PASEANDO POR LAS TRADICIONES Y LEYENDAS DE DOS DE LOS PUEBLOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA: MOGARRAZ Y LA ALBERCA


Es obvio que para nosotros un fin de semana sin asuntos laborales por delante es sinónimo de viaje, de nuevas tierras por conocer. Sin embargo, el pasado fin de semana (primero de Agosto) estuvimos titubeando sobre si viajar, dónde viajar y cómo viajar hasta el último momento. Y es que hasta el viernes no tomamos la decisión final. Lo que yo pretendía en realidad era, que mi mente se trasladara lo más lejos posible, ya que el estrés que invadía mi cuerpo y mi mente la anterior semana hacía complicado el hecho de afrontar un fin de semana más en nuestra ciudad, rodeado de lo que nos envuelve cada día de la semana. En fin, necesitaba evadirme totalmente aunque fuera por 48 horas.

El destino, como comentaba, fue elegido casi en el descuento, concretamente el viernes a mediodía. Escogimos la zona de la Sierra de Francia, concretamente una pequeña villa denominada Mogarraz, muy cercana a la localidad de La Alberca, bastante más afamada. Sinceramente no estaba muy convencido en un primer momento del destino que nos esperaba, pero poco a poco fui empapándome de información sobre la región salmantina que tocaríamos y comenzó a engancharme. ¿Dónde nos hospedaríamos? Escogimos el Hotel Spa Villa de Mogarraz, con alojamiento, sesión de spa y desayuno incluido por un precio de 98€ para los dos. Respecto a los precios que había por la zona en hoteles considerablemente interesantes era cuanto menos sorprendente un precio tan económico. Marcharíamos rumbo a la Sierra de Francia, limítrofe con la mítica y misteriosa comarca de Las Hurdes, dónde tantas leyendas y tradiciones se guardan como un tesoro esperando a ser descubierto. Gracias a varios documentales, libros y reportajes era conocedor del arraigo con el que los habitantes de aquella comarca se acogen a sus milenarias tradiciones y las resguardan del paso del tiempo para que sigan tan intactas como hace siglos. El viernes por la noche nos aprovisionamos de toda la información necesaria para crear una ruta que nos llevaría por las localidades de Mogarraz, La Alberca, Salamanca, y alguna que otra sorpresa más, que posteriormente describiré.

Mogarraz (plano zona)

Dicho y hecho, salimos el sábado por la mañana sobre las nueve de la mañana, y tras una hora y media de viaje pusimos nuestros pies en la capital de provincia que se encuentra a más altura respecto al nivel del mar en toda España. Efectivamente hablo de Ávila, que tendrá una entrada en nuestro blog dentro de muy poco. Tras un suculento y económico desayuno en uno de los centros comerciales que se ubican en la periferia de la ciudad, cogimos de nuevo el coche para enfrentarnos a nuestro verdadero viaje. Desde Ávila podíamos tomar dos caminos: uno, era sencillo, continuar por la A-5 hasta llegar a Salamanca desde donde deberíamos dirigirnos, ya por carreteras comarcales hasta lo más profundo de la Sierra de Francia; sin embargo, escogimos la senda más salvaje, y pusimos rumbo a Piedrahita por medio de una carretera comarcal en buen estado y sin excesiva circulación, acompañados de un paisaje embellecido por la Sierra de Gredos que íbamos dejando a nuestra izquierda hasta plantarnos en otra serranía que prácticamente la daba continuación, la Sierra de Béjar. Los pueblos que comenzábamos a dejar atrás empezaban a ser pintorescos, muy bonitos. Sobrepasamos entre ellos Barco de Ávila y la propia localidad de Béjar. Tras esto, el paisaje se volvió agreste. La meteorología también, pues lo que comenzó en Madrid como una soleada jornada se convirtió en un nuboso y fresco día en el que la lluvia comenzaba a hacer acto de presencia. Los últimos kilómetros antes de alcanzar la localidad en la que nos hospedaríamos convirtieron mis deseos en realidad. Y es que realmente pareció que habíamos recorrido cientos y cientos de kilómetros. Dejamos atrás las altas temperaturas de la capital, los terrenos que en estos meses nos brindan un color amarillento por la falta de vegetación y la abundancia de campos estériles para adentrarnos en algo asombroso, en una maraña verde que envolvía por completo la carretera, que en los últimos kilómetros incluso dejó de mostrarnos la línea que limita un carril del otro. Nos adentramos en un carreteril, en buen estado, eso sí, pero en el que uno casi tenía que parar si se encontraba con un coche en dirección contraria.

Fue entrar en la villa de Mogarraz, chocar casi con el Hotel Spa Villa de Mogarraz, y sacar nuestros cuerpos del coche para comprobar cómo un ambiente totalmente opuesto al que sentía tan sólo hacía unas horas envolvía todo mi cuerpo. Estábamos inmersos en una sierra tan verde como infinita, en una pequeña localidad que impactó nuestras retinas por sus maravillosas construcciones de pizarra y granito y sus magníficas vigas de madera formando una ornamentación inigualable en dichas construcciones. Comprobamos porqué Mogarraz está, como una placa muestra en la entrada del pueblo, dentro de la red de los pueblos más bonitos de España, distinción que no tienen más de 24 localidades españolas.

Mogarraz (3)

Nuestros primeros pasos nos guiaron hacia el hotel, un hotel con encanto y rústico a la vez, completamente reformado para dar una sensación de cobijo al huésped, la cual debe ser tan acogedora en verano como en invierno. La recepción era pequeña, parece en diversos aspectos que nos encontramos en un hotel familiar, lo que favorece el trato que recibe el cliente. Tras recibir los consejos de la recepcionista sobre qué ver y visitar durante nuestra estancia en la comarca, subimos a dejar nuestras cosas para inmediatamente bajar de nuevo a comer. La propia recepcionista nos aconsejó un restaurante que está situado en la misma entrada de Mogarraz, un pueblo de poco más de 300 habitantes. La distancia entre el hotel y el restaurante, llamado Mirasierra, unos 15 ó 20 metros. En cuanto a la distancia entre el hotel y la plaza de la villa, no más de 400, con lo cual todo andando. Lo que sí debemos aconsejar es reservar en el restaurante Mirasierra, ya que debe llenarse todos los fines de semana. Nosotros tuvimos suerte ya que falló alguna reserva y pudieron atendernos a las 15.30.

Tuvimos tiempo para dar un pequeño paseo por la villa y adaptarnos a la maravilla que estábamos viviendo. ¡Y es que era justo lo que necesitaba! Paz, naturaleza, frescor en el ambiente (casi frío por momentos) y un clima de desconexión que me hizo entrar en éxtasis para no abandonarme en todo el fin de semana.

Mogarraz (mapa_turistico)

Como dije anteriormente,  hasta las 15.30 no nos dieron posibilidad de sentarnos en el restaurante Mirasierra, con lo cual investigamos durante la media horita que nos sobraba por las calles de la villa… o más bien por la calle, puesto que es una estrecha y larga calle la que recorre Mogarraz casi de principio a fin hasta desembocar en la plaza. Una calle que comienza en la llamada Ermita del Humilladero, con una pizca de misterio y otra de poder gracias a la cruz que se presenta en piedra ante ella.

Mogarraz (4)

Pero no es esto lo que llama la atención a los ojos de uno cuando entra en Mogarraz. Es algo mucho más obvio y misterioso. Y es que en cada fachada aparecen los retratos de personas que parecen de otra época. Esto ocurre en cada casa y construcción mogarreña, incluyendo la propia iglesia. La razón la explica un cartel cercano a la ermita del Humilladero. En el año 1967, el fotógrafo Alejandro Martín Criado retrató a cada habitante mayor de edad de la localidad para poner su fotografía en el entonces documento de identidad; dicho archivo fotográfico fue después rescatado por Florencio Maíllo, quién plasmó cada uno de los 388 retratos con la intención de dar un toque de morbo al mostrarse eterna y públicamente a lo ancho y largo el pueblo. Es cierto que la sensación que uno percibe al verlas es un tanto virulenta. Puede significar un poco macabro para alguno porque es cierto que cuando uno clava la mirada en alguna de ellas, ésta parece responderte fijándose todavía más en ti. Lo que no deja lugar a dudas es que el sello de originalidad que da a Mogarraz es único y exclusivo.

Mogarraz (5)

Mogarraz (12)Llegamos hasta la plaza en poco más de 5 minutos, lo que tardamos en recorrer la calle que atraviesa la villa. Chocamos directamente con la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en la que, a parte de encontrarnos con más rostros inmortalizados, comprobamos que el campanario estaba separado del resto del edificio sagrado. Tiene una explicación lógica,  y es que en vez de construir una iglesia entera dejaron la torre que servía allá por el siglo XVI de vigilancia para construir la parroquia principal en torno a ella. Lo que no pudieron fue unir ambos edificios por completo.

Mogarraz (16)

Tras ello, bajamos a la plaza Mayor, que curiosamente se encontraba vestida de gala para darnos a entender que eran fiestas en la villa. Realmente nos adelantamos, pues las fiestas son el segundo fin de semana de Agosto. No obstante, alrededor de la plaza estaban colocadas las barreras que se utilizaban en festejos y corridas de toros en todas las plazas castellanas antaño, algo que allí, como explico, se sigue haciendo. El ayuntamiento, con la misma estructura y arquitectura que cualquiera de las otras edificaciones del lugar, diferenciándose de ellas tan sólo por las banderas de la comunidad de Castilla y León y la de la provincia de Salamanca, se mostraba majestuoso, pero eso sí, se anteponía a la iglesia, con lo cual no dejaba ver en plenitud la parroquia mogarreña. Supongo que la misma pared del fondo del ayuntamiento sirve como muro limítrofe de la parroquia. Poco o nada de ambiente había en el lugar, lo que invocaba a una reacción absoluta que no me canso de decir que mi mente necesitaba el pasado fin de semana.

Mogarraz (13)

Pero el misterio y la tradición volvieron a dar un toque todavía más mágico a lo que estábamos viviendo. Tras dar una vuelta en torno a la iglesia nos encontramos con un macabro muro denominado por el cartel que allí rezaba “CALAVERNARIO” y que explicaba que aquella placa conmemora todos los cuerpos que allí iban a parar cuando no se podían almacenar en el cementerio.

