LA VILLA MEDIEVAL DE PEDRAZA: CONJUNTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO NACIONAL


Visitar por segunda vez la localidad de Pedraza, en Segovia, me bastó para conquistarme por completo. El simple hecho de entrar con el coche por la única puerta de acceso al centro del pueblo te traslada totalmente a la Edad Media y convierte el automóvil en un carruaje tirado por caballos…

La puerta, que por cierto, era la antigua cárcel de la villa, es robusta y segura con el objetivo de proteger a los ciudadanos de cualquier ataque exterior. Al aproximarse uno a Pedraza (da igual hacerlo desde Madrid o desde Segovia), comprueba que el enclave está situado en un punto estratégico que en la antigüedad debió ser sencillamente inmejorable. Las inmensas montañas pertenecientes al Sistema Central sirven de muralla natural para la ciudad. Además el castillo, en el interior de las murallas protectoras, y las casas están construidas en lo alto de una colina, con lo cual la visibilidad en caso de recibir una ofensiva sería perfecta.

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Como decía, basta con aproximarse al pueblo y entrar por la gran puerta principal (Cárcel de la Villa) para trasladarse al medievo. Primera curiosidad, ¿por qué justo la puerta principal que forma parte de la muralla tomó función de cárcel? Según nos explicaron, en más de una ocasión utilizaron a más de un preso como arma arrojadiza que lanzaban desde la torre que forma parte del edificio. ¿Macabro? Sí, pero útil, se deshacían de uno de los presos que mantenían en condiciones lamentables y lo aprovechaban como bala.

La primera vez que llegamos a Pedraza fue de manera precipitada e improvisada. Era un frío día de invierno del pasado mes de febrero, llegábamos tras pasar una preciosa noche en la maravillosa ciudad de Segovia, de la que hablaremos en otra entrada, e íbamos con un claro objetivo, comer un buen cochinillo o un sabroso cordero. Decisión que tomamos gracias a nuestro amigo Luis, segoviano como el que más. El día no era el más indicado para realizar una visita. La temperatura no superaba los 7-8ºC y los copos de nieve caían de manera intermitente haciendo el día realmente complicado, de manera que decidimos únicamente ir a comer y no visitar apenas la localidad, que no obstante te envuelve con un aroma muy especial con un simple paseo de 100 metros por cualquiera de sus empedradas calles. El restaurante al que fuimos es de remarcar. Es de mucha importancia mencionar que Pedraza tiene fama (merecida) de ser un lugar de escape (para sobre todo madrileños) en el que comer posiblemente el mejor cordero o el mejor cochinillo de todo el país, por ello es aconsejable reservar mesa por teléfono SIEMPRE. Aquella primera vez fuimos a comer al Restaurante El Jardín y fue excelente. Una ración de cochinillo para “la persona que está a mi lado” y otra para mí hicieron las mil delicias junto a una buena fuente de patatas fritas y una contundente ensalada. Todo de una calidad de diez, y por un precio aproximado de unos 35 € por persona con una tarta de queso de la tierra que completó la comida de manera excelente. Debido a las inclemencias del tiempo, no pudimos hacer otra cosa que coger de nuevo el coche para volver a nuestra tierra.

pedraza (25)Tras aquello no podíamos decir que conocimos Pedraza; hoy realmente puedo decir que lo conozco. Hace tan sólo dos semanas y con un tiempo mucho más primaveral decidimos, junto a nuestro matrimonio preferido, ir a visitar Pedraza. Nosotros íbamos como guías pero en realidad conocíamos poco más que ellos. Lo único que conocíamos era el Restaurante El Jardín y ese mismo día estaba lleno, con lo cual tuve que reservar mesa en el Restaurante El Soportal, aconsejado por una persona que considero que “sabe lo que come”.  Dos raciones de cochinillo, dos de cordero, una ensalada y un plato también de patatas fritas hicieron de nuevo reafirmar nuestra opinión de que el mejor cochinillo que he probado se hace en Pedraza.
El cordero también es grandioso. En los postres, probamos también la tarta de queso, como es habitual en mí pues es mi favorita, y también tremenda, y el ponche segoviano, hecho con un bizcocho relleno de crema pastelera y mazapán. La calidad de 10 también pero quizá un 2-3% más caro que el Restaurante El Jardín, en el que habíamos comido en nuestra primera visita a Pedraza. Es posible que ese incremento casi inapreciable de precio se deba a que éste último se encuentra en plena plaza del pueblo, por lo cual es 100% recomendable pedir mesa junto a la ventana a la hora de hacer la reserva. Justo ahí se rodó el anuncio de la lotería de Navidad (el famoso anuncio en el que aparecen Bustamante, Marta Sánchez, Montserrat Caballé y Rafael).

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Hablemos de lo importante, el pueblo, la villa. Justo después de la comida, a las 17.00 horas daba comienzo la ruta guiada por las calles de la centenaria villa. La guía era la misma persona que se encargaba de vender las entradas en la Oficina de Turismo de Pedraza, que se encuentra bajando la calle Real, justo en la calle que se abre a la izquierda del Restaurante El Soportal.

