AYLLÓN: LA VILLA MEDIEVAL POR LA QUE NO PASA EL TIEMPO


Saliéndose va del reino el Campeador leal,

de siniestro, San Esteban, una buena ciudad,

por diestro, Ayllón, allí son las torres que moros las han,

pasó por Alcubilla, que de Castilla fin es ya…

Fragmento del “Cantar del Mío Cid”, versos 395-398.

El Cantar del Mío Cid es una de las obras literarias más importantes de la historia del castellano. Hablamos de una obra escrita (obviamente en castellano antiguo) en lengua romance, tratándose de la primera obra narrativa extensa en castellano que fue compuesta, según los expertos, allá por el año 1200. Habla de los últimos años del nombrado caballero Don Rodrigo Díaz, el Cid Campeador, en los cuales el hidalgo camina, cabalga, lucha, sirve, ama, es amado y desterrado por su rey, Alfonso VI.

Ésta, una de las piezas literarias más importantes de la historia de nuestra lengua, nombra, entre otras, la localidad por la que hoy nuestros pies tendrán oportunidad de trotar hasta conocer el último resquicio histórico en la zona. Llena está Ayllón de ello, lo he respirado nada más salir del coche, antes incluso, cuando nuestras retinas han contemplado que la antigua puerta de El Arco nos ha invitado a dejar en extramuros nuestro vehículo a motor para viajar unos ochocientos años en el tiempo y plantarnos en plena edad media. Disfrutemos pues de un día entero en la villa de Ayllón, tierra casi de unión entre las hoy dos Castillas, Castilla la Mancha (Guadalajara) y Castilla y León (Segovia y Soria), debido a su posición geográfica.

Llegamos a la antiquísima villa antes de las 11.00 horas, debido a que deberíamos dirigirnos hacia la Iglesia de San Miguel para recoger las acreditaciones que nos darían derecho a ser partícipes de la ruta teatralizada que organiza el ayuntamiento de la localidad y que daría comienzo a las 12.00 horas. El precio de cada entrada fue de 6,50 €. La ruta, de la cual después iremos hablando, fue simplemente inmejorable. Tremendos los actores, ingeniosos los guiones y guionistas, magníficas las escenas y perfecta la guía, Mari Carmen.

Nuestra llegada, como decía, se produjo poco antes de las 11.00. El consejo es aparcar ante El Arco, puerta que da acceso al casco antiguo de Ayllón, a la vera del río Aguisejo. Comprobaréis que es donde aparca todo el mundo. Antes comentaba que al bajar del coche recibí un golpe de viento con sabor a historia que se agravó con un soplido todavía más fuerte una vez atravesamos la única puerta de entrada y salida del pueblo, la puerta de El Arco.

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Ayllón (11)A partir de ahí, empezaba a entonar una música medieval que en realidad sólo producía mi cerebro, pero que no dejó de acompañarme durante toda mi estancia en Ayllón. Nada más atravesar el arco, se puede contemplar ya alguna que otra construcción que da pistas de lo que va a ser capaz de ofrecer la villa. No obstante, seguimos nuestro camino sin detenernos ante ninguna de las maravillas arquitectónicas que se oponían a ambos lados de la calle principal, por la que caminábamos, pues nuestro principal destino era, como antes dije, la Iglesia de San Miguel, dónde nos esperaba la persona con la cual había hablado la mañana anterior para facilitarnos las acreditaciones y abonar los 6,50 € por persona de la visita. Llegamos a dicha iglesia, que ha dejado de ser lugar de culto para ser una mezcla de punto de información y museo donde uno puede encontrar piezas arqueológicas de valor incalculable y fechas que pueden variar desde la prehistoria hasta nuestros días. Posteriormente sabremos porqué hay obras escultóricas y de pintura de arte contemporáneo esparcidas por todo el pueblo.

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Tras pasar un rato con Mariana y recoger los tickets e instrucciones de la hora a la que deberíamos estar en el Palacio de Los Contreras para dar comienzo a la ruta guiada y teatralizada (12.00), fuimos a retomar fuerzas a una de las cafeterías que había en mitad de la plaza, con una tranquila y bonita terracita en la que nos sirvieron unas suculentas tostadas con un buen pan de pueblo.

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Eran las 11.15 horas de la mañana y poco más nos daría tiempo a hacer, ya que en aproximadamente media hora debíamos plantarnos en la puerta de El Arco, junto al Palacio de los Contreras, conocido también como residencia del Condestable Don Álvaro de Luna, y es que realmente allí residió durante buena parte del siglo XI. Algunas fotos en la parte exterior de la puerta de entrada al pueblo con el puente y el río en el que montones de patos se refrescaban, a pesar de los justos 20ºC que había, precedieron a la ruta, que sin demora, dio comienzo a las 12.00 horas exactas.

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Nos avisaron de la prohibición de realizar instantáneas a los actores, por ello no encontraréis ninguna en nuestro blog. Tras ello, Mari Carmen (la guía) dio rienda suelta a la obra móvil que presenciaríamos durante las casi dos próximas horas. El primer personaje que apareció por la calle que viene de la Plaza fue Don Amancio, un historiador del pueblo que parecía tener cultura como pocos, sapiencia como no muchos y ganas de hablar como ninguno; historiador del pueblo en el que nos encontrábamos, hecho que hacía que el Sr. Amancio no dejara de contar las mil y una maravillas que en su tierra existieron y todavía hoy son visibles. Como decía, la primera pieza arquitectónica que sobresale de las demás es el Palacio de Los Contreras, edificio construido por Juan de Contreras en 1497. La fachada es espectacular, con tres escudos de armas inclinados mostrando algo poco usual. El artesonado encontrado en su interior confirmó que la edificación fue construida anteriormente a la fecha citada.

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De la mano de Mari Carmen continuamos hasta la Plaza Mayor, una plaza porticada, con el Ayuntamiento (antiguo Palacio de los Villena) presidiendo la misma, y junto a la emblemática Iglesia románica de San Miguel, de la que hemos hablado antes. Desde la misma plaza pudimos comenzar a descubrir nuevos lugares a los que después tendríamos posibilidad de aproximarnos para investigar. Llama la atención lo que debió ser una impresionante torre de defensa musulmana, que todavía hoy se mantiene en pie. Está ubicada en lo alto del cerro que parece resguardar la villa, y se la conoce con el nombre de Torre de La Martina.

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Ayllón (1)Entre todos los acontecimientos que reúne Ayllón desde que tiene vida propia, hay uno que fue de enorme relevancia histórica. Y es que, en 1406, Catalina de Lancaster sufre la muerte de su marido, Enrique III de Trastámara, no pudiendo coronar a su hijo, el que sería Juan II, con tan sólo dos años de edad. Se asume una regencia sobre el trono de Castilla por parte de Catalina, pero compartida con Fernando de Antequera, su cuñado. Muchísimos fueron los enfrentamientos de ambos debido a la forma de gobernar sobre Castilla pero antes de que se produjese un grave conflicto se firma un tratado mediante el cual Fernando ocupará el trono de Aragón, gracias al compromiso de Caspe (1412 Caspe), con el apoyo total de Catalina, que vio aquí la clara salida de que Fernando dejara de involucrarse en temas castellanos y se dedicase de lleno a los aragoneses. Fue impecable la representación que el anterior hecho tuvo lugar en la iglesia de San Miguel por parte de los actores de la ruta.