Mogarraz (17)

La tradición llamó a nuestras puertas cuando volviendo por la calle principal dirección a la entrada del pueblo nos encontramos con el fabuloso cerdo de San Antón. Recuerdo a mi padre haberme contado en varias ocasiones que antaño un cerdo se soltaba por las calles del pueblo el día de San Antón y los vecinos participaban en su alimentación durante un año entero hasta rifarle un año después y bien engordado para aprovechar toda su carne. Bien, pues o retrocedimos algún siglo que otro en el tiempo o habíamos encontrado un lugar que quedó anclado en él manteniendo una tradición que yo consideraba extinguida. Allí sollozaba plácidamente el cerdito recibiendo el frescor de una fuente bajo la que se resguardaba.

Mogarraz (10)

Poco más nos dio tiempo a hacer antes de caminar de nuevo hacia la entrada del pueblo con destino el Restaurante Mirasierra.

Llegamos al restaurante a las 15.30. Reitero que lo aconsejable es reservar con anterioridad pues, a pesar de no tener sensación de haber gente en el pueblo, el restaurante estaba abarrotado. Las vistas desde el interior del restaurante de toda la Sierra de Francia son maravillosas.

Mogarraz (21)

Veríamos ahora a qué nivel estaba la comida… Adelanto que espectacular, tanto en cantidad como, más si cabe, en calidad. Primero una tabla de quesos, todos ellos castellano-leoneses, junto a un gazpacho para mí que estaba exquisito. “La persona que está a mi lado” tomó una de las decisiones más acertadas que tomamos en todo el viaje, y fue la de degustar las patatas “meneás” que aparecían en la carta (un puré de patatas al que se le da sabor con pimentón y ajo, coronado con torreznos). Con ellas enloquecimos. No son aconsejables, son totalmente imprescindibles si coméis en este restaurante.

Mogarraz (19)

Pero aún faltaba un plato fuerte. Yo no me lo pensé mucho a la hora de escoger un solomillo de bobino de la tierra con patatas fritas, y mi acompañante volvió a acertar de lleno escogiendo unos medallones de carne de ternera, también con patatas, que tuve la oportunidad de probar. Todo retocado por una sabrosa tarta de queso que supuso el remate final a una de las mejores comilonas a las que me he enfrentado últimamente. El precio, no fue muy económico, pero vista la calidad de lo que tomamos no me pareció desproporcionado. Concretamente 75€, unos 37€ por persona.

Acabamos casi a las 17.30 la gran comida y aunque estaba en nuestros planes dar un paseo antes de la sesión de spa que nos esperaba a las 18.00, subimos directos al hotel para coger el albornoz y descender hasta la planta -2, en la que nos esperaba una hora de relajación que nos evadiría por completo de la realidad. El spa se componía de una piscina con varias caídas de agua a distinta presión, una zona de piedras sobre las cuales caminar (pediluvio) para mejorar la circulación en pies y piernas, una sauna, un baño turco, una ducha de sensaciones, diversas camas de baldosas a altas temperaturas, varias piscinas con hidromasaje, un jacuzzi y una pequeña piscina de agua fría. Nos explicaron a la entrada cómo realizar el circuito y una vez comenzado cada uno iba por libre. Éramos un grupo de unas 10 personas (cinco parejas) y no había problemas de espacio. Dispusimos, como dije antes, de una hora. Tras aquella hora parecía no tener fuerza en el cuerpo, pero lo mejor era que mi mente alcanzó por fin el punto de quedarse en blanco, sin preocupaciones, sin agobios y con la posibilidad de abrir los balcones de mi habitación para disfrutar de un paraje simplemente maravilloso, de ensueño.

Mogarraz (1)

Eran las 19.30 y el día comenzaba a despedirnos llevándose un frescor único para traernos una temperatura menor a los 14 grados. Rápidamente nos dispusimos a coger el coche para poder disfrutar de los últimos rayos de sol en la sonada localidad de La Alberca, también entre los 24 pueblos más bellos del país. Y no lo digo yo, por ahora. El trayecto entre Mogarraz y La Alberca, separados por tan sólo 7 kilómetros, me trajo a la mente una de las magníficas leyendas que moran en la zona. El paraje influía en que, si uno no iba conduciendo, cayera tarde o temprano en trance, sobre todo si es conocedor de la leyenda de La Mora. Y es que una moza musulmana de impresionante hermosura residió antaño en la villa de Mogarraz. De familia humilde y con pocos recursos todas las mañanas bajaba al río a por agua que aprovisionaría a su familia para toda la jornada. Una de esas mañanas en las que la mora atravesaba malezas y monte para llenar su cuenco de agua, fue alcanzada por un hechicero que la ofreció fortuna si a cambio se entregaba a él. Ante la negativa de ésta, el hechicero enfureció, enviando un embrujo que condenaba a la joven a vivir bajo el agua durante la eternidad con un atisbo de mínima esperanza, pues la concedería salir cada noche de San Juan de las aguas del río para poder encontrar el amor de alguien que recorriera los majestuosos bosques de la comarca. Efectivamente ocurrió que un vecino de Mogarraz, conocido por ser el veterinario de la población, acudió al pueblo colindante de Monforte, separado tan solo por una ladera en la que la vegetación es tan extensa que impide ver la luz del sol en pleno día, y curiosamente por allí íbamos circulando, lo que hacía mezclarse la fantasía con la realidad que estábamos viviendo. El veterinario tuvo que acudir a Monforte a sanar a una res que llevaba varios días enferma y a la noche tuvo que adentrarse en el bosque para regresar a su pueblo. Aquella era una noche de San Juan. Dicen que el veterinario, entre el cansancio, la penumbra de una incesante noche y las cervezas que había ingerido aquella misma tarde entró en un estado de pánico en el que confundía esa fantasía y la realidad que de momento nosotros sí diferenciábamos, divisó cómo una hermosa joven salía del agua. Laila intentó abrazar al joven, que no intentó zafarse del encanto que desprendía la joven. Sin embargo el hombre llevaba un anillo de casado, lo que causó gran dolor en Laila, que arrastró al hombre hasta lo más profundo del río Tejada. Obviamente el joven murió ahogado.  Dicen que la mora sigue apareciendo la noche de San Juan en uno de los senderos que atraviesa aquella serranía y que pasa cerca del río en el que descansa el resto del tiempo, esperando ser algún día rescatada del embrujo al que fue sometida. Este suceso, hecho o leyenda, cada uno como lo quiera mirar, llegó a mi cabeza y a la de “la persona que tengo al lado” durante los 7 kilómetros que separan las localidades de Mogarraz y La Alberca.

La Alberca (1)Tras despertar de este pequeño sueño en el que mis ojos se mantenían abiertos, nos plantamos en La Alberca, localidad de muchísima fama por la reputación que la persigue por encontrarse, al igual que Mogarraz, entre los pueblos más bonitos del panorama nacional. Notamos un cambio importante respecto al ambiente que se vivía en Mogarraz, aunque en realidad la villa en sí era del mismo estilo. Las casas tienen las mismas características vigas de madera que las hacen únicas y exclusivas y tanto la estructura como los materiales han de ser también los mismos. La única diferencia notable era que en las fachadas de La Alberca ya no aparecían los rostros de aquellos antiguos habitantes mogarreños que aparecían en la localidad vecina. Por lo demás, aparcamos el coche en la carretera que atraviesa por la parte baja el pueblo y subimos a pie por una de las callejuelas (casi más bien era un camino) hasta alcanzar una de las calles que desembocan en la plaza, la calle Tablado, que parecía de lo más comercial que podíamos encontrar en aquella zona. Obviamente, allí encontramos nuestro imancito de La Alberca.

Mogarraz (9)Lo que sí apreciamos fue que, otra similitud con el vecino pueblo de Mogarraz, en la parte superior de las puertas de casi todas las casas aparecían, tanto la fecha de construcción de la casa, como, en algunas de ellas, un símbolo con una clara “I”, una “H” en medio y una “S” a su derecha. Comenzamos a notar una impresionante devoción que se parecía respirar desde que pusimos el primer pie en la localidad. El símbolo, cataloga claramente todas las casas que lo sostienen como cristianas y devotas con el significado de: Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los Hombres).

En algunas otras aparecía el símbolo de la Santa Inquisición, con una cruz en medio, una hoja de palma en el lado izquierdo de ésta, y la espada a la derecha.

La Alberca (21)

La Alberca (17)La siguiente parada que hicimos fue la Plaza Mayor, a la que llegamos siguiendo el curso de la calle, y que se mostraba pletórica. Es una típica plaza castellana con soportales, muy regular, cuadrada completamente y en la que, a parte de la casa consistorial, llama la atención otra de las muchas cruces que se pueden encontrar en la zona, lo que en Galicia habríamos denominado, un crucero o cruceiro.

 

La Alberca (3)

Pero a pesar de la meteorología que se cernía sobre nuestras cabezas no estábamos en tierras gallegas. Las oscuras nubes amenazaban con descargar en cualquier momento, sin embargo un largo paseo nos dio tiempo a dar antes de que las aguas cayesen sobre nuestras cabezas, y lo hicieron con fuerza. No obstante para entonces, ya habíamos completado una caminata que nos dio para contemplar la, ahora sí, imponente iglesia parroquial de la localidad, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, finalizada en el mismo año que la Catedral Nueva de Salamanca, el 1733.

La Alberca (10)

Adelanto que antes de llegar a la iglesia por una de las magníficas callecitas empedradas que salen de la plaza para llevarte a la parroquia, fuimos a topar con un muro que volvió a destapar mis ansias de misterio y tradición, que van de la mano en toda aquella comarca. Chocamos con un muro, como decía, en el cual se explicaba que la moza de ánimas rezaría su plegaria durante la eternidad por las calles de la villa, esquila en mano, para dar salvación a las ánimas del purgatorio. El mosaico que mostraba la explicación y la plegaria que “la moza las ánimas” reza durante su trayecto se encontraba escoltado por dos calaveras.