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Tras adquirir las entradas por un precio de 3€ por persona, regresamos hasta la Plaza Mayor, desde donde comenzó la ruta. Entremos en detalle. La plaza es magnífica. Es una típica plaza castellana rodeada de viviendas todas ellas con un escudo en su fachada. El suelo está empedrado, como en el resto del pueblo, y en cada casa hay un balcón. Los grandes acontecimientos antiguamente se celebraban en esta preciosa plaza. Obviamente las grandes personalidades tenían que poseer un emplazamiento en aquellas corridas de toros, festejos e incluso ajusticiamientos, normalmente con la horca. Se puede observar, incluso, que en la iglesia central de la plaza (Iglesia de San Juan), lo que se supone la Iglesia Mayor y la que actualmente está abierta al culto en la localidad, existe un pequeño balcón que no muestra sintonía alguna con dicha iglesia (posteriormente explicaré por qué).

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Hay varias cosas muy llamativas en el lugar pero algunas de ellas no saltan a la vista. Es mejor ir con ellas aprendidas. Lo primero que choca cuando uno se fija desde el centro de la plaza es que todas, absolutamente todas las casas de Pedraza tienen en su fachada principal un escudo, el escudo de la familia, del apellido que se lleva. En su momento Pedraza fue una ciudad importante, de casi 5000 habitantes y era una localidad potente económicamente hablando cuyos habitantes eran poderosos y fijaron escudos en sus fachadas que aún hoy perduran. Hoy en día existe una ley mediante la cual todas las viviendas de nueva construcción tienen que seguir un patrón que no difiera de las construcciones antiguas.

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Como antes comentaba, hay curiosamente un balcón en la iglesia de la Plaza Mayor que no encaja mucho con la construcción religiosa. En su altillo se lee:

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“Este sitio y balcón es de Juan Pérez de la Torre y Zúñiga de este orden Caballero”

Aquel importante personaje nobiliario se vio obligado a negociar con la iglesia la construcción de un pequeño balconcito que le diese la opción de participar de forma pasiva en esos acontecimientos que comentaba, como corridas de toros, ajusticiamientos y cualquier otro tipo de festejo, ya que su residencia no formaba parte de la plaza, sino que estaba en una de las calles que radian de ella.

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Por otra parte hay que decir que prácticamente la totalidad del suelo de la villa está construido de piedra con lo cual es aconsejable ir con un calzado cómodo. Hay otras muchas curiosidades en el lugar, pero entre ellas una llama la atención. Desde el centro de la plaza se puede comprobar, si se observa detenidamente, que las tejas de todas las casas están colocadas al revés. Lo hicieron, y se sigue haciendo así, por dos motivos: uno de ellos y fundamental en su origen es el económico, ya que se ahorraban la parte de arriba, y el otro es que debido a los duros inviernos que se pasan en Pedraza y las constantes nevadas que recibe el pueblo, los tejados dejan resbalar la nieve evitando que se acumulen encima de las casas afectándolas de manera considerable.

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Nuestro camino desde la bella plaza continuó por un pasillito muy estrecho, justo al lado del balcón del que hemos hablado, que desde lejos no daba la sensación de ser una calle (de hecho primeramente pensé que era la entrada a alguna pensión ya que veía entrar y salir a muchos turistas). Realmente era una calle, una preciosa calle que iba a dar a una todavía más bonita plaza, llamada desde antaño Plaza del Ganado. Nos comentaron que antiguamente en dicha plaza se intercambiaba el ganado y el pescado y además todavía hoy servía de toriles cuando se celebran las corridas de toros en las fiestas, que son entre el 6 y el 10 de septiembre de cada año. Las corridas desde hace siglos se siguen produciendo en la plaza donde la gente pudiente sigue saliendo a los balcones para verlas en directo. A la izquierda de la pequeña plazoleta parece haber unas rejas que sirven como pequeño baúl de los secretos. Actualmente es el Museo Arqueológico Regional y posee algunos sarcófagos y columnas romanas entre otras cosas. Además, el pequeño recinto funciona como decorado de películas y series tan famosas como “Águila Roja”. El lugar se transforma en la cárcel de la villa en la serie.

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Desde allí marchamos hasta la pequeña Plaza de la Olma, llamada así porque en medio de la misma un árbol centenario se levantaba imponentemente. Actualmente, es un álamo el que reina en el lugar. La diferencia entre olmo y olma es únicamente su edad: al convertirse en centenario, el árbol pasa al género femenino. Nos contó la guía que una tremenda enfermedad se enfrentó a estos árboles hace doscientos años acabando con la práctica totalidad de los olmos y olmas en la península, incluida la que allí había. Una vez la grafiosis remitió habiendo acabado con la vieja olma, se replantó un álamo en su lugar.