Ayllón (13)Nuestro paseo por la villa continuó tornándose hacia la Plaza del Obispo Velosillo, en la cual preside el genial Palacio del Velosillo. Además de observar la grandeza arquitectónica que tiene este edificio, construido en el siglo XVI, comprobamos que hoy es un edificio dedicado a numerosas funciones. Lo chocante es que cuando entramos empezamos a encontrar obras artísticas que parecían más bien contemporáneas, recientes. Encontramos cuadros pictóricos de estilo abstracto, esculturas parecidas a las de Botero, es decir, el edificio facilitaba a nuestras mentes un billete de tren que recorreríamos en cinco segundos y mediante el cual nos transportaríamos cinco siglos. En la actualidad, el edificio alberga la biblioteca y el Museo de Arte Contemporáneo de Ayllón. Hay que decir que desde 1979 se facilita una beca a 8 de los graduados en Bellas Artes mediante la cual pasan un mes estival en la localidad, dando rienda suelta a su imaginación y a su don artístico, de ahí que muchas de las obras que los principiantes artistas tengan un hueco en el Museo del Palacio del Velosillo.

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Tras la visita al Palacio del Velosillo donde concluyó la estupenda visita guiada, tomamos la decisión de ascender a lo más alto de la villa. Nos dirigimos por la calle Termiño hasta cruzarnos con la calle Real en la cual encontramos varias estrechas callejuelas que tomaban un gran desnivel para acelerar la llegada a la siguiente calle que encontraríamos, y que prácticamente nos colocaba ya en el paseo de las Bodegas, dónde pudimos ver cómo las cuevas que hoy todavía persisten son capaces de conservar el vino que se produce en tierras segovianas.

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Aquellas callejuelas que recorrimos hasta la ascensión a Los Paredones debieron albergar numerosos acontecimientos, alguno de ellos nos lo mostró la visita teatralizada en la que se representaba lo mal que lo debieron pasar algunos judíos conversos en época en la que la Santa Inquisición investigaba con lupa cada movimiento de los habitantes de aquellas villas medievales como la que pisábamos, y mediante la cual se obligaba a llevar a cabo toda costumbre cristiana tanto en vida, como en los enterramientos, costumbres que algunos de los nuevos judíos conversos ni siquiera conocían. Tanto la horca como la hoguera fueron buenos testigos de muchos de aquellos hechos.

Una vez llegamos a lo más alto del cerro contemplamos el Cristo de piedra que hay allí construido y que parece ser guardián de toda la villa.

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Ayllón (17)Curioso que en aquellas alturas, al otro lado del cerro, presida increíblemente bien conservada una torre de origen musulmán. He aquí la riqueza cultural y arquitectónica española, que es capaz de tener dos perlas en lo alto de la corona que protege la villa: una fortaleza árabe del siglo VIII-IX y un monumento cristiano. Poco podemos decir sobre la fortaleza o castillo que hubo en lo alto del cerro, que fue un edificio militar, seguramente adosado a la torre de la que hablamos, pero del que no quedan prácticamente restos.

Hay que decir que desde aquellas alturas la panorámica era inmejorable, y a pesar de que el día empezó a pintarse de un color grisáceo, se divisaba perfectamente la cordillera que toma el nombre de Sierra de Ayllón (perteneciente a la vertiente nororiental del Sistema Central y la submeseta norte, que cubre gran parte de Castilla). Las vistas arropaban kilómetros y kilómetros a la redonda. A pesar de disfrutar del sosegado impulso de la suave brisa que atizaba nuestros rostros, nos vimos obligados a descender de nuevo a la villa para seguir descubriendo joyas.

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Ayllón (21)La siguiente fue el Antiguo Convento de las Concepcionistas, y más adelante la Iglesia románica de San Juan, en la cual se orquestaba justamente una boda cuando llegamos. Y es que el edificio es hoy propiedad de manos privadas, con lo cual, nos encontramos que se estaba celebrando tal evento. Pudimos ver que la boda que estaba teniendo lugar en el edificio era una boda medieval. La gente iba vestida de época. No pudimos visitarlo pues, aunque tampoco llevábamos mucha idea de ello, ya que la entrada suponía otros 6 € por persona que eran excesivos para ver el claustro y alguna de las dependencias del lugar. No obstante, invitamos a acceder a los que llevéis tiempo de sobra para visitar la villa porque supimos que uno de los propietarios del antiguo convento realiza una magnífica explicación de lo que fue en su día el lugar.

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Ayllón (20)Poco más nos quedaba por descubrir de Ayllón, como no, la enorme Iglesia de Santa María la Mayor, que puede contemplarnos a todos los que andemos por las calles de su villa desde una altura superior a los 40 metros gracias a su imponente campanario, que al mismo tiempo sirve de referencia al viajero, ya que casi desde cualquier callejuela se ve asomar la tremenda obra. A finales del siglo XVII se hundió la antigua parroquia allí existente y se construyó en su lugar la nueva iglesia de estilo neoclásico, toda de sillería, que actualmente ocupa aquel lugar. La entrada al edificio es gratuita, ya que actualmente sigue siendo templo de culto (siempre y cuando esté abierto).

Ayllón (26)La siguiente parada fue una de las que más relevancia tuvo, y es que sigo diciendo, entrada tras entrada, que una de las mayores señales del potencial cultural de un lugar se encuentra en su gastronomía, y si Ayllón no nos había fallado en el plano histórico, seguramente no lo haría en este. Nos dirigimos a la plaza principal, donde hay dos claras ofertas gastronómicas. Leyendo ambas cartas, tomamos la decisión de entrar en el restaurante en el cual horas antes habíamos desayunado, el Restaurante Pemar. Impresionantes fueron los huevos rotos con chistorra que nos pusieron de primero (éramos dos, pero bien habrían valido para cuatro), como también lo fue el secreto ibérico que adornó nuestra visita al restaurante. Buenísima relación calidad-precio, pues la cuenta fue inferior a 40 € habiendo comido mucho y bien.

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Tras la suculenta comida recorrimos por última vez las empedradas calles de la villa que nos dirigió a extramuros mediante nuestro nuevo paso por la Puerta del Arco, donde el majestuoso Palacio de Los Contreras parecía despedirse también de nuestra compañía. Cogimos el coche para realizar nuestra última visita a tierras ayllonenses. Tomamos dirección a Burgos por la SG-945 donde encontraríamos un enclave que dio el toque mágico que quizás había faltado en el interior de la localidad. Se respiraba una paz sin igual en el lugar y yacía un edificio eclesiástico con una espectacular fachada que transmitía la sensación de espiritualidad que los monjes deben respirar en su interior. Varios minutos fueron los que anduvimos en la explanada frente al Convento de San Francisco, conocido actualmente como el Exconvento. Por mucho que os guste y os enamore el pueblo no subestiméis dicho convento y dejéis de visitarlo, porque sé que a veces contemplar tanta belleza en poco tiempo nos vuelve perezosos y lo que ésta visita debe suponer no es un trastorno sino una guinda en el sabroso pastel cultural, histórico y arquitectónico que pudimos saborear en tierras de Ayllón. Visita obligada pues.

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Con esto completamos la visita a otra de las localidades que aparecen en lospueblosmasbonitosdeespana.org

Podemos dar fe de que Ayllón, merece estar aquí.

CANTABRIA: SANTANDER, UN LUGAR DONDE RELAJAR CUERPO Y MENTE


Se nos ponían por delante cuatro largos días gracias al puente de Mayo del que disponemos los madrileños en el que, a parte de celebrarse el día del trabajador (1 de Mayo), se conmemora el levantamiento del pueblo madrileño contra las fuerzas del ejército francés de Napoleón Bonaparte en 1808; por ello, el día 2 de Mayo celebramos el día de nuestra comunidad. Con este puente a la vista, forjamos un viaje a tierras totalmente desconocidas para nosotros aunque recomendadas por una persona de gran gusto, mi primo y amigo Raúl Delgado, integrante, por cierto, de uno de los grupos musicales que mejor música ha hecho en el panorama nacional en los últimos diez años, La Sonrisa de Julia. La cuestión es que algo debían tener las tierras cántabras para haberle hecho cambiar su querido Madrid por un pueblecito que después tuvimos la oportunidad de descubrir, llamado Somo. Aprovecho también para saludar e invitar al vocalista, guitarrista y compositor de la banda, Marcos Casal, a recomendar mediante nuestro blog lugares mágicos de aquella tierra, la suya, y animarle a proporcionar algo más de información adicional de zonas que, como a nosotros nos ocurrió en las playas de Langre, puedan causar un éxtasis sin igual al viajero que se apresure a visitar aquella zona. A ciencia cierta sé que nadie como él conoce rincones y escondites que no son turísticos pero sí capaces de transportar al viajero al mismísimo paraíso. Un paraíso, eso sí, totalmente diferente al descrito en otras entradas como las de Túnez. Y es que cada persona tiene una concepción del paraíso radicalmente distinta. Quizá las raíces de uno mismo tengan que ver en ello, ¿verdad, Marcos?