La Alberca (8)

La Alberca (9)

Bonita leyenda si no fuese porque supimos minutos después que día tras día, este macabro y misterioso personaje sigue paseando cada tarde, justo cuando los últimos rayos de sol lanzan su bienvenida a la noche que moldea la localidad con una belleza singular y un poder místico como en pocos lugares he contemplado. Fuimos conscientes de que la leyenda, convertida y mantenida durante siglos en tradición, se hacía realidad tras oír varios toques o pequeñas campanadas y comprobar como una mujer mayor dobló la esquina para dirigirse calle arriba con una esquila en mano y una cruz en la otra para entonar la anteriormente mostrada plegaria en la esquina a la que llegaría tras recorrer unos metros. ¡Eso es magia! Que todavía permanezcan tradiciones, no sé si centenarias, incluso milenarias, como esta, es auténtica magia. Y todo gracias a que los habitantes de una villa lo han hecho posible. Y seguramente lo mantendrán durante mucho tiempo porque comprobé como, poco antes de que la moza pasara ante nosotros, un niño de no más de trece años nos explicaba con total naturalidad que “la señora con la esquila que sale todos los días del año estaría a punto de pasar para ir rezando en cada esquina y tocando el instrumento en petición a las ánimas del purgatorio”. Comprobé que no debe ser tan dificultoso mantener una tradición si se educa con total naturalidad a la población de determinado lugar desde la juventud para mantener tan vivo como siempre algo que se lleva haciendo desde hace siglos, sin que un acontecimiento así tenga que considerarse un tabú.

Tras observar a “la moza de ánimas” doblar la esquina y, con las últimas luces naturales del día, regresamos a la plaza, no sin antes encontrarnos con el cerdo en granito en honor al marrano de San Antón, que como en Mogarraz, andaba por las calles de la localidad a sus anchas. Lógicamente sería más complicado localizarle, pues La Alberca es una localidad de unos mil habitantes, frente a los poco más de trescientos del municipio vecino, lo que hacía muchísimo más difícil encontrarnos con el puerco de carne y hueso.

La Alberca (20)

Tras haber contemplado un rito litúrgico que no imaginaba ni en mis mejores pretensiones, descendimos de nuevo al mundo de los vivos para disponernos a tomar algo en las múltiples terracitas que había en la plaza, pertenecientes a los diversos bares y restaurantes que se resguardaban en los soportales de la misma. Fueron pocos los minutos en los que estuvo cayendo aquella tromba de agua, pero fue suficiente para empapar toda silla y mesa que había en la plaza. Además, la tormenta invitó a muchos de los presentes a recogerse, como dicen allí, para cenar y descansar. Nosotros, sin embargo, aprovechamos para buscar un sitio para cenar. Escogimos el bar-restaurante El Soportal, que nos dio la posibilidad de cenar en la planta superior con la puerta del balcón abierta y presidiendo desde allí la emblemática plaza albercana. A pesar de estar con el estómago abarrotado de la comida que degustamos en Mogarraz, tenemos la obligación de poner una nota de diez a los productos que nos pusieron en El Soportal, un plato de jamón ibérico de exquisita calidad, una ración de queso curado muy sabroso y unas croquetas artesanas que no pudimos acabar pero que estaban deliciosas.

La Alberca (26)

Además, tenemos que agradecer al joven que nos atendió, un camarero bejarano que nos comentó que tan sólo llevaba una semanita en el pueblo salmantino y estaba tan alucinado como nosotros del marcado espíritu religioso que se proyecta en toda la villa y de las costumbres y tradiciones que, lejos de ir perdiéndose con el paso de los años, han sabido forjar y reforzar hasta nuestros días. Mérito increíble a los albercanos y agradecimientos a todos ellos por la amabilidad, la sensatez, ternura y educación con la que atendieron nuestras preguntas. Y sobre todo, albercanos, agradeceros el ser participantes de vuestros ritos sin tener que presenciarlos desde el palco de un teatro o un cine, sino ver y corroborar que hay lugares en los que el tiempo se ha detenido para mostrarnos que siguen perviviendo costumbres que hace siglos comenzaron a formarse gracias a vuestra profunda e incesante fe y a vuestro carácter.

Tras la cena, nos encontrábamos en la Plaza Mayor, prácticamente sin gente ya (sólo unos vecinos amenizaban la fresca noche celebrando lo que me imagino se atribuía a una despedida de soltero en la cual el futuro novio iba vestido de vaca, riendo y tocando diversos instrumentos). Hicimos unas últimas fotografías junto al crucero que existe en medio de la plaza y ante la casa más llamativa que hay en todo el pueblo gracias a las flores que decoran los balcones, casa en la que todo el que visita La Alberca, recuerda seguro.

La Alberca (24)

El frescor que dejó la lluvia sobre las calles comenzó a convertirse en frío, la chaqueta o el jersey eran necesarios y aun así el frío traspasaba las ropas. El ambiente sin embargo, y aún quedando la plaza totalmente vacía, cuando, hacía unas horas, quioscos de especias, golosinas y frutos secos (a parte de las terracitas) la llenaban, seguía siendo mágico, pero echábamos de menos la cama, ya que nuestros cuerpos llevaban una paliza considerable tras haber madrugado y viajado durante el día. Decidimos regresar al coche pero no pudimos bajar por la calle que habíamos subido, pues no había iluminación alguna, y sinceramente daba un poco de miedo, incluso a mí, amante del misterio. Recorrimos toda la calle Tablado hasta llegar a la Carretera de Mogarraz, que rodea el pueblo, y montar en nuestro coche.

El trayecto de vuelta fue diferente al de ida. No por ello menos mágico y misterioso. La impresionante vegetación que presenta la comarca pareció tomar un color mucho más oculto e incluso terrorífico. La sinuosa carretera dejaba lugar a la imaginación dando pie a que en cada curva pudiera aparecer, por qué no, Laila, la mora de la leyenda que en el camino de ida vino a mi mente. Los 7 kilómetros se hicieron largos, sobre todo para la conductora. No le gusta conducir de noche y mucho menos sobre una tierra, cuanto menos, encantada, ya que es una persona muy temerosa. Mirar su rostro y no poder comentarle todas las cosas que a mí se me iban pasando por la cabeza en aquel trayecto era gracioso, pero al mismo tiempo sentía impotencia de no poder contarle todas las cosas que iban surcando mi imaginación.

A pesar de todo, llegamos a nuestra morada aquella noche, y tras un breve paseo nocturno por el centro de Mogarraz, en el que los rostros de las fachadas tomaban un aspecto quizás algo más lúgubre, fuimos a dormir.

Mogarraz (23)

La palabra que más puedo utilizar para describir lo que aconteció el pasado sábado 2 de Agosto es “desconexión”. Buscaba aislarme totalmente de la monotonía que uno siente en un sector como el que ocupo (el turístico), en estas fechas en las que damos el máximo de nosotros para completar una temporada alta lo más satisfactoria posible. Pero esto influye en que uno tenga la necesidad de aislarse y evadirse en algún momento, con lo cual, os puedo asegurar que no hay mejor destino que el que se narra en esta entrada.

Anuncios

CANTABRIA: SANTANDER, UN LUGAR DONDE RELAJAR CUERPO Y MENTE


Se nos ponían por delante cuatro largos días gracias al puente de Mayo del que disponemos los madrileños en el que, a parte de celebrarse el día del trabajador (1 de Mayo), se conmemora el levantamiento del pueblo madrileño contra las fuerzas del ejército francés de Napoleón Bonaparte en 1808; por ello, el día 2 de Mayo celebramos el día de nuestra comunidad. Con este puente a la vista, forjamos un viaje a tierras totalmente desconocidas para nosotros aunque recomendadas por una persona de gran gusto, mi primo y amigo Raúl Delgado, integrante, por cierto, de uno de los grupos musicales que mejor música ha hecho en el panorama nacional en los últimos diez años, La Sonrisa de Julia. La cuestión es que algo debían tener las tierras cántabras para haberle hecho cambiar su querido Madrid por un pueblecito que después tuvimos la oportunidad de descubrir, llamado Somo. Aprovecho también para saludar e invitar al vocalista, guitarrista y compositor de la banda, Marcos Casal, a recomendar mediante nuestro blog lugares mágicos de aquella tierra, la suya, y animarle a proporcionar algo más de información adicional de zonas que, como a nosotros nos ocurrió en las playas de Langre, puedan causar un éxtasis sin igual al viajero que se apresure a visitar aquella zona. A ciencia cierta sé que nadie como él conoce rincones y escondites que no son turísticos pero sí capaces de transportar al viajero al mismísimo paraíso. Un paraíso, eso sí, totalmente diferente al descrito en otras entradas como las de Túnez. Y es que cada persona tiene una concepción del paraíso radicalmente distinta. Quizá las raíces de uno mismo tengan que ver en ello, ¿verdad, Marcos?

Poco más de cuatro horas nos bastaron para colocarnos en la capital cántabra, y es que muchos de los madrileños que buscamos playa a poca distancia tendemos a viajar hacia el este peninsular (Levante), cuando tenemos casi al mismo alcance la magnífica región sobre la que vamos a hablar. El tiempo, cierto es, no nos acompañó. No obstante, nos colocamos ante la impresionante Playa del Sardinero en casi un abrir y cerrar de ojos…

Cantabria (20)

Nuestro primer destino era la ciudad de Santander. Sinceramente tengo que reconocer que no reparamos mucho en gastos y escogimos un buen hotel. Un muy buen hotel, mejor dicho. El Hotel Chiqui, de cuatro estrellas y bien merecidas, hacía honor a su categoría dando la impresión de estar sobre el mismo Océano Atlántico. Más aún si tenéis la opción de solicitar una habitación con vistas al mar. Estaba en primera línea de la mítica Playa del Sardinero, que se enfrenta con valentía al salvaje Mar Cantábrico. Inmejorable la situación, impresionante el paisaje y maravillosa la infinita playa. Lo único que fallaba, reitero, era la meteorología. Y es que, a pesar de ser Mayo, nos encontramos algunas nieves en las cumbres de la imponente Cordillera Cantábrica, majestuosa y por la que tuvimos la oportunidad de adentrarnos para maravillarnos con un espectáculo natural como pocos he visto anteriormente. Posteriormente detallaremos.

Cantabria (2)

Como decía, llegamos a la impecable ciudad de Santander a mediodía. Tras dejar las maletas y entre una ligera e intermitente lluvia buscamos algún sitio para comer, y tras ello, nos dispusimos, sin más demora a conocer la ciudad.

No quisimos entretenernos comiendo, con lo cual, escogimos un restaurante que nos llamó la atención por su decoración, el Restaurante Sal y Pimienta. La comida, aunque sencilla, de buena calidad. Lo justo para llenarnos el depósito con la suficiente gasolina como para adentrarnos en lo más profundo de la ciudad.

El cielo era realmente gris y la lluvia no empapaba pero sí era algo molesta. Puede sonar desagradable, pero todo eso hacía que la visita fuese diferente. Ver el Cantábrico enfurecido es toda una atracción sobre todo desde algunos lugares que comentaré después. Lo primero que nos llamó la atención paseando por las calles de Santander fue el magnífico edificio de Correos. A pocos metros, uno aún más fascinante, el del Banco Santander.