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Desde el centro de la villa fuimos caminando por la empedrada Calle Mayor comprobando como las piedras bajo nuestros pies comenzaban a convertirse en arena. Al horizonte, el gran castillo que se aprecia cuando uno se acerca desde cualquier lugar a Pedraza.

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pedraza (37)El castillo, del siglo XIV, posee hoy en día el nombre de Castillo de Zuloaga. Fue levantado sobre antiguas fortalezas romanas y musulmanas y habitadas por familias nobles como las de Herrera y Fernández de Velasco. Hoy en día se utiliza el castillo como recibo turístico todos los días exceptuando los lunes. Eso sí, puede ocurrir como nos pasó a nosotros. Curiosamente se utiliza también para la celebración de ceremonias y actos privados. Hace dos semanas había uno y nos quedamos sin visitarlo. Eso sí, pudimos contemplar la magnífica puerta principal de madera de roble con pinchos de hierro que se clavaban en las armas de asedio que se utilizaban contra ella.

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Volvimos sobre nuestros pasos pasando por la Iglesia de Santa María, hoy prácticamente en ruinas. Supimos que en momentos de esplendor de la ciudad hubo hasta siete iglesias abiertas al culto de las cuales hoy sólo una se mantiene enteramente en pie y disponible al rezo.

Poco nos quedaba para finalizar la visita, pero todavía nos esperaba un agradable paseo a través de la Calle de la Calzada, donde antiguamente se asentaron los judíos que habitaron la villa. Al final de dicha calle comienza la calle Procuradores, donde nos mostraron una de las casas que perteneció a la iglesia y dónde se implantó una de las sedes del Tribunal de la Santa Inquisición que había en Castilla.

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Finalizamos llegando a la Puerta de la Villa y al torreón que funcionó hasta hace no tantos años como la Cárcel de la Villa, y que posteriormente visitamos por dentro. En cuanto a la Puerta de la Villa, del siglo XI, decir que es uno de los más conocidos tesoros del lugar por ser todavía hoy único punto de entrada y salida de la localidad y en la que preside un hermoso escudo de armas perteneciente al noble Íñigo Fernández de Velasco. El otro personaje digno de mención e hijo predilecto de Pedraza es el pintor eibarrés Ignacio de Zuloaga, que llegó a Pedraza en 1926 enamorándose perdidamente de la villa y encontrando allí la inspiración que necesitaba para convertir en obras de arte sus pinturas. Hoy sus descendientes tienen diversas dependencias en la ciudad, entre ellas el castillo. Una anécdota curiosa que contaba la guía fue que el pintor invitó a una famosa actriz americana de armas tomar y a la que quiso dar a conocer el lugar que había elegido para vivir. Las puertas, mejor dicho, la puerta de salida y entrada estuvo cerrada desde las 22.00 horas hasta la mañana siguiente lo cual obligó a la distinguida dama a dormir en las puertas de la villa. Zuloaga advirtió sin suerte a su invitada…

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Decidimos visitar la antigua Cárcel de la Villa, hoy convertida en museo. Las entradas costaron sólo 3€ por persona y básicamente visitamos las diversas estancias de todo el torreón. Nos contaron las tremendas atrocidades que se les hacían a los presos y las lamentables condiciones higiénicas, físicas y psicológicas a las que se enfrentaban. Tan duro sería aquello que cuando en el siglo pasado se decidió hacer una gran limpieza, se encontraron restos humanos entre los metros y metros de excrementos que cubrían los habitáculos. Nos mostraron diversas celdas, concretamente me impactaron unas hechas con madera, con grandes troncos pedraza (65)que no dejaban entrar la luz del sol. Lo confirmamos cuando entramos en una de ellas y cerramos la puerta: ni un mísero rayo de luz. También visitamos la habitación del carcelero, única estancia en la que había algo de calor gracias a la chimenea que le servía como cocina y como calefacción. En el resto del torreón, curiosamente, hacía un frío bastante mayor que el que hacía en el exterior, en la calle, dónde rondaban los 15 grados. Pudimos también disfrutar de las vistas que ofrecían algunos ventanucos de la parte superior de la torre de la cárcel, tanto hacia la villa como hacia los campos que la rodean.

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Finalizamos la visita a la querida ciudad de Pedraza tomando algo en la única taberna que persiste como en su origen en toda la localidad: la Taberna de Mariano. También situada en la misma plaza principal del pueblo, nos trasladamos a la edad media tomando un refresco en puertas de dicho establecimiento. El interior fue maravilloso visitarlo y la gente que lo regentaba era realmente afable y amable, como la cuadrilla que había en las mesas al lado de nosotros en la preciosa fachada de la taberna.

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Así nos fuimos alejando de la villa, nos marchamos por la puerta por la que horas antes habíamos entrado y dejando atrás un pueblo al que espero, volvamos pronto. Quién sabe si para el festival de las velas cuya plaza ofrece un concierto sinfónico los próximos 5 y 12 de Julio y mediante el cual la villa se llena de velas y aparta de la luz artificial durante unas horas…

Todo es posible…

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