Poco más de cuatro horas nos bastaron para colocarnos en la capital cántabra, y es que muchos de los madrileños que buscamos playa a poca distancia tendemos a viajar hacia el este peninsular (Levante), cuando tenemos casi al mismo alcance la magnífica región sobre la que vamos a hablar. El tiempo, cierto es, no nos acompañó. No obstante, nos colocamos ante la impresionante Playa del Sardinero en casi un abrir y cerrar de ojos…

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Nuestro primer destino era la ciudad de Santander. Sinceramente tengo que reconocer que no reparamos mucho en gastos y escogimos un buen hotel. Un muy buen hotel, mejor dicho. El Hotel Chiqui, de cuatro estrellas y bien merecidas, hacía honor a su categoría dando la impresión de estar sobre el mismo Océano Atlántico. Más aún si tenéis la opción de solicitar una habitación con vistas al mar. Estaba en primera línea de la mítica Playa del Sardinero, que se enfrenta con valentía al salvaje Mar Cantábrico. Inmejorable la situación, impresionante el paisaje y maravillosa la infinita playa. Lo único que fallaba, reitero, era la meteorología. Y es que, a pesar de ser Mayo, nos encontramos algunas nieves en las cumbres de la imponente Cordillera Cantábrica, majestuosa y por la que tuvimos la oportunidad de adentrarnos para maravillarnos con un espectáculo natural como pocos he visto anteriormente. Posteriormente detallaremos.

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Como decía, llegamos a la impecable ciudad de Santander a mediodía. Tras dejar las maletas y entre una ligera e intermitente lluvia buscamos algún sitio para comer, y tras ello, nos dispusimos, sin más demora a conocer la ciudad.

No quisimos entretenernos comiendo, con lo cual, escogimos un restaurante que nos llamó la atención por su decoración, el Restaurante Sal y Pimienta. La comida, aunque sencilla, de buena calidad. Lo justo para llenarnos el depósito con la suficiente gasolina como para adentrarnos en lo más profundo de la ciudad.

El cielo era realmente gris y la lluvia no empapaba pero sí era algo molesta. Puede sonar desagradable, pero todo eso hacía que la visita fuese diferente. Ver el Cantábrico enfurecido es toda una atracción sobre todo desde algunos lugares que comentaré después. Lo primero que nos llamó la atención paseando por las calles de Santander fue el magnífico edificio de Correos. A pocos metros, uno aún más fascinante, el del Banco Santander.

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Es importante decir que el casco antiguo de la ciudad sufrió un tremendo incendio en 1941 que arrasó casi por completo toda construcción cercana al núcleo central. Todo Santander crece en torno a una calle, la arteria principal de la ciudad, paralela al paseo marítimo, la Calle Castelar que después se convierte en la Avenida de Reina Victoria. Podemos encontrar la Plaza de Pedro Velarde, más conocida como la Plaza Porticada por estar construida con puertas bajo los edificios que conforman en cuadrado de la plaza.

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Tras varias vueltas un tanto desorientados nos encontramos con el Mercado, mercado en el que había múltiples opciones de hostelería. Perfecto para la noche, dónde sí queríamos complicarnos o ser un poco más exquisitos a la hora de comer productos de la tierra. Tomamos nota para después, junto a un riquísimo café con leche que nos metió en el cuerpo el calor que nos faltaba para continuar con la visita a la preciosa ciudad.

Se respiraba una cierta quietud y tranquilidad, y es que me había informado de que Santander está entre las ciudades con menor índice de delincuencia de todo el país, es de las más seguras, dato que refleja cómo son los cántabros, quizá demasiado serios al principio pero afables, educados y muy nobles. También, pronto nos dimos cuenta que era una ciudad de nivel medio-alto respecto al nivel económico de la región. El comercio es su base principal, por supuesto el turismo ayuda de manera importante.

Cantabria (5)Como decía, dentro de la borrasca que parecía cernirse sobre nosotros apareció una de las joyas de la corona, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander. Para mí, amante del arte gótico, era una maravilla contemplar la sencillez con la que arquitectos y constructores de la época intentaban acercar al ser humano a Dios. Los techos bajos, los arcos de media punta y las bóvedas de crucería tan bajas mostraban la solemnidad y seriedad con que los habitantes de aquella época evocaban con fervor al poder de una fuerza superior al propio ser humano.

Dentro de la Catedral se respiraba un ambiente completamente mágico. El pequeño claustro del edificio contiguo al portón principal de la catedral era maravilloso,  reverdecido por las continuas lluvias que comprobamos recibe el suelo santanderino y con una ornamentación sencilla y sin complicaciones, como denota el arte gótico.

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Y es que comprobé que Santander es de las pocas ciudades que puede presumir de no ver sus edificios afectados por la cultura árabe, que dominó la práctica totalidad del territorio peninsular, a excepción de algunos fuertes bastiones que no sucumbieron al ejército musulmán gracias a su tozudez, orgullo y fortaleza mental. Y es que allí, en aquellas tierras comenzó la reconquista hasta la final expulsión de los musulmanes ocho siglos después. Todo esto me transmitió la catedral, llena de historia por todos los muros y paredes que la conforman.

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Tras ello, nos dirigimos a uno de los emblemas de la capital cántabra. No hablo del estadio del Sardinero, que también merece mención, hablo de la Península de La Magdalena, que contiene a parte del grandioso Palacio con el mismo nombre, antaño residencia de verano de reyes y príncipes, y hoy residencia estudiantil, un impresionante paraje natural. El enclave es genial, subidas y bajadas componen una península subrayada de verde por la vegetación que persiste gracias a la humedad.

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Cantabria (18)El lugar cuenta con un espacio en el que se pueden ver focas en cautiverio. Pero de nuevo algo en concreto me volvió a entusiasmar. Las vistas que se ponían ante nosotros cuando mirábamos hacia el horizonte desde una de las puntas de la pequeña península eran sobrecogedoras. El Atlántico, se mostraba intimidante con su furia, acompañado de aliados como la lluvia, el viento y las nubes con ese color grisáceo que normalmente estropea un día,  pero que adornó aquel en concreto. Hoy todavía me emociono y siento nostalgia de aquel día en que Santander me atrapó.  Y de nuevo, aquello no había hecho más que comenzar.

Marchamos de nuevo a nuestra residencia por varios días, la magnífica Playa del Sardinero. Ni nos asearíamos, ni dormiríamos en la playa, sino sobre ella, en el Hotel Chiqui.

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Cantabria (74)Estábamos cansados pero teníamos la obligación moral de comprobar cómo era de noche la ciudad para disfrutar, entre otras cosas, de unos magníficos pinchos de solomillo de buey y una buena ración de patatas. Puedo decir que, tanto yo como “la persona que está a mi lado”, salimos realmente satisfechos del sitio en el cual cenamos, tanto en calidad como en precio. Cenamos en el Mercado, dónde también tomamos un buen postre, ya que además de restaurantes había pastelerías. Cenamos en La Casa del Indiano.