Cantabria (4)

Es importante decir que el casco antiguo de la ciudad sufrió un tremendo incendio en 1941 que arrasó casi por completo toda construcción cercana al núcleo central. Todo Santander crece en torno a una calle, la arteria principal de la ciudad, paralela al paseo marítimo, la Calle Castelar que después se convierte en la Avenida de Reina Victoria. Podemos encontrar la Plaza de Pedro Velarde, más conocida como la Plaza Porticada por estar construida con puertas bajo los edificios que conforman en cuadrado de la plaza.

Cantabria (3)

Tras varias vueltas un tanto desorientados nos encontramos con el Mercado, mercado en el que había múltiples opciones de hostelería. Perfecto para la noche, dónde sí queríamos complicarnos o ser un poco más exquisitos a la hora de comer productos de la tierra. Tomamos nota para después, junto a un riquísimo café con leche que nos metió en el cuerpo el calor que nos faltaba para continuar con la visita a la preciosa ciudad.

Se respiraba una cierta quietud y tranquilidad, y es que me había informado de que Santander está entre las ciudades con menor índice de delincuencia de todo el país, es de las más seguras, dato que refleja cómo son los cántabros, quizá demasiado serios al principio pero afables, educados y muy nobles. También, pronto nos dimos cuenta que era una ciudad de nivel medio-alto respecto al nivel económico de la región. El comercio es su base principal, por supuesto el turismo ayuda de manera importante.

Cantabria (5)Como decía, dentro de la borrasca que parecía cernirse sobre nosotros apareció una de las joyas de la corona, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander. Para mí, amante del arte gótico, era una maravilla contemplar la sencillez con la que arquitectos y constructores de la época intentaban acercar al ser humano a Dios. Los techos bajos, los arcos de media punta y las bóvedas de crucería tan bajas mostraban la solemnidad y seriedad con que los habitantes de aquella época evocaban con fervor al poder de una fuerza superior al propio ser humano.

Dentro de la Catedral se respiraba un ambiente completamente mágico. El pequeño claustro del edificio contiguo al portón principal de la catedral era maravilloso,  reverdecido por las continuas lluvias que comprobamos recibe el suelo santanderino y con una ornamentación sencilla y sin complicaciones, como denota el arte gótico.

Cantabria (6)

Y es que comprobé que Santander es de las pocas ciudades que puede presumir de no ver sus edificios afectados por la cultura árabe, que dominó la práctica totalidad del territorio peninsular, a excepción de algunos fuertes bastiones que no sucumbieron al ejército musulmán gracias a su tozudez, orgullo y fortaleza mental. Y es que allí, en aquellas tierras comenzó la reconquista hasta la final expulsión de los musulmanes ocho siglos después. Todo esto me transmitió la catedral, llena de historia por todos los muros y paredes que la conforman.

Cantabria (9)

Tras ello, nos dirigimos a uno de los emblemas de la capital cántabra. No hablo del estadio del Sardinero, que también merece mención, hablo de la Península de La Magdalena, que contiene a parte del grandioso Palacio con el mismo nombre, antaño residencia de verano de reyes y príncipes, y hoy residencia estudiantil, un impresionante paraje natural. El enclave es genial, subidas y bajadas componen una península subrayada de verde por la vegetación que persiste gracias a la humedad.

Cantabria (19)

Cantabria (18)El lugar cuenta con un espacio en el que se pueden ver focas en cautiverio. Pero de nuevo algo en concreto me volvió a entusiasmar. Las vistas que se ponían ante nosotros cuando mirábamos hacia el horizonte desde una de las puntas de la pequeña península eran sobrecogedoras. El Atlántico, se mostraba intimidante con su furia, acompañado de aliados como la lluvia, el viento y las nubes con ese color grisáceo que normalmente estropea un día,  pero que adornó aquel en concreto. Hoy todavía me emociono y siento nostalgia de aquel día en que Santander me atrapó.  Y de nuevo, aquello no había hecho más que comenzar.

Marchamos de nuevo a nuestra residencia por varios días, la magnífica Playa del Sardinero. Ni nos asearíamos, ni dormiríamos en la playa, sino sobre ella, en el Hotel Chiqui.

Cantabria (73)

Cantabria (74)Estábamos cansados pero teníamos la obligación moral de comprobar cómo era de noche la ciudad para disfrutar, entre otras cosas, de unos magníficos pinchos de solomillo de buey y una buena ración de patatas. Puedo decir que, tanto yo como “la persona que está a mi lado”, salimos realmente satisfechos del sitio en el cual cenamos, tanto en calidad como en precio. Cenamos en el Mercado, dónde también tomamos un buen postre, ya que además de restaurantes había pastelerías. Cenamos en La Casa del Indiano.

Tras un pequeño paseo por el centro de la ciudad nos fuimos a descansar para el día venidero, que se mostraba trepidante.

Cantabria (76)

LA VILLA MEDIEVAL DE PEDRAZA: CONJUNTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO NACIONAL


Visitar por segunda vez la localidad de Pedraza, en Segovia, me bastó para conquistarme por completo. El simple hecho de entrar con el coche por la única puerta de acceso al centro del pueblo te traslada totalmente a la Edad Media y convierte el automóvil en un carruaje tirado por caballos…

La puerta, que por cierto, era la antigua cárcel de la villa, es robusta y segura con el objetivo de proteger a los ciudadanos de cualquier ataque exterior. Al aproximarse uno a Pedraza (da igual hacerlo desde Madrid o desde Segovia), comprueba que el enclave está situado en un punto estratégico que en la antigüedad debió ser sencillamente inmejorable. Las inmensas montañas pertenecientes al Sistema Central sirven de muralla natural para la ciudad. Además el castillo, en el interior de las murallas protectoras, y las casas están construidas en lo alto de una colina, con lo cual la visibilidad en caso de recibir una ofensiva sería perfecta.

pedraza (64)

Como decía, basta con aproximarse al pueblo y entrar por la gran puerta principal (Cárcel de la Villa) para trasladarse al medievo. Primera curiosidad, ¿por qué justo la puerta principal que forma parte de la muralla tomó función de cárcel? Según nos explicaron, en más de una ocasión utilizaron a más de un preso como arma arrojadiza que lanzaban desde la torre que forma parte del edificio. ¿Macabro? Sí, pero útil, se deshacían de uno de los presos que mantenían en condiciones lamentables y lo aprovechaban como bala.

La primera vez que llegamos a Pedraza fue de manera precipitada e improvisada. Era un frío día de invierno del pasado mes de febrero, llegábamos tras pasar una preciosa noche en la maravillosa ciudad de Segovia, de la que hablaremos en otra entrada, e íbamos con un claro objetivo, comer un buen cochinillo o un sabroso cordero. Decisión que tomamos gracias a nuestro amigo Luis, segoviano como el que más. El día no era el más indicado para realizar una visita. La temperatura no superaba los 7-8ºC y los copos de nieve caían de manera intermitente haciendo el día realmente complicado, de manera que decidimos únicamente ir a comer y no visitar apenas la localidad, que no obstante te envuelve con un aroma muy especial con un simple paseo de 100 metros por cualquiera de sus empedradas calles. El restaurante al que fuimos es de remarcar. Es de mucha importancia mencionar que Pedraza tiene fama (merecida) de ser un lugar de escape (para sobre todo madrileños) en el que comer posiblemente el mejor cordero o el mejor cochinillo de todo el país, por ello es aconsejable reservar mesa por teléfono SIEMPRE. Aquella primera vez fuimos a comer al Restaurante El Jardín y fue excelente. Una ración de cochinillo para “la persona que está a mi lado” y otra para mí hicieron las mil delicias junto a una buena fuente de patatas fritas y una contundente ensalada. Todo de una calidad de diez, y por un precio aproximado de unos 35 € por persona con una tarta de queso de la tierra que completó la comida de manera excelente. Debido a las inclemencias del tiempo, no pudimos hacer otra cosa que coger de nuevo el coche para volver a nuestra tierra.

pedraza (25)Tras aquello no podíamos decir que conocimos Pedraza; hoy realmente puedo decir que lo conozco. Hace tan sólo dos semanas y con un tiempo mucho más primaveral decidimos, junto a nuestro matrimonio preferido, ir a visitar Pedraza. Nosotros íbamos como guías pero en realidad conocíamos poco más que ellos. Lo único que conocíamos era el Restaurante El Jardín y ese mismo día estaba lleno, con lo cual tuve que reservar mesa en el Restaurante El Soportal, aconsejado por una persona que considero que “sabe lo que come”.  Dos raciones de cochinillo, dos de cordero, una ensalada y un plato también de patatas fritas hicieron de nuevo reafirmar nuestra opinión de que el mejor cochinillo que he probado se hace en Pedraza.
El cordero también es grandioso. En los postres, probamos también la tarta de queso, como es habitual en mí pues es mi favorita, y también tremenda, y el ponche segoviano, hecho con un bizcocho relleno de crema pastelera y mazapán. La calidad de 10 también pero quizá un 2-3% más caro que el Restaurante El Jardín, en el que habíamos comido en nuestra primera visita a Pedraza. Es posible que ese incremento casi inapreciable de precio se deba a que éste último se encuentra en plena plaza del pueblo, por lo cual es 100% recomendable pedir mesa junto a la ventana a la hora de hacer la reserva. Justo ahí se rodó el anuncio de la lotería de Navidad (el famoso anuncio en el que aparecen Bustamante, Marta Sánchez, Montserrat Caballé y Rafael).

pedraza (24)

Hablemos de lo importante, el pueblo, la villa. Justo después de la comida, a las 17.00 horas daba comienzo la ruta guiada por las calles de la centenaria villa. La guía era la misma persona que se encargaba de vender las entradas en la Oficina de Turismo de Pedraza, que se encuentra bajando la calle Real, justo en la calle que se abre a la izquierda del Restaurante El Soportal.

pedraza (66)

Tras adquirir las entradas por un precio de 3€ por persona, regresamos hasta la Plaza Mayor, desde donde comenzó la ruta. Entremos en detalle. La plaza es magnífica. Es una típica plaza castellana rodeada de viviendas todas ellas con un escudo en su fachada. El suelo está empedrado, como en el resto del pueblo, y en cada casa hay un balcón. Los grandes acontecimientos antiguamente se celebraban en esta preciosa plaza. Obviamente las grandes personalidades tenían que poseer un emplazamiento en aquellas corridas de toros, festejos e incluso ajusticiamientos, normalmente con la horca. Se puede observar, incluso, que en la iglesia central de la plaza (Iglesia de San Juan), lo que se supone la Iglesia Mayor y la que actualmente está abierta al culto en la localidad, existe un pequeño balcón que no muestra sintonía alguna con dicha iglesia (posteriormente explicaré por qué).

