y las habitaciones, una más grande que la otra, estaban continuas y tenían unas considerables vistas a La Alhambra (con algún edificio que otro por medio). Se puede decir que el hotel hacía gala a sus cuatro estrellas, más posiblemente por su situación que por las comodidades. Descansamos y nos preparamos para un día que se avecinaba intenso.

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Y lo fue. Despertamos gracias a la luz que entró pronto en la habitación (y a la inquietud por conocer una ciudad que si de noche era bella, de día era gloriosa). La primera imagen fue esa, la de la Alhambra desde la ventana de nuestro hotel. El día era soleado, fresco pero agradable, se apreciaba una brisa que entraba por la nariz con un aroma intenso a jazmín. Bajamos a desayunar, no en el hotel sino en un pequeño bar-restaurante situado justamente a la derecha de la puerta principal del hotel que nos ofreció un estupendo desayuno con unos riquísimos bocadillitos (de lomo, de atún con pimiento, de queso,…) acompañados de un zumo o café. Tras esto nos dirigimos al punto estrella, La Alhambra. Casi desde cualquier punto de la ciudad se divisa esa maravilla creada por una cultura tan espectacular como la propia construcción. Nos dirigimos hacia la Plaza Nueva a través de calles estrechas típicas de un desestructurado plano que parte de la antigua ciudad musulmana, para tomar la Cuesta de Gomérez y acabar en la preciosa Puerta de las Granadas, desde donde ascendimos por un parque repleto de árboles que no dejaban ver casi el sol hasta la maravilla que estábamos a punto de contemplar, La Alhambra.

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A las 10.45, como nos informaron los trabajadores de la agencia a través de la que contratamos las entradas junto al guía que nos acompañaría en la visita, estábamos allí, en la taquilla. Aquí os dejo información para que tengáis posibilidad de comprar las entradas y contratar el guía.

http://www.entradasparalaalhambra.es/

granadaBajo mi punto de vista el precio es disparatado ya que considero que nuestra guía creó de la visita una monotonía que hizo que al final más de un 70 por ciento de los que íbamos dejáramos los cascos con los que apenas le escuchábamos y apreciáramos las tremendas maravillas del recinto por nuestros propios medios. Os informo que posteriormente supimos que además de poder contratar directamente con la Alhambra las entradas, uno puede, eso sí madrugando y estando en taquilla no más tarde de las 7.30 de la mañana, conseguir sus entradas (obligatoriamente el Ayuntamiento de Granada obliga a dejar un número mínimo de entradas diarias para vender en taquilla). El precio lógicamente es muy inferior ya que se suprime el servicio abonado al guía, que para nosotros, no fue de gran ayuda. A pesar de esto, comenzamos a vivir la aventura de visitar un recinto inigualable. Es difícil describir la sensación que uno percibe cuando comienza a pasear por los jardines del Generalife y empieza a contemplar los mil colores que entran por las retinas. Una paz absoluta parece parar el tiempo.

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granadaEl paraje es sobrecogedor: a un lado los edificios que conforman la fortaleza y el palacio de La Alhambra, de cara el espectacular barrio del Albaicín parece embellecer aún más la postal, hasta que dando una vuelta de 360º sobre uno mismo aparece la imponente muralla natural de Sierra Nevada, que pone la guinda al pastel. Los pequeños regueros que se encuentran entre los diferentes jardines parecen apaciguar todavía más el alma de uno mismo.

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Tras esto, uno comienza a visitar los llamados Palacios Nazaríes, entrando en un estado de éxtasis al que sólo se puede llegar en tal lugar. La espiritualidad que se respira allí suma emoción a la belleza que uno contempla en las construcciones que manos árabes crearon hace siglos. Cada estancia va dejando una cicatriz en el cerebro que la vuelve inolvidable. Los detalles arquitectónicos y las minuciosas formas de los techos dejan claro que los artesanos de aquellas maravillas eran unos auténticos magos.

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Posteriormente llega algo increíble, algo que visitando en un día soleado y agradable como el que teníamos, se convierte en uno de los paraísos de La Alhambra, el Patio de los Arrayanes. Nuevamente el agua se convierte en protagonista dando esa paz que debían sentir antaño los habitantes del palacio, pero las fachadas que hay en ambos lados aportan un acabado final simplemente espectacular al patio, uno de los que os aconsejo disfrutar porque es sencillamente impresionante.

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Como lo es el siguiente patio, el Patio de los Leones. Obviamente es el de más fama, y dicha fama la tiene bien merecida. Grandioso, de forma rectangular, y con una fuente que representa el poder y la furia musulmana con doce leones funcionando como surtidores de la fuente central que nuevamente convierte al agua en protagonista. A su alrededor se encuentran diferentes salas, cada una de un tamaño diferente y con una decoración a cuál más elaborada.

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Tras esto, queda un lugar que personalmente me fascinó, y fue una pequeña estancia en la que hay unas vistas hacia el barrio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco del Albaicín (desde el Patio de la Reja). Contemplarlo desde allí es algo que se queda grabado en la mente como hecho a fuego. Las casas blancas de cal fabricadas sobre la misma roca y las cuevas transformadas en hogares alegran la vista de manera extraordinaria. Se puede apreciar también desde allí cómo la muralla rodea toda la ciudad.