Tras un pequeño paseo por el centro de la ciudad nos fuimos a descansar para el día venidero, que se mostraba trepidante.

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LA VILLA MEDIEVAL DE PEDRAZA: CONJUNTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO NACIONAL


Visitar por segunda vez la localidad de Pedraza, en Segovia, me bastó para conquistarme por completo. El simple hecho de entrar con el coche por la única puerta de acceso al centro del pueblo te traslada totalmente a la Edad Media y convierte el automóvil en un carruaje tirado por caballos…

La puerta, que por cierto, era la antigua cárcel de la villa, es robusta y segura con el objetivo de proteger a los ciudadanos de cualquier ataque exterior. Al aproximarse uno a Pedraza (da igual hacerlo desde Madrid o desde Segovia), comprueba que el enclave está situado en un punto estratégico que en la antigüedad debió ser sencillamente inmejorable. Las inmensas montañas pertenecientes al Sistema Central sirven de muralla natural para la ciudad. Además el castillo, en el interior de las murallas protectoras, y las casas están construidas en lo alto de una colina, con lo cual la visibilidad en caso de recibir una ofensiva sería perfecta.

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Como decía, basta con aproximarse al pueblo y entrar por la gran puerta principal (Cárcel de la Villa) para trasladarse al medievo. Primera curiosidad, ¿por qué justo la puerta principal que forma parte de la muralla tomó función de cárcel? Según nos explicaron, en más de una ocasión utilizaron a más de un preso como arma arrojadiza que lanzaban desde la torre que forma parte del edificio. ¿Macabro? Sí, pero útil, se deshacían de uno de los presos que mantenían en condiciones lamentables y lo aprovechaban como bala.

La primera vez que llegamos a Pedraza fue de manera precipitada e improvisada. Era un frío día de invierno del pasado mes de febrero, llegábamos tras pasar una preciosa noche en la maravillosa ciudad de Segovia, de la que hablaremos en otra entrada, e íbamos con un claro objetivo, comer un buen cochinillo o un sabroso cordero. Decisión que tomamos gracias a nuestro amigo Luis, segoviano como el que más. El día no era el más indicado para realizar una visita. La temperatura no superaba los 7-8ºC y los copos de nieve caían de manera intermitente haciendo el día realmente complicado, de manera que decidimos únicamente ir a comer y no visitar apenas la localidad, que no obstante te envuelve con un aroma muy especial con un simple paseo de 100 metros por cualquiera de sus empedradas calles. El restaurante al que fuimos es de remarcar. Es de mucha importancia mencionar que Pedraza tiene fama (merecida) de ser un lugar de escape (para sobre todo madrileños) en el que comer posiblemente el mejor cordero o el mejor cochinillo de todo el país, por ello es aconsejable reservar mesa por teléfono SIEMPRE. Aquella primera vez fuimos a comer al Restaurante El Jardín y fue excelente. Una ración de cochinillo para “la persona que está a mi lado” y otra para mí hicieron las mil delicias junto a una buena fuente de patatas fritas y una contundente ensalada. Todo de una calidad de diez, y por un precio aproximado de unos 35 € por persona con una tarta de queso de la tierra que completó la comida de manera excelente. Debido a las inclemencias del tiempo, no pudimos hacer otra cosa que coger de nuevo el coche para volver a nuestra tierra.

pedraza (25)Tras aquello no podíamos decir que conocimos Pedraza; hoy realmente puedo decir que lo conozco. Hace tan sólo dos semanas y con un tiempo mucho más primaveral decidimos, junto a nuestro matrimonio preferido, ir a visitar Pedraza. Nosotros íbamos como guías pero en realidad conocíamos poco más que ellos. Lo único que conocíamos era el Restaurante El Jardín y ese mismo día estaba lleno, con lo cual tuve que reservar mesa en el Restaurante El Soportal, aconsejado por una persona que considero que “sabe lo que come”.  Dos raciones de cochinillo, dos de cordero, una ensalada y un plato también de patatas fritas hicieron de nuevo reafirmar nuestra opinión de que el mejor cochinillo que he probado se hace en Pedraza.
El cordero también es grandioso. En los postres, probamos también la tarta de queso, como es habitual en mí pues es mi favorita, y también tremenda, y el ponche segoviano, hecho con un bizcocho relleno de crema pastelera y mazapán. La calidad de 10 también pero quizá un 2-3% más caro que el Restaurante El Jardín, en el que habíamos comido en nuestra primera visita a Pedraza. Es posible que ese incremento casi inapreciable de precio se deba a que éste último se encuentra en plena plaza del pueblo, por lo cual es 100% recomendable pedir mesa junto a la ventana a la hora de hacer la reserva. Justo ahí se rodó el anuncio de la lotería de Navidad (el famoso anuncio en el que aparecen Bustamante, Marta Sánchez, Montserrat Caballé y Rafael).

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Hablemos de lo importante, el pueblo, la villa. Justo después de la comida, a las 17.00 horas daba comienzo la ruta guiada por las calles de la centenaria villa. La guía era la misma persona que se encargaba de vender las entradas en la Oficina de Turismo de Pedraza, que se encuentra bajando la calle Real, justo en la calle que se abre a la izquierda del Restaurante El Soportal.

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Tras adquirir las entradas por un precio de 3€ por persona, regresamos hasta la Plaza Mayor, desde donde comenzó la ruta. Entremos en detalle. La plaza es magnífica. Es una típica plaza castellana rodeada de viviendas todas ellas con un escudo en su fachada. El suelo está empedrado, como en el resto del pueblo, y en cada casa hay un balcón. Los grandes acontecimientos antiguamente se celebraban en esta preciosa plaza. Obviamente las grandes personalidades tenían que poseer un emplazamiento en aquellas corridas de toros, festejos e incluso ajusticiamientos, normalmente con la horca. Se puede observar, incluso, que en la iglesia central de la plaza (Iglesia de San Juan), lo que se supone la Iglesia Mayor y la que actualmente está abierta al culto en la localidad, existe un pequeño balcón que no muestra sintonía alguna con dicha iglesia (posteriormente explicaré por qué).

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Hay varias cosas muy llamativas en el lugar pero algunas de ellas no saltan a la vista. Es mejor ir con ellas aprendidas. Lo primero que choca cuando uno se fija desde el centro de la plaza es que todas, absolutamente todas las casas de Pedraza tienen en su fachada principal un escudo, el escudo de la familia, del apellido que se lleva. En su momento Pedraza fue una ciudad importante, de casi 5000 habitantes y era una localidad potente económicamente hablando cuyos habitantes eran poderosos y fijaron escudos en sus fachadas que aún hoy perduran. Hoy en día existe una ley mediante la cual todas las viviendas de nueva construcción tienen que seguir un patrón que no difiera de las construcciones antiguas.

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Como antes comentaba, hay curiosamente un balcón en la iglesia de la Plaza Mayor que no encaja mucho con la construcción religiosa. En su altillo se lee:

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“Este sitio y balcón es de Juan Pérez de la Torre y Zúñiga de este orden Caballero”

Aquel importante personaje nobiliario se vio obligado a negociar con la iglesia la construcción de un pequeño balconcito que le diese la opción de participar de forma pasiva en esos acontecimientos que comentaba, como corridas de toros, ajusticiamientos y cualquier otro tipo de festejo, ya que su residencia no formaba parte de la plaza, sino que estaba en una de las calles que radian de ella.

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Por otra parte hay que decir que prácticamente la totalidad del suelo de la villa está construido de piedra con lo cual es aconsejable ir con un calzado cómodo. Hay otras muchas curiosidades en el lugar, pero entre ellas una llama la atención. Desde el centro de la plaza se puede comprobar, si se observa detenidamente, que las tejas de todas las casas están colocadas al revés. Lo hicieron, y se sigue haciendo así, por dos motivos: uno de ellos y fundamental en su origen es el económico, ya que se ahorraban la parte de arriba, y el otro es que debido a los duros inviernos que se pasan en Pedraza y las constantes nevadas que recibe el pueblo, los tejados dejan resbalar la nieve evitando que se acumulen encima de las casas afectándolas de manera considerable.