pedraza (8)

Hay varias cosas muy llamativas en el lugar pero algunas de ellas no saltan a la vista. Es mejor ir con ellas aprendidas. Lo primero que choca cuando uno se fija desde el centro de la plaza es que todas, absolutamente todas las casas de Pedraza tienen en su fachada principal un escudo, el escudo de la familia, del apellido que se lleva. En su momento Pedraza fue una ciudad importante, de casi 5000 habitantes y era una localidad potente económicamente hablando cuyos habitantes eran poderosos y fijaron escudos en sus fachadas que aún hoy perduran. Hoy en día existe una ley mediante la cual todas las viviendas de nueva construcción tienen que seguir un patrón que no difiera de las construcciones antiguas.

pedraza (26)

Como antes comentaba, hay curiosamente un balcón en la iglesia de la Plaza Mayor que no encaja mucho con la construcción religiosa. En su altillo se lee:

pedraza (59)

“Este sitio y balcón es de Juan Pérez de la Torre y Zúñiga de este orden Caballero”

Aquel importante personaje nobiliario se vio obligado a negociar con la iglesia la construcción de un pequeño balconcito que le diese la opción de participar de forma pasiva en esos acontecimientos que comentaba, como corridas de toros, ajusticiamientos y cualquier otro tipo de festejo, ya que su residencia no formaba parte de la plaza, sino que estaba en una de las calles que radian de ella.

pedraza (30)

Por otra parte hay que decir que prácticamente la totalidad del suelo de la villa está construido de piedra con lo cual es aconsejable ir con un calzado cómodo. Hay otras muchas curiosidades en el lugar, pero entre ellas una llama la atención. Desde el centro de la plaza se puede comprobar, si se observa detenidamente, que las tejas de todas las casas están colocadas al revés. Lo hicieron, y se sigue haciendo así, por dos motivos: uno de ellos y fundamental en su origen es el económico, ya que se ahorraban la parte de arriba, y el otro es que debido a los duros inviernos que se pasan en Pedraza y las constantes nevadas que recibe el pueblo, los tejados dejan resbalar la nieve evitando que se acumulen encima de las casas afectándolas de manera considerable.

pedraza (54)

Nuestro camino desde la bella plaza continuó por un pasillito muy estrecho, justo al lado del balcón del que hemos hablado, que desde lejos no daba la sensación de ser una calle (de hecho primeramente pensé que era la entrada a alguna pensión ya que veía entrar y salir a muchos turistas). Realmente era una calle, una preciosa calle que iba a dar a una todavía más bonita plaza, llamada desde antaño Plaza del Ganado. Nos comentaron que antiguamente en dicha plaza se intercambiaba el ganado y el pescado y además todavía hoy servía de toriles cuando se celebran las corridas de toros en las fiestas, que son entre el 6 y el 10 de septiembre de cada año. Las corridas desde hace siglos se siguen produciendo en la plaza donde la gente pudiente sigue saliendo a los balcones para verlas en directo. A la izquierda de la pequeña plazoleta parece haber unas rejas que sirven como pequeño baúl de los secretos. Actualmente es el Museo Arqueológico Regional y posee algunos sarcófagos y columnas romanas entre otras cosas. Además, el pequeño recinto funciona como decorado de películas y series tan famosas como “Águila Roja”. El lugar se transforma en la cárcel de la villa en la serie.

pedraza (33)

Desde allí marchamos hasta la pequeña Plaza de la Olma, llamada así porque en medio de la misma un árbol centenario se levantaba imponentemente. Actualmente, es un álamo el que reina en el lugar. La diferencia entre olmo y olma es únicamente su edad: al convertirse en centenario, el árbol pasa al género femenino. Nos contó la guía que una tremenda enfermedad se enfrentó a estos árboles hace doscientos años acabando con la práctica totalidad de los olmos y olmas en la península, incluida la que allí había. Una vez la grafiosis remitió habiendo acabado con la vieja olma, se replantó un álamo en su lugar.

pedraza (63)

Desde el centro de la villa fuimos caminando por la empedrada Calle Mayor comprobando como las piedras bajo nuestros pies comenzaban a convertirse en arena. Al horizonte, el gran castillo que se aprecia cuando uno se acerca desde cualquier lugar a Pedraza.

pedraza (35)

pedraza (37)El castillo, del siglo XIV, posee hoy en día el nombre de Castillo de Zuloaga. Fue levantado sobre antiguas fortalezas romanas y musulmanas y habitadas por familias nobles como las de Herrera y Fernández de Velasco. Hoy en día se utiliza el castillo como recibo turístico todos los días exceptuando los lunes. Eso sí, puede ocurrir como nos pasó a nosotros. Curiosamente se utiliza también para la celebración de ceremonias y actos privados. Hace dos semanas había uno y nos quedamos sin visitarlo. Eso sí, pudimos contemplar la magnífica puerta principal de madera de roble con pinchos de hierro que se clavaban en las armas de asedio que se utilizaban contra ella.

pedraza (2)

Volvimos sobre nuestros pasos pasando por la Iglesia de Santa María, hoy prácticamente en ruinas. Supimos que en momentos de esplendor de la ciudad hubo hasta siete iglesias abiertas al culto de las cuales hoy sólo una se mantiene enteramente en pie y disponible al rezo.

Poco nos quedaba para finalizar la visita, pero todavía nos esperaba un agradable paseo a través de la Calle de la Calzada, donde antiguamente se asentaron los judíos que habitaron la villa. Al final de dicha calle comienza la calle Procuradores, donde nos mostraron una de las casas que perteneció a la iglesia y dónde se implantó una de las sedes del Tribunal de la Santa Inquisición que había en Castilla.

pedraza (42)

Finalizamos llegando a la Puerta de la Villa y al torreón que funcionó hasta hace no tantos años como la Cárcel de la Villa, y que posteriormente visitamos por dentro. En cuanto a la Puerta de la Villa, del siglo XI, decir que es uno de los más conocidos tesoros del lugar por ser todavía hoy único punto de entrada y salida de la localidad y en la que preside un hermoso escudo de armas perteneciente al noble Íñigo Fernández de Velasco. El otro personaje digno de mención e hijo predilecto de Pedraza es el pintor eibarrés Ignacio de Zuloaga, que llegó a Pedraza en 1926 enamorándose perdidamente de la villa y encontrando allí la inspiración que necesitaba para convertir en obras de arte sus pinturas. Hoy sus descendientes tienen diversas dependencias en la ciudad, entre ellas el castillo. Una anécdota curiosa que contaba la guía fue que el pintor invitó a una famosa actriz americana de armas tomar y a la que quiso dar a conocer el lugar que había elegido para vivir. Las puertas, mejor dicho, la puerta de salida y entrada estuvo cerrada desde las 22.00 horas hasta la mañana siguiente lo cual obligó a la distinguida dama a dormir en las puertas de la villa. Zuloaga advirtió sin suerte a su invitada…

pedraza (14)

Decidimos visitar la antigua Cárcel de la Villa, hoy convertida en museo. Las entradas costaron sólo 3€ por persona y básicamente visitamos las diversas estancias de todo el torreón. Nos contaron las tremendas atrocidades que se les hacían a los presos y las lamentables condiciones higiénicas, físicas y psicológicas a las que se enfrentaban. Tan duro sería aquello que cuando en el siglo pasado se decidió hacer una gran limpieza, se encontraron restos humanos entre los metros y metros de excrementos que cubrían los habitáculos. Nos mostraron diversas celdas, concretamente me impactaron unas hechas con madera, con grandes troncos pedraza (65)que no dejaban entrar la luz del sol. Lo confirmamos cuando entramos en una de ellas y cerramos la puerta: ni un mísero rayo de luz. También visitamos la habitación del carcelero, única estancia en la que había algo de calor gracias a la chimenea que le servía como cocina y como calefacción. En el resto del torreón, curiosamente, hacía un frío bastante mayor que el que hacía en el exterior, en la calle, dónde rondaban los 15 grados. Pudimos también disfrutar de las vistas que ofrecían algunos ventanucos de la parte superior de la torre de la cárcel, tanto hacia la villa como hacia los campos que la rodean.

pedraza (48)

Finalizamos la visita a la querida ciudad de Pedraza tomando algo en la única taberna que persiste como en su origen en toda la localidad: la Taberna de Mariano. También situada en la misma plaza principal del pueblo, nos trasladamos a la edad media tomando un refresco en puertas de dicho establecimiento. El interior fue maravilloso visitarlo y la gente que lo regentaba era realmente afable y amable, como la cuadrilla que había en las mesas al lado de nosotros en la preciosa fachada de la taberna.

pedraza (56)

Así nos fuimos alejando de la villa, nos marchamos por la puerta por la que horas antes habíamos entrado y dejando atrás un pueblo al que espero, volvamos pronto. Quién sabe si para el festival de las velas cuya plaza ofrece un concierto sinfónico los próximos 5 y 12 de Julio y mediante el cual la villa se llena de velas y aparta de la luz artificial durante unas horas…

Todo es posible…

GRANADA: PINTORESCOS BARRIOS CON SORPRESA FINAL


Nuestro segundo y último amanecer en Granada fue simplemente maravilloso. Me levanté con la pena de tener que dejar la ciudad esa misma tarde en dirección a la montaña. Habíamos reservado nuestra tercera noche de hotel en plena Sierra Nevada, a tan sólo 6 kms de las pistas de esquí. No obstante, quedaban muchas horas para la despedida, por lo que la mente volvió a centrarse en el intenso día que nos aguardaba. Marchamos pues con las ganas de disfrutar del agradable día de Noviembre que se nos ponía por delante.

Lo primero que buscamos tras salir del hotel fue un sitio para darnos un primer buen homenaje en forma de desayuno. Fuimos a dar a una de las arterias principales del casco antiguo, la Calle de Los Reyes Católicos, y entramos en el Restaurante La Cueva de 1900, que ya nos había llamado la atención el día anterior con la particularidad de tener montones de jamones colgados del techo. Es un sitio fácilmente reconocible. Y os lo aconsejo porque las tostadas con jamón ibérico que nos pusieron son dignas de mención.