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Tras los jardines del Generalife y los Palacios Nazaríes contemplamos un recinto mucho más chocante con toda la armonía de la arquitectura musulmana que hasta el momento habíamos recorrido. El Palacio de Carlos V (I de España), que fue construido en el siglo XVI por el propio emperador y es de un carácter renacentista que cuanto menos choca, como dije, con todo lo que gira alrededor, pero forma también parte de La Alhambra y tiene también una singular belleza y una particularidad inapreciable hasta que uno entra en el interior del recinto, y es que por fuera es un palacio de forma totalmente rectangular que engaña cuando uno entra y observa que se encuentra en un círculo perfecto que recuerda, por qué no, a una bonita plaza de toros. Actualmente es sede del Museo de Bellas Artes de Granada.

Cordoba y Granada - Abril 2009 109

Finalizamos la visita al magnífico e irrepetible monumento de La Alhambra y comenzamos, por decirlo de alguna manera, la juerga por las preciosas calles de Granada. Bajamos por la Cuesta de los Chinos en busca de algún sitio para almorzar por una de las calles que más me marcó en nuestra visita a la ciudad, El Paseo de los Tristes… El nombre mismo rebosa inquietud… Es la calle paralela al río Darro, que a su vez baja pegado al gran montículo montañoso que se eleva para sufrir a La Alhambra. Algunos hermosos puentes atraviesan dicho río, pintando un cuadro para enmarcar en la magnífica calle que va a dar a parar a la Carrera del Darro para desembocar en la Plaza Nueva.

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Si algo hay en Granada son sitios para picar, muchos y buenos. De todos a los que entramos sólo uno nos desencantó. El resto, de diez. Para encontrar algunos de los mejores bares para tapear sin duda hay que ir en busca de la Calle Elvira. Está desbordada de bares, algunos de ellos muy recomendables aunque llegamos a la conclusión de que en Granada se come muy bien. Especial mención merece la cadena de bares “La Bella y la Bestia“, con cuatro bares en la ciudad y además muy céntricos todos. Espectaculares tapas en medio de una ciudad espléndida y con un casco antiguo genial.

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Tras la comida, paseamos por el centro de la ciudad para comprobar el fascinante resultado que produce la fusión de varias culturas entremezcladas durante siglos y siglos. Las calles eran estrechas, parecíamos ir viendo baños árabes, teterías y de repente, PUM!!! chocabas contra alguna imponente iglesia o incluso con la tremenda catedral que se encontraba también en un enclave único en el que se podían obtener instantáneas grandiosas y en el que se respiraba un ambiente también muy especial pero diferente al de hacía tan sólo cinco minutos. La Catedral de Granada es la segunda catedral más grande de España y, además, su Capilla Real contiene los restos de los Reyes Católicos, su hija Juana la Loca y el esposo de ésta, Felipe el Hermoso.

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Otro de los puntos importantes fue la Plaza de Bib Rambla, situada en un lateral de la catedral, donde fuimos a dar con una caseta de información de visitas guiadas.

Nos decidimos por una que se titulaba: Granada Misteriosa… (15 € por persona)

http://www.ciceronegranada.com/espanol/web/visitasguiadas/granadamisteriosa.asp[/embed]

Compramos las entradas para los cuatro (en desacuerdo con uno de los componentes del grupo) y volvimos al hotel, ya que a las 20.45 horas debíamos estar frente al ayuntamiento, en la Plaza Nueva, y queríamos hacerlo ya duchados para salir directamente y disfrutar del picoteo nocturno de la ciudad. A dicha hora estábamos allí como clavos.

La ruta duró aproximadamente hora y media y estuvo bastante bien. La guía, una chica jovencita (de unos 30 años), se metía realmente bien en el papel y nos llevó por lugares y nos habló de leyendas que de no haber cogido la excursión no habríamos conocido. Entre todos ellos, recuerdo varios en concreto que fueron los que más me enamoraron y sobrecogieron. Uno era un punto cercano al Albaicín, desde el cual La Alhambra se exponía a una imagen iluminada que pocas imágenes pueden superar. Tal era la vista que al día siguiente regresamos a realizar fotos con la iluminación del sol.

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Otro momento que recuerdo como si lo estuviera viviendo ahora mismo, fue uno en el cual nos situamos ante la fachada de una casa. Una casa que realmente intimidaba por su aspecto. Una casa enorme pero antigua, totalmente oscura y en la que dábamos por hecho que habitaba algún fantasma de los que había en los anteriores sitios que íbamos visitando. Sin embargo nos confundíamos. Nos contó que allí habitó (allá por los años 50-60) una mujer que tras la muerte de su marido cayó en una profunda depresión que la llevó a coger kilos y kilos hasta no poder prácticamente moverse. Falleció al poco tiempo y había engordado tanto que el cadáver no pudo sacarse por la puerta, teniendo que desmontar una parte del tejado para sacarla por la parte superior de la casa.

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La visita guiada finalizó en un sitio en el que yo ya había escuchado que habían ocurrido cosas un tanto extrañas, la Diputación de Granada. Sonidos, gritos, sombras y demás fenómenos paranormales se produjeron e incluso se siguen produciendo en dicho edificio.

Esa noche acabamos tan cansados que ni picoteo ni nada, directamente regresamos al hotel para descansar ya que llevábamos una buena paliza además de parecer estar sufriendo el bofetón de aire frío que el Mulhacén repartía unos kilómetros más allá.

Por cierto, esa noche, una de las lamparillas que teníamos sobre las cabezas empezó a encenderse y a apagarse sin nuestra manipulación, lo que costó un buen susto a “la persona que está a mi lado”, que quedó bastante traumatizada tras la ruta del misterio (aunque no le disgustó tanto como dice).