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Nuestro camino desde la bella plaza continuó por un pasillito muy estrecho, justo al lado del balcón del que hemos hablado, que desde lejos no daba la sensación de ser una calle (de hecho primeramente pensé que era la entrada a alguna pensión ya que veía entrar y salir a muchos turistas). Realmente era una calle, una preciosa calle que iba a dar a una todavía más bonita plaza, llamada desde antaño Plaza del Ganado. Nos comentaron que antiguamente en dicha plaza se intercambiaba el ganado y el pescado y además todavía hoy servía de toriles cuando se celebran las corridas de toros en las fiestas, que son entre el 6 y el 10 de septiembre de cada año. Las corridas desde hace siglos se siguen produciendo en la plaza donde la gente pudiente sigue saliendo a los balcones para verlas en directo. A la izquierda de la pequeña plazoleta parece haber unas rejas que sirven como pequeño baúl de los secretos. Actualmente es el Museo Arqueológico Regional y posee algunos sarcófagos y columnas romanas entre otras cosas. Además, el pequeño recinto funciona como decorado de películas y series tan famosas como “Águila Roja”. El lugar se transforma en la cárcel de la villa en la serie.

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Desde allí marchamos hasta la pequeña Plaza de la Olma, llamada así porque en medio de la misma un árbol centenario se levantaba imponentemente. Actualmente, es un álamo el que reina en el lugar. La diferencia entre olmo y olma es únicamente su edad: al convertirse en centenario, el árbol pasa al género femenino. Nos contó la guía que una tremenda enfermedad se enfrentó a estos árboles hace doscientos años acabando con la práctica totalidad de los olmos y olmas en la península, incluida la que allí había. Una vez la grafiosis remitió habiendo acabado con la vieja olma, se replantó un álamo en su lugar.

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Desde el centro de la villa fuimos caminando por la empedrada Calle Mayor comprobando como las piedras bajo nuestros pies comenzaban a convertirse en arena. Al horizonte, el gran castillo que se aprecia cuando uno se acerca desde cualquier lugar a Pedraza.

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pedraza (37)El castillo, del siglo XIV, posee hoy en día el nombre de Castillo de Zuloaga. Fue levantado sobre antiguas fortalezas romanas y musulmanas y habitadas por familias nobles como las de Herrera y Fernández de Velasco. Hoy en día se utiliza el castillo como recibo turístico todos los días exceptuando los lunes. Eso sí, puede ocurrir como nos pasó a nosotros. Curiosamente se utiliza también para la celebración de ceremonias y actos privados. Hace dos semanas había uno y nos quedamos sin visitarlo. Eso sí, pudimos contemplar la magnífica puerta principal de madera de roble con pinchos de hierro que se clavaban en las armas de asedio que se utilizaban contra ella.

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Volvimos sobre nuestros pasos pasando por la Iglesia de Santa María, hoy prácticamente en ruinas. Supimos que en momentos de esplendor de la ciudad hubo hasta siete iglesias abiertas al culto de las cuales hoy sólo una se mantiene enteramente en pie y disponible al rezo.

Poco nos quedaba para finalizar la visita, pero todavía nos esperaba un agradable paseo a través de la Calle de la Calzada, donde antiguamente se asentaron los judíos que habitaron la villa. Al final de dicha calle comienza la calle Procuradores, donde nos mostraron una de las casas que perteneció a la iglesia y dónde se implantó una de las sedes del Tribunal de la Santa Inquisición que había en Castilla.

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Finalizamos llegando a la Puerta de la Villa y al torreón que funcionó hasta hace no tantos años como la Cárcel de la Villa, y que posteriormente visitamos por dentro. En cuanto a la Puerta de la Villa, del siglo XI, decir que es uno de los más conocidos tesoros del lugar por ser todavía hoy único punto de entrada y salida de la localidad y en la que preside un hermoso escudo de armas perteneciente al noble Íñigo Fernández de Velasco. El otro personaje digno de mención e hijo predilecto de Pedraza es el pintor eibarrés Ignacio de Zuloaga, que llegó a Pedraza en 1926 enamorándose perdidamente de la villa y encontrando allí la inspiración que necesitaba para convertir en obras de arte sus pinturas. Hoy sus descendientes tienen diversas dependencias en la ciudad, entre ellas el castillo. Una anécdota curiosa que contaba la guía fue que el pintor invitó a una famosa actriz americana de armas tomar y a la que quiso dar a conocer el lugar que había elegido para vivir. Las puertas, mejor dicho, la puerta de salida y entrada estuvo cerrada desde las 22.00 horas hasta la mañana siguiente lo cual obligó a la distinguida dama a dormir en las puertas de la villa. Zuloaga advirtió sin suerte a su invitada…

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Decidimos visitar la antigua Cárcel de la Villa, hoy convertida en museo. Las entradas costaron sólo 3€ por persona y básicamente visitamos las diversas estancias de todo el torreón. Nos contaron las tremendas atrocidades que se les hacían a los presos y las lamentables condiciones higiénicas, físicas y psicológicas a las que se enfrentaban. Tan duro sería aquello que cuando en el siglo pasado se decidió hacer una gran limpieza, se encontraron restos humanos entre los metros y metros de excrementos que cubrían los habitáculos. Nos mostraron diversas celdas, concretamente me impactaron unas hechas con madera, con grandes troncos pedraza (65)que no dejaban entrar la luz del sol. Lo confirmamos cuando entramos en una de ellas y cerramos la puerta: ni un mísero rayo de luz. También visitamos la habitación del carcelero, única estancia en la que había algo de calor gracias a la chimenea que le servía como cocina y como calefacción. En el resto del torreón, curiosamente, hacía un frío bastante mayor que el que hacía en el exterior, en la calle, dónde rondaban los 15 grados. Pudimos también disfrutar de las vistas que ofrecían algunos ventanucos de la parte superior de la torre de la cárcel, tanto hacia la villa como hacia los campos que la rodean.

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Finalizamos la visita a la querida ciudad de Pedraza tomando algo en la única taberna que persiste como en su origen en toda la localidad: la Taberna de Mariano. También situada en la misma plaza principal del pueblo, nos trasladamos a la edad media tomando un refresco en puertas de dicho establecimiento. El interior fue maravilloso visitarlo y la gente que lo regentaba era realmente afable y amable, como la cuadrilla que había en las mesas al lado de nosotros en la preciosa fachada de la taberna.