Tras las alas que cogimos con el boyante desayuno cruzamos la calle para dirigirnos a la magnífica catedral renacentista de la ciudad. Pasamos en segundos de estar en calles de estructura musulmana a una plaza típica castellana con una imponente catedral al frente.

Granada 2 (00)

Granada (103)Las callejuelas que rodean a la catedral conformaban un entramado de clara estructura árabe mediante las cuales atravesábamos comercios de todo tipo, principalmente de souvenirs. Atravesamos una calle que me teletransportó directamente a la calle principal de la medina de la capital de Túnez, del mismo nombre. Aglomeración (no tanta como en Túnez, claro está), comerciantes a ambos lados de la calle e incluso olor a incienso hacían que uno se sintiese como en el norte del continente africano.

Pero el contraste y la diversidad se mostraron ante nosotros cuando la calle desembocó directamente en uno de los laterales de una de las catedrales más hermosas que yo he visto en mi vida.

Granada (112)

Tras la costosa e importante conquista por parte de los Reyes Católicos de la ciudad de Granada, se quiso dejar muestra de la importancia creando marcas sobre antiguos templos musulmanes. En este caso lo demuestra la imponente edificación (de la catedral), gracias a la cual hoy podemos visitar la Capilla Real, como dije en la entrada anterior, con las tumbas de los Reyes Católicos y de su hija Juana la Loca; también su marido, Felipe I, el Hermoso reposa junto ellos. La Capilla Real tiene un precio de 4 € por persona y es aconsejable de visitar aunque sea únicamente por ver los restos de personajes con tanta importancia como tienen los que allí reposan.

Granada 2 (19)

Posteriormente a la visita de la Capilla Real nos dirigimos a la puerta principal de la Catedral, a la que accedimos por el mismo precio, 4 €. Varios altares menores y un deslumbrante altar mayor maravillaban a los visitantes del recinto. Aquí realizo una reflexión. Amo la historia del arte, la historia de las catedrales y la de todo templo construido para alabar una religión pero tengo que ser honesto y confesar que pocas catedrales me han logrado fascinar de la manera en que lo hizo el conjunto arquitectónico de La Alhambra. La Catedral granadina está entre las más bellas de todo el territorio español pero no podemos comparar uno y otro conjunto arquitectónico (Alhambra-Catedral de Granada).

Granada 2 (11)

Tras contemplar la capilla y la catedral paseamos por esas callejuelas que antes describía y que se entremezclan en una fusión de calles medievales con pinceladas musulmanas que ofrecen al viajero algo que no en  muchas ciudades españolas se puede vivir (Toledo o Sevilla entre ellas). Anduvimos por el barrio de la Alcaicería (antiguo núcleo musulmán donde los comerciantes intercambiaban artículos de gran valor para la época, como seda, lino, esmeraldas…). Se dice que llegó a recoger entre sus estrechas calles más de cien tiendas; hoy tantas no se pueden encontrar pero sí se encuentran desde souvenirs de la ciudad hasta tiendas-talleres de madera, seda y demás materiales que los grandes artesanos venden. Incluso si alguien quiere realmente vivir el auténtico vicio del regateo que se vive en el norte de África lo puede practicar (nosotros no tuvimos tiempo de ello porque nuestro único objetivo comercial era adquirir nuestro típico imán que compramos en toda ciudad a la que vamos). Pronto volvimos a cruzar la Calle de Los Reyes Católicos para poner rumbo al Albaicín.

Granada (109)

Pocos paseos recuerdo tan agradables como el que dimos por las maravillosas calles del Albaicín, barrio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El barrio, que comenzaron a habitar los bereberes ziríes, estaba fuera del núcleo de la ciudad, es decir en los arrabales. Hoy, obviamente  está arropado por el centro de la localidad. Llama la atención el número de aljibes que se encuentran en el barrio, y que eran suministro de agua potable para la antigua ciudad (hay aproximadamente unos veinticinco, varios de ellos visibles, especialmente si se pasea con alguien que los tenga localizados).

Granada (119)

Plazuelas con un encanto divino, casas de miles de colores, teterías adornadas con mobiliario morisco y nuevamente comerciantes que, esta vez sí, te acometían de manera más directa (pero mucho menos agresiva que en países árabes) para venderte sus productos y servicios. Nuestra querida pareja de amigos se llevaron un bonito dibujo de sus nombres escrito en árabe por uno de los comerciantes que pintaba lo que le pidiesen en un marco de papel rectangular por tan sólo 2€.

Granada (121)

Debo decir algo también sobre un punto que ya visitamos anteriormente gracias a nuestra magnífica guía en la terrorífica pasada noche, el Mirador de San Nicolás, desde dónde ya nos hicimos una fotografía y que quisimos repetir debido a que las vistas hacia la Alhambra desde aquí me parecieron soberbias. Justamente ese punto estaba pegado a uno de los varios baños árabes repartidos por el casco antiguo.

Granada (129)

Tras un buen rato recorriendo este hermoso barrio y disfrutando de las vistas que ofrecen los miradores que esconde, decidimos ir a conocer una nueva perla de la ciudad, el Sacromonte, curioso barrio que en su origen fue habitado por judíos y musulmanes tras su expulsión por parte de los cristianos. Hubo posteriormente una raza, la de los gitanos, que se afincó en el lugar y que es la que en la actualidad habita mayoritariamente en el Sacromonte. Comenzaron a construir sus viviendas en la misma roca, en las cuevas que en las afueras de la montañosa Granada había. Además de seguir viviendo en ellas, incluso han construido templos (pequeñas iglesias) que se pueden visitar.

Granada (145)

Nosotros subimos en autobús por 1,20€ por persona y tuvimos la suerte de que además el conductor hiciera de guía y nos fuese mostrando las casas tan llamativas que iríamos encontrando en la cada curva. El autobús, por cierto, era el número 34. Como decía, sobresalieron sobre todas las demás un par de casas, una de ellas por sus flores y otra por sus platos de cerámica y plata (típicos andaluces) colgados sobre la fachada; había más de 200 platos adornando una pared no inferior a 6 metros de largo y unos 3 de alto. Por lo que nos pudo comentar nuestro guía, el conductor de la línea 34 de autobús urbano, la casa se había presentado y quedado finalista en varios concursos de arquitectura y decoración. Finalmente nos hicimos unas cuantas fotos y tomamos un refresco en uno de los más famosos bares-restaurantes del Sacromonte, Casa Juanillo. No tuvimos tiempo de contemplar alguno de los espectáculos flamencos que se dan en Casa Juanillo y demás tablaos flamencos que hay en la zona, aunque nos habría agradado bastante. En otra ocasión será…

Granada (141)

Granada (155)Bajamos de nuevo hasta el valle en dirección al Albaicín para degustar un estupendo salmorejo que, junto a alguna otra ración, nos puso nuevamente en plena forma para disfrutar de las últimas horas en Granada, las cuales decidimos dedicar a otro de los barrios importantes de la localidad, El Realejo. En este barrio, lleno de callejuelas empinadas, tengo que resaltar una plaza denominada la Puerta del Sol, en la que se emplaza un antiguo lavadero y desde la cual había una vista panorámica de la ciudad que era tan tierna como el sentimiento de despedirnos del municipio por una larga temporada.

Granada (158)

Era media tarde, marchamos nuevamente hacia el centro, cada vez con un paso más lento, llenos de melancolía por la despedida que se avecinaba, por el adiós a una de las ciudades que más nos ha maravillado y enamorado. El último paseo nos llevó a la zona comercial donde compramos algún pequeño último detalle, pero culturalmente no descubrimos nada más porque el día se agotaba y teníamos que marchar rumbo a Sierra Nevada. Así hicimos…

Marchamos, como decía, dirección a la montaña más alta de la península, el Mulhacén (casi 3500 metros de altura), nombre árabe donde los haya. Sólo es superada en España por el Teide, en Tenerife. El nombre, dicen, viene del nombre árabe Mulay-Hassan (antepenúltimo rey nazarí de Granada).

Era tarde, estábamos hinchados de haber comido tanto y tan bien durante nuestra estancia en los dos días anteriores en Granada y estábamos cansados, pero faltaba un último secreto. Pena que fuese de noche porque el paraje tenía toda la pinta de ir mostrando más hermosura a medida que íbamos ascendiendo metros.

Nuestro destino era el Hotel El Guerra, con una categoría de dos estrellas, lo que hacía dudar un poco la expectativa de cómo sería nuestra última noche en tierras andaluzas. Grata sorpresa la que nos llevamos al conocer el hotel. Estaba situado tras una curva en una explanada. Era un hotel no muy grande, muy familiar y con un encanto especial. Era un típico hotel de montaña que me imagino debe llenarse hasta su máxima ocupación en fechas invernales. Estaba decorado al estilo rústico. Recuerdo que estaba la recepción, a la izquierda un bar y a la derecha un acogedor saloncito en el que sobresalía una preciosa chimenea que parecía dar calor a casi todo el hotel. Las habitaciones estaban también muy bien, demasiado bien para estar hablando de un hotel con una categoría dos estrellas (yo le pondría sin ningún miramiento tres).

Tras dejar las cosas en dichas habitaciones bajamos a disfrutar: ellas del fuego y nosotros del juego, ya que gozamos de unas cuantas emocionantes partidas de futbolín, que también encontrábamos en el salón mientras veíamos un Rayo Vallecano – Real Madrid de ida de la Liga 2013-2014. Cuando acabaron tanto nuestras partidas como el partido de liga, fuimos a llamar a nuestras chicas que se quedaron literalmente dormidas a la vera del agradable calorcito que desprendía la acogedora chimenea. Con esto marchamos a la cama preparando una última aventura de cara al día siguiente.

Hotel el Guerra (1)

 

Despertamos y parecíamos estar en un lugar totalmente diferente al que nos había dado cobijo aquella noche. Y una de las explicaciones era que saliendo al balcón teníamos una vistas que por la noche no pudimos contemplar. La cordillera más alta de la península se cernía ante nuestros ojos llenando de parajes maravillosos y plenos de naturaleza nuestras retinas.

Hotel el Guerra (2)

Tras minutos de contemplación bajamos a comprobar cómo era el desayuno. Si las instalaciones eran de un hotel calificable de tres estrellas el desayuno lo era de un hotel de cinco sin duda. Era variado y de calidad. Nos pusimos las pilas preparándonos para una aventura diferente. Realizaríamos una de las múltiples rutas sobre puentes colgantes y colinas que hay en la zona de Sierra Nevada. Bajamos unos kilómetros en coche dirección a la localidad de Monachil. Pocos kilómetros más abajo nos encontramos un bar en el que dejamos el coche. En todo momento hay señales indicadoras de dónde comienzan las diversas rutas senderistas que se pueden realizar.

Granada (173)

Nos decidimos a hacer una de ellas por Los Cahorros, bastante cómoda, no muy complicada aunque tampoco recomendable para personas mayores o con dificultad de movilidad. Primero caminamos como un kilómetro y medio, lo necesario para empezar a calentar el cuerpo. El llano comenzó a convertirse en subidas y bajadas y de ahí a un pequeño puente colgante tras el cual vino la estrella de la ruta, el gran puente colgante. Sobre nuestros pies, las bravas aguas en forma de salvaje cascada hacían impacto sobre nuestras retinas. Este puente, de unos 60 metros de longitud, es el más largo de la zona, además del más antiguo por tener alrededor de 100 años.

Granada (179)

Al cruzarlo, continuamos nuestra ruta por un desfiladero en el que el río se situaba a nuestra izquierda. El camino empezaba a tener cierta dificultad, de modo que en algunos tramos era necesario agacharse e incluso pasar gateando por debajo de las rocas del desfiladero.

Granada (189)

 

Llegados a una pequeña explanada y debido a la hora (este mismo día debíamos regresar a casa), tuvimos que tomar la decisión de volver sobre nuestros pasos para tomar algo de fuerzas y poder afrontar el largo camino de vuelta. Nos vimos obligados a dejarnos un precioso tramo del sendero con impresionantes gargantas y vistas hacia el río Monachil. Totalmente recomendado que, si tenéis oportunidad de ir, sigáis hacia adelante y terminéis el camino.

Cogimos de nuevo el coche dando por finalizado un inolvidable viaje que nos dio la oportunidad de conocer la bella tierra de Granada…

Acabemos como empezamos, que lo que bien empieza, bien acaba…

Aún me pierdo en la imaginación pero muero por volver allí

y sentarme para contemplar un ocaso desde el Albaicín…

tan lejos de ti y no se me olvida tu encanto…

(letra “Granada”, La Caja de Pandora)

GALICIA, TIERRA DE MISTERIO Y TRADICIÓN… PARTE II


LA CORUÑA, DÍA 3

El tercer día, salíamos de la ciudad de La Coruña para conocer otros rincones de Galicia. Nos dirigimos hacia la parte oriental de La Coruña, e hicimos una primera parada en la Isla del Castillo, en la misma Ría de La Coruña. Un bonito castillo situado en un peñón unido a tierra por un puente desde el que hicimos varias fotos de gran calidad.

coruna

El castillo estaba cerrado, no obstante lo rodeamos dando un paseo y volvimos al coche para salir dirección Betanzos. Nuestro objetivo éste día era un punto en concreto en el mapa, la localidad donde habíamos aprendido que, según la tradición gallega van todas las almas una vez abandonan los cuerpos. Hablo de San Andrés de Teixido. Y es que para corroborar la tradición, los gallegos tienen un dicho que reza: ” A San Andrés de Teixido, vai de morto quen non foi de vivo” (va de muerto quien no fue de vivo).

coruna

Pusimos rumbo en marcha al pueblo en el que reposan todas las ánimas y paramos en una de las rías que nos había comentado nuestro guía los días anteriores, Suso Martínez. Paramos en Cedeira, y comimos también en un restaurante que él mismo nos aconsejó, el Restaurante O Badulaque. Quisimos ir a un restaurante en el que no encontrásemos turistas, sino que fuera uno concurrido por los propios coruñeses con intención de comer bien, y a pesar del nombre, nada más lejos de la realidad: comí unos de los mejores percebes que he probado. Los cuatro integrantes de grupo salimos totalmente satisfechos de lo que comimos.

coruna

Seguimos nuestro trayecto hacia San Andrés y la carretera comenzó a volverse complicada. Se estrechó ofreciendo un pequeño carril hacia cada sentido en el cual, si nos cruzábamos con un coche teníamos que apartarnos totalmente a un lado, o bien nosotros, o bien ellos. Atravesamos bellas montañas y bajamos hasta llegar a un enclave simplemente maravilloso. Algo mágico se respiraba en aquel pequeño pueblecito “dejado de la mano de Dios” con una pequeña iglesia en la cual reposa parte del dedo de San Andrés. Naturaleza, pureza, mar… y magia… Todo esto se reunía en aquel enclave. Sacamos unas magníficas instantáneas y nos dispusimos a marchar hacia “los acantilados más altos de Europa“, según Suso Martínez, los acantilados de San Andrés de Teixido.

coruna

coruna

coruna

La carretera ya no se dividía en dos, era un sólo carril en el cual si nos cruzábamos con alguien teníamos literalmente que parar. Seguimos subiendo el puerto en el que nos encontrábamos caballos salvajes como nunca antes había visto, y vacas silvestres a ambos lados de la carretera, incluso en algún momento cruzaban ante nosotros. Eran cientos de vacas las que en aquel maravilloso entorno había. Llegamos hasta arriba del todo y aparcamos el coche acercándonos a pie hasta los acantilados.

coruna

El aire era realmente frío y muy fuerte debido a la altura a la que nos encontrábamos, a más de 600 metros. A duras penas pudimos llegar entre vacas hasta un punto desde donde se divisaba toda la línea de acantilados y desde donde la puesta de sol, que en esos momentos se producía, ponía en bandeja una panorámica espectacular. Sensacional. No pudimos estar mucho tiempo en el exterior debido al molesto aire que corría pero bastaron 15 minutos para disfrutar de un paraje difícilmente repetible.

coruna

Tras esto, volvimos a La Coruña en un viaje de poco más de hora y media. Tras pegarnos una ducha y “ponernos guapos” disfrutamos de la noche coruñesa paseando por la encomiable Plaza de María Pita, que se vestía de gala con adornos navideños, y que nos daba la tranquilidad de una ciudad con ambiente pero no con aglomeraciones, pues estábamos ya en un día laborable.

coruna

 

LA CORUÑA, DIA 4

El cuarto día que pasamos en Galicia fue hermoso también. El sol no nos abandonaba, y las nubes no amenazaban. No obstante éramos conscientes de que en cualquier momento esto podía cambiar.

corunaEl plan era claro, nos dirigiríamos hacia la parte occidental esta vez de la región para visitar la ciudad de Santiago de Compostela y finalizar el día en el mismo lugar en el que lo hace el sol, Fisterra (Finisterre). Llegamos tras un corto trayecto a la sagrada ciudad del apóstol Santiago. Qué decir de la localidad de Santiago de Compostela. Se respira un aire particular. Nombrar la Plaza del Obradoiro, por supuesto, y la magnífica catedral de Santiago, que tuvimos la mala suerte de encontrar en tareas de restauración y con andamios en la mitad de la fachada.

Pero a parte de la catedral, todas las calles guardaban rincones fabulosos desde los cuales hacer preciosas fotos, y cada esquina guardaba un secreto nuevo, una nueva placita, una hermosa iglesia o un antiguo convento.

coruna

Comimos en Santiago y compramos un queso con un aroma ahumado que resultó buenísimo además de una típica tarta de Santiago que nos supo también a gloria. Tras la comida, partimos hacia Finisterre.

El trayecto desde Santiago a Fisterra fue por una buena carretera, no tardamos más de una hora y cuarto. A medida que nos aproximábamos a la costa volvía a sentir el embrujo de la tradición y costumbres galaicas y celtas y empezaba a verlo de nuevo todo de otro color. Parecía envolvernos algo ajeno a nosotros. Los pueblos por los que pasábamos dejaban ver sus cementerios con cruces protectoras hacia arriba en los límites de cada camposanto.

La llegada a Fisterra pareció parar el tiempo. Fue llegar al faro tras el cual se pensaba en la antigüedad que no había nada más que el fin del mundo, y entendí por qué. Hacía sol, como todos los anteriores días pero en aquel punto exacto parecía haber una tormenta. En el horizonte se apreciaba aquella tormenta que tapaba el sol, y la despedida de éste se hizo imposible de ver. Desde un peñasco sobresaliente simplemente divisábamos la furia del mar, que no obstante estaba bastante calmado para lo que dicen que suele estar en aquella zona, y cómo, poco a poco, la luz iba disminuyendo hasta dejarnos con ella apagada. Todo aquello nuevamente en un enclave en el que la magia parecía coger más fuerza que nunca, pues alrededor podíamos encontrar varias cruces que mostraban que aquellas gentes siguen arraigadas a sus ancestrales costumbres y seguirán haciéndolo durante siglos.

coruna

 

coruna

Tras esta maravillosa puesta en escena regresamos hacia La Coruña. Nuevamente paseamos por las callejuelas cercanas al centro y cenamos en un lugar de manera muy notable. El sitio se llamaba “La Bombilla“. Ciertamente llevábamos varios días queriendo entrar pero en días anteriores había demasiado bullicio, ya que es uno de los bares en los que mejor se tapea de toda Coruña. Tengo que nombrar también un sitio en el que se puede tomar un estupendo vino casero y comer cacahuetes sin parar: “El Priorato“. Tras esto, a disfrutar de la penúltima noche al hotel.

 

LA CORUÑA, DÍA 5

El quinto y último día en Galicia fue simplemente espectacular. Cogimos, no demasiado pronto, rumbo a oriente de nuevo con destino Mondoñedo. La localidad, de poco más de 4000 habitantes, me resultó espectacular. Con una catedral románica esplendida y unas callejuelas preciosas, la pequeña localidad nos dejó asombrados.

coruna

Seguíamos en Galicia, tierra de misterio, con lo cual, era imperdonable no visitar el cementerio que la persona que había en la oficina de información turística nos había aconsejado.

coruna

Los puentecitos, algunos de origen romano, sobrepasaban el río Masma, haciendo posibles las mejores fotografías. Resumiendo, un pueblo maravilloso.

coruna

coruna

Marchamos para llegar a comer a la frontera de Galicia con Asturias, más concretamente a la ciudad que la compone, Ribadeo. En la ría de Ribadeo comimos, y la verdad es que muy bien. El lugar se llamaba Restaurante Marinero (concretamente situado en el muelle de Porcillán, con toda la pared frontal acristalada permitiéndonos disfrutar de las vistas) y pudimos saborear productos nuevamente de la tierra, mejor dicho, del mar que rodea las zonas donde nos encontrábamos, el Cantábrico.