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Así nos fuimos alejando de la villa, nos marchamos por la puerta por la que horas antes habíamos entrado y dejando atrás un pueblo al que espero, volvamos pronto. Quién sabe si para el festival de las velas cuya plaza ofrece un concierto sinfónico los próximos 5 y 12 de Julio y mediante el cual la villa se llena de velas y aparta de la luz artificial durante unas horas…

Todo es posible…

GALICIA, TIERRA DE MISTERIO Y TRADICIÓN… PARTE I


ANTES DE NADA…

Antes de nada me gustaría poner en conocimiento de todos la posibilidad que tuvimos (gracias a Ángel, como posteriormente cuento) de realizar las visitas guiadas que hay organizadas en la ciudad de La Coruña por el ayuntamiento y mediante las que diversos personajes históricos resucitan para contarnos la historia de la ciudad. Especial mención merece el historiador Suso Martínez que encarna a todos estos personajes. Tanto Xoan Fernández de Andeiro, como Mil Espane o Don Fiz de Cotovelo nos rogaron que habláramos de ellos y de sus andanzas una vez que regresáramos a nuestras tierras, y en su honor, no vamos a faltar a nuestra palabra…

LA CORUÑA, DÍA 1: TOMA DE CONTACTO CON LA VILLA

Reservamos nuestra estancia en tierras gallegas, concretamente coruñesas, con bastante antelación. Teníamos unos días tras el puente de diciembre que se celebra en España correspondiendo al día de la Constitución y al día de la Virgen de la Inmaculada, y al quedarnos con pocas ideas en mente sobre dónde ir, nos pareció un plan a tener en cuenta el que tuvieron unos familiares muy cercanos. Aprovecho de antemano para agradecer públicamente los cinco maravillosos días que pasamos en aquellas misteriosas y fascinantes tierras con ellos. En especial, agradezco a Ángel el conjunto de ideas que tuvo y algunas de las visitas que, por sorpresa para nosotros, ya había reservado. Tan grata sorpresa como fascinación nos produjeron las visitas guiadas que nos ofrecía el historiador gallego Suso Martínez, dignas de mención y aprobación (rebosaba la sabiduría y cultura de un gran catedrático, el entusiasmo y la fuerza de un gran actor y el conocimiento e ilusión de una persona de la tierra que expone a través de acontecimientos, reales y místicos, las ideas de un pueblo y una tierra que parecen estar por momentos embrujados y consiguen, en unos instantes, embrujar al visitante de esta tierra misteriosa).

Como decía, cuando reservamos estancia, teníamos a favor la magnífica idea de contemplar por fin tierras gallegas a fondo, ya que disponíamos de cinco días completos, pero teníamos en contra la incertidumbre de los fenómenos atmosféricos que se dan en estas fechas por aquellas zonas… La certeza de que tendríamos nubes y agua por todos lados era casi completa, cosa típica de Galicia, según teníamos entendido… Como explicaré posteriormente, nos equivocamos rotundamente.

Nuestra llegada tuvo lugar el viernes 6 de diciembre del pasado año. Partíamos de lo más profundo de la península dejando atrás niebla, frío y nieve incluso al pasar por algunas de las cordilleras que atravesábamos. Partimos pronto y en aproximadamente cinco horas (con parada en el precioso pueblo de Tordesillas para proveernos de un hermoso desayuno) estábamos en La Coruña. El hotel Meliá María Pita nos esperaba sobre las playas de Orzán y Riazor para darnos cobijo durante las próximas cinco noches. El hotel de diez, totalmente aconsejable. La posición de las habitaciones me dejaron noqueado. Dábamos literalmente al mar, la brisa del Atlántico pegaba directamente en nuestros rostros y el sonido de las olas se sentía totalmente desde arriba. A uno de los miembros de nuestro pequeño grupo le producía algo de inquietud el escuchar las olas tocando casi la puerta de nuestro hotel, pero a mí me parecía maravilloso.

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Llegamos a la hora de la comida y en 500 kilómetros la meteorología cambió trasladándonos a la primavera y mostrándonos un cielo azul casi por completo con una temperatura que se acercaba a los 20 grados (en pleno diciembre, reitero).

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Sinceramente, no esperaba mucho de La Coruña. Me informé vagamente del contenido cultural que podría aportarnos la ciudad y las expectativas fueron rebasadas totalmente. Desde el primer momento, me empezaron a embrujar las calles que divergían en torno a la maravillosa Plaza de María Pita, donde un deslumbrante edificio correspondiente al ayuntamiento presidía con gran gala como dándonos la bienvenida a la ciudad.

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Comimos en una de las muchas tabernas que había en los soportales rodeando la plaza. Empezamos probando un plato típico de la tierra como es el raxo con patatas (y es que una vez más recuerdo que para mí, la gastronomía de los lugares que visito es un atractivo más que, sin duda, necesito conocer). Nada más que comentar sobre el primer sitio en el que comimos. Un aprobado puede ser merecida nota para el lugar, ya que el servicio no era gran cosa y la comida tampoco era espectacular.

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Por la tarde descansamos un poco tras pasear por algunas de las callejuelas del casco antiguo y por el paseo marítimo que daba prácticamente a la puerta de nuestro hotel. Tras contemplar la maravillosa brisa atlántica que rociaba nuestros cuerpos decidimos descansar (casi a petición de nuestros compañeros de viaje) para disponernos a acudir a lo que nuestro querido Ángel había planeado de antemano, la visita guiada nocturna de la villa de mano de un personaje histórico que había resucitado por unas horas para mostrarnos la parte más antigua y bonita de La Coruña.

El coruñés Xoan Fernández de Andeiro, personaje relevante del siglo XIV no sólo en Galicia, sino también en Castilla y especialmente en Portugal (investiguen por qué, es muy curioso), tomó vida, como dije anteriormente, para contarnos durante aproximadamente hora y media hechos que se produjeron durante su mandato en La Coruña, con levantamientos incluidos, y de paso, aprovechó para mostrarnos las maravillosas callejuelas pertenecientes a la vieja ciudad de A Coruña, puerta del Atlántico. Comenzó también a darnos algunas de las pinceladas de la superstición y tradición que desde los tiempos del Conde de Oren (Xoan Fernández de Andeiro) hasta hoy perviven en las peculiares y maravillosas gentes del lugar.

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Y es que, tengo que subrayar que los gallegos me parecieron gente honrada, amable, y honesta porque cuentan las cosas como las sienten y no para mostrar al viajero cosas maravillosas del lugar, sino porque así las sienten en lo más profundo de su corazón. Para ejemplo recalco de nuevo a la persona que tomó el papel del Conde de Orén, el historiador Suso Martínez. La visita la catalogo simplemente de magnífica. Mi asombro llegó por completo cuando Ángel nos confirmó que la visita fue gratuita, simplemente tuvo que facilitar sus datos y el número de personas que asistiríamos a dicha visita al Ayuntamiento de A Coruña. Xoan Fernández de Andeiro, el Conde de Orén, insistió en varias ocasiones en que no faltáramos a la visita que a la mañana siguiente, otro importante personaje gallego mostraría en torno a la Torre de Hércules.

La noche acabó y no puedo poner una nota inferior al 10 respecto a nuestro primer día en tierras galaicas. Esa noche no eché la cortina, me dormí escuchando el rumor de las olas y me desperté con los primeros rayos de sol que se reflejaban en el Cantábrico. Me entusiasmó el pensar que todavía me quedaban cuatro amaneceres que contemplar desde la ventana que reposaba sobre el Atlántico.

 

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CORUÑA, DÍA 2: PROFUNDIZANDO EN LA HISTORIA Y TRADICIONES CELTAS

El sábado 7 de Diciembre, tras un grandioso desayuno que nos ofreció el Hotel Meliá María Pita, nos dirigimos, con prisa, pues llegábamos justos a los pies de la Torre de Hércules, a nuestra segunda visita. ¿Quién sería el personaje histórico que nos mostraría las raíces de lo que es la actual Galicia?

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corunaMil Espane era tal personaje (y lo mejor y más sorprendente es que Suso Martínez volvía a encarnar el personaje). La vestimenta era curiosísima. Gracias a lo que Mil Espane nos iba contando, me transportaba hacia lo místico y lo mágico de la civilización celta. Lo más curioso era todo lo que hablaba del más allá, del mundo de los muertos y de la delgada línea que separa ambos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Mil nos contó que “su abuelo”, Breogán, rey de Brigantia (actual Coruña) construyó la Torre de Hércules para divisar en el horizonte una delgada línea verde que correspondía a la costa irlandesa. Supimos gracias a sus relatos que concretamente un día de Samaín de hace siglos, Mil conquistó la gran Irlanda. A parte de este gran acontecimiento nos habló sobre una misteriosa puerta que se encuentra situada a los pies de la propia Torre y que es conocida como “la puerta al más allá“. Hay que tener especial cuidado con sobrepasarla, especialmente el día de los difuntos (1 de Noviembre), ya que ese día la línea es más delgada que en ningún otro momento y en cualquier instante puede confundir si uno está dentro del mundo de los vivos o si lo está dentro del de los muertos, nos sugería el guerrero. Para completar la visita, Mil Espane nos llevó frente a los acantilados del Mare Tenebrossum (actual Atlántico), según cuentan, frontera antes del más allá, o como el propio nieto de Breogán nos explicaba, lanzadera directa hacia el Alén.

Finalizamos la magnífica escenificación de Suso Martínez, rogándole el poder asistir a otra de las visitas que se hacían ese mismo día, esa misma noche en el Cementerio de San Amaro, el cementerio de la ciudad. Tuvimos que rogar porque para esta visita había lista de espera (máximo de 30 personas), y más concretamente esa noche, ya que se llegaba a la visita número 1000 al cementerio desde que unos meses antes se empezaron a organizar estas visitas.

Tras las maravillas que Mil Espane nos mostró, no pudimos hacer otra cosa que poner a punto nuestro cuerpo con una estupenda comida, esta vez sí, en un restaurante que nos resultó de una excelente calidad. El restaurante, prácticamente en el Paseo marítimo (concretamente en la calle Comandante Fontanes nº1), se llama “Comer y picar”. Degustamos unas excelentes zamburiñas, y unos estupendos pescados de segundo recién cogidos del Atlántico, entre los que no faltaron fritos de cigala. Para comer en este restaurante, es aconsejable realizar una reserva, y más aún si se desea consumir el menú degustación, ya que puede ser que al pedirlo allí directamente, no tengan la suficiente cantidad de algunos productos.

http://www.comerypicar.com/

A las 21.00 horas despertaba en el Cementerio de San Amaro, situado frente al mar y que forma parte de la Asociación Europea de Cementerios Singulares. Primeramente me gustaría comentar quién fue San Amaro (o San Mauro), que por cierto, estuvo en vida en el más allá, en el paraíso terrenal. Otro de los personajes históricos, nuevamente encarnado por Suso, que nos hablaría de temas “políticamente incorrectos”. Nos hablaría del más allá en un paseo por el cementerio que nos puso los pelos como escarpias pero que resultó una experiencia inolvidable. Se nos habló de difuntos y personas allí enterradas, entre ellos, escritores y políticos de renombre, de familias pudientes y, especialmente, recuerdo el acontecimiento que protagonizó un niño al intentar salvar a una mujer en la playa de Orzán, que tantas vidas ha arrebatado, junto a la de Riazor, y que allí está enterrado. Para finalizar el paseo, Don Fiz de Cotovelo, el alma en pena que encabezaba la visita, nos afirmó que formábamos parte de la Santa Compaña o procesión de muertos que vagaba en aquel momento por el cementerio. ¡¡Simplemente mágico!! Inolvidable, sin duda. Gracias de nuevo, Ángel.

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Para hacer la reserva de esta, o alguna de las anteriores visitas os dejo un enlace que os será de gran ayuda:

http://www.turismocoruna.com/web/corTurServer.php?idSecweb=97&idInfo=556&idCategoria=240

Finalizamos nuestro segundo día en Brigantia… perdón, en La Coruña, con una cena en plan tapeo en la tasca O Tarabelo (por las calles del centro podéis encontrar centenares de bares de tapas a muy buen precio y bastante buena calidad) en la que probamos otra delicia gallega: la zorza,  y regresamos a descansar a nuestro magnífico hotel.

TÚNEZ, PARTE IV: UN GRAN E INTENSO DÍA EN EL SAHARA


Comenzamos el día con muchísimo ánimo debido al embrujo que cubría todo mi cuerpo y mente gracias a la maravilla contemplada el día anterior. ¡El desierto me había fascinado!

Tras un potente desayuno pusimos rumbo a El Jerid (El país de las Palmeras) con destino Tozeur. Por una carretera estrechísima y en una recta que parecía infinita, divisábamos un paisaje totalmente desértico, pero al mismo tiempo parecíamos ir avanzando hacia una lejana cadena montañosa que empezaba a descubrirse en el horizonte. Mediante esa carretera por la cual nos aproximábamos a la frontera con Argelia llegamos a un lugar de ensueño. Un lugar fascinante por su rareza. Jamás he visto nada igual y difícilmente debe existir un lugar parecido a “Chott El Jerid” (Lago salado).

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Obviamente hicimos un alto para contemplar la magia del lugar. Era como estar en medio de la nada. Para poder explicarlo, nos situábamos en una llanura kilométrica por la que atravesaba una estrecha carretera, como anteriormente dije, y a unos 20 metros sobre el nivel del mar. Había pequeños charcos en algunas zonas, charcos de agua salada, y es que nuestro guía nos comentó que en algunas épocas del año aquella inmensa llanura se llena de agua salina y deja esos resquicios de sal que encontramos nosotros.
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Se pueden arrancar del suelo pequeñas porciones que uno lógicamente se puede llevar a casa, lo malo es que al ser pura sal, la piedra es muy frágil, y lo más fácil es que llegue hecha añicos.  A pesar de ser un día caluroso corría una cierta brisa que suavizaba la temperatura del lugar. Hay que tener en cuenta además, que no eran tan siquiera las 9.00 de la mañana, con lo cual el sol todavía no apretaba con la mayor fuerza posible, como sí lo hizo más tarde.

Impresionado aún por el lago salado, en este caso seco, llegamos a aquella cadena montañosa de la que hablaba anteriormente. La frontera argelina quedaba a menos de 20 kms lo que indicaba que estábamos en el interior de África, en medio del mismísimo desierto del Sahara. Sin embargo llegamos a un enclave en el cual las palmeras eran tan altas que sobresalían por encima de las colinas que había ante nuestros ojos.

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El paraje era nuevamente indescriptible. ¿Cómo era posible que en medio de la nada naciese un paraje natural como el que había en aquel enclave? Estábamos en un Oasis, concretamente llegamos a los Oasis de Tamerza y Chebika. Un guía (bereber) de la zona nos mostró el lugar. Primero subimos a lo alto del asentamiento que allí había. Realmente parecía un antiguo pueblo abandonado y prácticamente en ruinas.

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Sin embargo, lo bonito no eran las casas sino el paisaje en el que nos encontrábamos, donde entre otras, se rodaron escenas de películas como “Memorias de África” o “El Paciente Inglés”. Toda la naturaleza que parecía salir de la mismísima nada salía de un lugar. Nos fuimos adentrando en el oasis. Íbamos avanzando entre palmeras y flores por la ladera de una montaña en la que aparecían fósiles de mejillones y otros crustáceos (no olvidemos que hace millones de años esta zona estaba cubierta por el mar), hasta dar con un riachuelo que era el que daba vida a toda aquella maravilla. Fuimos siguiendo el agua pero a contracorriente hasta llegar a un pequeño estanque formado por la caída de una imponente cascada.

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El agua del pequeño estanque que había en el corazón de aquel oasis era azul celeste debido a los minerales que hay en la roca de aquella cadena montañosa, perteneciente a la cordillera del “Gran Átlas“. Volvimos entre palmeras, esta vez por la ribera del riachuelo, atravesando el oasis por el lado contrario al cual lo habíamos recorrido en la ida.

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Tras esto nos esperaba la gran aventura de recorrer el desierto de dunas montados en un 4×4 dirección al enclave en el cual Peter Jackson decidió rodar la saga “Star Wars”.

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Nuevamente en medio de la nada y tras una descarga excitante de adrenalina gracias a las “burrerías” que el conductor del todoterreno iba haciendo, apareció esa sorpresa. Una sorpresa de cartón piedra. Casitas del mismo color que la arena del desierto hacen que parezca que existe un pueblo que en realidad no existe. La astucia de los comerciantes del lugar ha hecho que tras el rodaje de una de las películas de la saga “Star Wars” no se derribaran las casitas que se prefabricaron para el mismo, comenzando a tener un cierto interés turístico que ha hecho del lugar una visita muy recomendable, sobre todo por el paisaje del que está rodeado.

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Posteriormente y tras un paseo algo más tranquilo que el anterior, volvimos hacia nuestro autobús, que nos esperaba para llevarnos a comer a la localidad más cercana. Recuerdo que comimos un revuelto de verduras frescas de primero y un buen plato de carne (no sé muy bien de qué pero descartado queda el cerdo) de segundo. No me disgustó, mientras que “la persona que está a mi lado” me ofreció gentilmente su ración, pues la comida seguía sin ser de su agrado…

Tras la comida viajamos rumbo al hotel, que se situaba en la ciudad de Tozeur, y descansamos por la tarde, agradeciéndolo enormemente, y disfrutando de la gran piscina que tenía el hotel de circuito en el que nos alojamos, que en esta ocasión sí que hacía honor a su categoría de 4 estrellas.

Había un “extra opcional” que consistía en una cena con espectáculo que elegimos contratar (por unos 40 dinares por persona, 20 € al cambio). Tomamos una gran decisión…

Machram y nuestro chófer durante todo el circuito nos esperaban sobre las 19.30 en la puerta del hotel para llevarnos al lugar donde disfrutaríamos de la esperada cena que nos ofrecerían. No salimos de la ciudad de Tozeur, me dio la impresión de que apenas llegábamos a las afueras de la pequeña localidad. Bajamos del autobús y ya a pie nos dirigimos hacia un recinto flanqueado por unas grandes y hermosas puertas de estilo árabe. Nada más entrar, un largo pasillo con antorchas a ambos lados que iluminaban nuestro camino. Tras brindar con un sabroso y refrescante cocktail (sin alcohol-recordemos que los musulmanes practicantes no toman alcohol-) compuesto por frutas exóticas como el mango, nos llevaron hacia una enorme explanada. Se trataba de una gran explanada de tierra en la que rodeados de antorchas presenciaríamos un espectáculo ecuestre que hicieron ponerse los pelos de uno como escarchas…

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Fue realmente bello. Había varios jinetes, algunos con trajes oscuros de temible guerrero musulmán y con magníficos caballos negros y otro de ellos con vestimenta también de guerrero pero blanca y con un hermoso caballo blanco. Todos realizaron magníficos números ecuestres, incluso simulando una lucha entre uno de los guerreros negros y el blanco. Éste último salió victorioso. Como decía, todavía no había comenzado la cena y ya había merecido la pena pagar esos 40 dinares que pagamos por persona.

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Posteriormente al número ecuestre, le siguió uno en el cual un encantador de serpientes y tarántulas era el protagonista. Él y nuestras parejas, que también salieron a escena para soportar que dicho encantador rodeara sus brazos con serpientes de diversos tipos. No tan impresionante como el primer número pero notable.

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Antes de llevarnos al comedor nos condujeron a unas jaimas, en las cuales “mujeres del desierto”, bereberes en realidad, hacían labores típicas diarias como muestra para los espectadores (lo habíamos vivido anteriormente en las casas bereberes). Algunas cosían, otras hacían aquel sabroso pan que anteriormente probamos y molían trigo… Después de esta pequeña visita sí nos condujeron hacia el comedor.

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El comedor realmente estaba bajo una especie de gran jaima. En medio, un pequeño escenario nos daba una pista sobre lo que podía acontecer.
tunezEl menú estaba elegido. Mientras nos servían un imponente consomé (chorba) tan delicioso como abrumador (por la temperatura que teníamos, y es que esa noche fue de las más calurosas de todo el viaje no bajando seguro de los 28 grados), un primer grupo de musulmanes con una típica vestimenta se dispusieron a tocar una
alocada pero hipnótica música para que una joven nos mostrara una especie de danza del vientre mientras hacía malabarismos colocándose diversos artilugios sobre la cabeza y ganándose los aplausos de los 30-35 viajeros que disfrutábamos de la noche. A todo esto, gastronómicamente hablando íbamos por un segundo plato compuesto de verduras y especias a montones que hacían subir los calores de más de uno (ensalada mechuia), empezando por mí. Posteriormente, bajaron del escenario los músicos que racialmente se calificarían de norteafricanos (por su tez morena pero no oscura) y llegaron unos nuevos artistas con la piel realmente oscura que parecían más bien subsaharianos. Eran hombres del desierto, touareg, hombres, y un niño que también participaba en las extrañas danzas que iban mostrándonos junto a la música en directo que ellos iban ofreciéndonos con pequeños pero contundentes instrumentos de percusión.  Con ellos nos iban sirviendo el plato estrella de la noche, por supuesto, un cus-cus que fue de los mejores que probamos en todos los días que pasamos en Túnez. Una vez finalizada la tanda de bailes y músicas que nos ofrecieron los touaregs, nos pusieron en las mesas los postres: esta noche tocaba probar un Makrouhd, un exquisito dátil recubierto de una masa de hojaldre y miel. Estábamos realmente llenos, yo especialmente ya que como siempre comía mi ración y parte de la de “la persona que está a mi lado” que aunque parecía ir abriendo el apetito y acostumbrándose a la gastronomía rica y típica tunecina (por cierto, no muy variada) no era capaz de acabar con su ración completa bajo ningún concepto.

Finalizamos la cena y los espectáculos y llegamos al hotel cerca de las 23.00 horas, lo que era una auténtica noche de ronda teniendo en cuenta el ritmo de vida que allí llevan a cabo y sobretodo sabiendo el duro día que nos esperaba ya que nos dispondríamos a regresar a la costa (y por qué no decir a la civilización) y abandonaríamos nuestro amado desierto…

Para comer en Cala’n Porter (Menorca)


Como he dicho en muchas ocasiones uno de los atractivos de viajar es, sin duda, conocer la gastronomía del lugar al que nos dirigimos. En mi opinión viajar a cualquier lugar y no comer platos típicos de la tierra, no me parece viajar plenamente. Para ello os voy a aconsejar varios sitios a los que he tenido la fortuna de ir y que estoy seguro os serán de gran ayuda.

Si queréis probar uno de los platos típicos por excelencia de la isla, no podéis dejar de ir al restaurante La Vela. Allí pedid una buena caldereta y por un precio bastante bueno podréis probar la mejor que yo he comido en toda la isla.

Otro de los sitios donde merece la pena comer es el Bar Pons. Bien ubicado y con un servicio súper personalizado podréis desde tomar una cervecita o un refresco con un pinchito de paella hasta comer las mejores gambas menorquinas o una más que notable caldereta. La tarta de queso no recomiendo dejarla escapar… pocas he probado tan buenas.

La Palette es otro de los lugares donde queda demostrado que en Menorca, a parte de buenas gambas, gambones, langosta y demás marisco se come también muy buena carne (de ternera en concreto). Y es que un buen bistec no nos hace mal a nadie nunca… Sobre todo si viene ofrecido por un excelente servicio y un acogedor lugar.

Aunque, en mi opinión no lo sea tanto como los otros, también es recomendable el restaurante Club Menorca. Si lo que quieres es una velada con tu pareja y cenar considerablemente bien contemplando las mejores vistas de Cala’n Porter este es el restaurante ideal.  Hay variedad, es un sitio precioso desde el cual se divisa la cala por completo. En cuanto a la relación calidad-precio sinceramente… se paga el bello lugar donde se come o se cena. La comida no es lo mejor del restaurante.

Mención especial merece el sitio por antonomasia no solo de Cala’n Porter sino de la isla entera, La Cova d’en Xoroi. Véase en la entrada dedicada exclusivamente al sitio, lo merece.