Después de comer fuimos a parar al lugar estrella, el lugar que llevaba esperando días y días, la Playa de las Catedrales (Praia das Catedrais, en gallego). Obviamente tuvimos que informarnos la noche anterior (nos informó el recepcionista del hotel, con el cual llegamos a tener mucha confianza) de las mareas, ya que la marea puede hacer cambiar la altura del nivel del mar en aquel paraje en unos cuatro metros incluso, llegando a tapar por completo la playa haciéndola inaccesible.

coruna

Obviamente es necesario bajar a la playa cuando hay marea baja y uno no tiene más de hora y media para pasear antes de que todo vuelva a ser cubierto por el mar. En el siguiente enlace se puede ver el ciclo de las mareas para poder acudir a la maravillosa Playa de las Catedrales.

http://www.playadecatedrales.com/mareas.php

coruna

Las palabras sobran para describir el lugar. Es algo inexplicable. Increíble lo que la naturaleza es capaz de formar. Mejillones y otros crustáceos estaban pegados en las paredes de los acantilados, la mayoría bastante pequeños, como empezando a formarse. Pasear por allí era como estar en el paraíso.

coruna

Tras maravillarnos con aquello regresamos a nuestro punto de origen, La Coruña, desde donde al día siguiente partiríamos en un largo viaje…

GALICIA, TIERRA DE MISTERIO Y TRADICIÓN… PARTE I


ANTES DE NADA…

Antes de nada me gustaría poner en conocimiento de todos la posibilidad que tuvimos (gracias a Ángel, como posteriormente cuento) de realizar las visitas guiadas que hay organizadas en la ciudad de La Coruña por el ayuntamiento y mediante las que diversos personajes históricos resucitan para contarnos la historia de la ciudad. Especial mención merece el historiador Suso Martínez que encarna a todos estos personajes. Tanto Xoan Fernández de Andeiro, como Mil Espane o Don Fiz de Cotovelo nos rogaron que habláramos de ellos y de sus andanzas una vez que regresáramos a nuestras tierras, y en su honor, no vamos a faltar a nuestra palabra…

LA CORUÑA, DÍA 1: TOMA DE CONTACTO CON LA VILLA

Reservamos nuestra estancia en tierras gallegas, concretamente coruñesas, con bastante antelación. Teníamos unos días tras el puente de diciembre que se celebra en España correspondiendo al día de la Constitución y al día de la Virgen de la Inmaculada, y al quedarnos con pocas ideas en mente sobre dónde ir, nos pareció un plan a tener en cuenta el que tuvieron unos familiares muy cercanos. Aprovecho de antemano para agradecer públicamente los cinco maravillosos días que pasamos en aquellas misteriosas y fascinantes tierras con ellos. En especial, agradezco a Ángel el conjunto de ideas que tuvo y algunas de las visitas que, por sorpresa para nosotros, ya había reservado. Tan grata sorpresa como fascinación nos produjeron las visitas guiadas que nos ofrecía el historiador gallego Suso Martínez, dignas de mención y aprobación (rebosaba la sabiduría y cultura de un gran catedrático, el entusiasmo y la fuerza de un gran actor y el conocimiento e ilusión de una persona de la tierra que expone a través de acontecimientos, reales y místicos, las ideas de un pueblo y una tierra que parecen estar por momentos embrujados y consiguen, en unos instantes, embrujar al visitante de esta tierra misteriosa).

Como decía, cuando reservamos estancia, teníamos a favor la magnífica idea de contemplar por fin tierras gallegas a fondo, ya que disponíamos de cinco días completos, pero teníamos en contra la incertidumbre de los fenómenos atmosféricos que se dan en estas fechas por aquellas zonas… La certeza de que tendríamos nubes y agua por todos lados era casi completa, cosa típica de Galicia, según teníamos entendido… Como explicaré posteriormente, nos equivocamos rotundamente.

Nuestra llegada tuvo lugar el viernes 6 de diciembre del pasado año. Partíamos de lo más profundo de la península dejando atrás niebla, frío y nieve incluso al pasar por algunas de las cordilleras que atravesábamos. Partimos pronto y en aproximadamente cinco horas (con parada en el precioso pueblo de Tordesillas para proveernos de un hermoso desayuno) estábamos en La Coruña. El hotel Meliá María Pita nos esperaba sobre las playas de Orzán y Riazor para darnos cobijo durante las próximas cinco noches. El hotel de diez, totalmente aconsejable. La posición de las habitaciones me dejaron noqueado. Dábamos literalmente al mar, la brisa del Atlántico pegaba directamente en nuestros rostros y el sonido de las olas se sentía totalmente desde arriba. A uno de los miembros de nuestro pequeño grupo le producía algo de inquietud el escuchar las olas tocando casi la puerta de nuestro hotel, pero a mí me parecía maravilloso.

coruna

Llegamos a la hora de la comida y en 500 kilómetros la meteorología cambió trasladándonos a la primavera y mostrándonos un cielo azul casi por completo con una temperatura que se acercaba a los 20 grados (en pleno diciembre, reitero).

coruna

Sinceramente, no esperaba mucho de La Coruña. Me informé vagamente del contenido cultural que podría aportarnos la ciudad y las expectativas fueron rebasadas totalmente. Desde el primer momento, me empezaron a embrujar las calles que divergían en torno a la maravillosa Plaza de María Pita, donde un deslumbrante edificio correspondiente al ayuntamiento presidía con gran gala como dándonos la bienvenida a la ciudad.

coruna

Comimos en una de las muchas tabernas que había en los soportales rodeando la plaza. Empezamos probando un plato típico de la tierra como es el raxo con patatas (y es que una vez más recuerdo que para mí, la gastronomía de los lugares que visito es un atractivo más que, sin duda, necesito conocer). Nada más que comentar sobre el primer sitio en el que comimos. Un aprobado puede ser merecida nota para el lugar, ya que el servicio no era gran cosa y la comida tampoco era espectacular.

coruna

Por la tarde descansamos un poco tras pasear por algunas de las callejuelas del casco antiguo y por el paseo marítimo que daba prácticamente a la puerta de nuestro hotel. Tras contemplar la maravillosa brisa atlántica que rociaba nuestros cuerpos decidimos descansar (casi a petición de nuestros compañeros de viaje) para disponernos a acudir a lo que nuestro querido Ángel había planeado de antemano, la visita guiada nocturna de la villa de mano de un personaje histórico que había resucitado por unas horas para mostrarnos la parte más antigua y bonita de La Coruña.

El coruñés Xoan Fernández de Andeiro, personaje relevante del siglo XIV no sólo en Galicia, sino también en Castilla y especialmente en Portugal (investiguen por qué, es muy curioso), tomó vida, como dije anteriormente, para contarnos durante aproximadamente hora y media hechos que se produjeron durante su mandato en La Coruña, con levantamientos incluidos, y de paso, aprovechó para mostrarnos las maravillosas callejuelas pertenecientes a la vieja ciudad de A Coruña, puerta del Atlántico. Comenzó también a darnos algunas de las pinceladas de la superstición y tradición que desde los tiempos del Conde de Oren (Xoan Fernández de Andeiro) hasta hoy perviven en las peculiares y maravillosas gentes del lugar.

coruna

Y es que, tengo que subrayar que los gallegos me parecieron gente honrada, amable, y honesta porque cuentan las cosas como las sienten y no para mostrar al viajero cosas maravillosas del lugar, sino porque así las sienten en lo más profundo de su corazón. Para ejemplo recalco de nuevo a la persona que tomó el papel del Conde de Orén, el historiador Suso Martínez. La visita la catalogo simplemente de magnífica. Mi asombro llegó por completo cuando Ángel nos confirmó que la visita fue gratuita, simplemente tuvo que facilitar sus datos y el número de personas que asistiríamos a dicha visita al Ayuntamiento de A Coruña. Xoan Fernández de Andeiro, el Conde de Orén, insistió en varias ocasiones en que no faltáramos a la visita que a la mañana siguiente, otro importante personaje gallego mostraría en torno a la Torre de Hércules.

La noche acabó y no puedo poner una nota inferior al 10 respecto a nuestro primer día en tierras galaicas. Esa noche no eché la cortina, me dormí escuchando el rumor de las olas y me desperté con los primeros rayos de sol que se reflejaban en el Cantábrico. Me entusiasmó el pensar que todavía me quedaban cuatro amaneceres que contemplar desde la ventana que reposaba sobre el Atlántico.

 

coruna

 

CORUÑA, DÍA 2: PROFUNDIZANDO EN LA HISTORIA Y TRADICIONES CELTAS

El sábado 7 de Diciembre, tras un grandioso desayuno que nos ofreció el Hotel Meliá María Pita, nos dirigimos, con prisa, pues llegábamos justos a los pies de la Torre de Hércules, a nuestra segunda visita. ¿Quién sería el personaje histórico que nos mostraría las raíces de lo que es la actual Galicia?

coruna

corunaMil Espane era tal personaje (y lo mejor y más sorprendente es que Suso Martínez volvía a encarnar el personaje). La vestimenta era curiosísima. Gracias a lo que Mil Espane nos iba contando, me transportaba hacia lo místico y lo mágico de la civilización celta. Lo más curioso era todo lo que hablaba del más allá, del mundo de los muertos y de la delgada línea que separa ambos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Mil nos contó que “su abuelo”, Breogán, rey de Brigantia (actual Coruña) construyó la Torre de Hércules para divisar en el horizonte una delgada línea verde que correspondía a la costa irlandesa. Supimos gracias a sus relatos que concretamente un día de Samaín de hace siglos, Mil conquistó la gran Irlanda. A parte de este gran acontecimiento nos habló sobre una misteriosa puerta que se encuentra situada a los pies de la propia Torre y que es conocida como “la puerta al más allá“. Hay que tener especial cuidado con sobrepasarla, especialmente el día de los difuntos (1 de Noviembre), ya que ese día la línea es más delgada que en ningún otro momento y en cualquier instante puede confundir si uno está dentro del mundo de los vivos o si lo está dentro del de los muertos, nos sugería el guerrero. Para completar la visita, Mil Espane nos llevó frente a los acantilados del Mare Tenebrossum (actual Atlántico), según cuentan, frontera antes del más allá, o como el propio nieto de Breogán nos explicaba, lanzadera directa hacia el Alén.

Finalizamos la magnífica escenificación de Suso Martínez, rogándole el poder asistir a otra de las visitas que se hacían ese mismo día, esa misma noche en el Cementerio de San Amaro, el cementerio de la ciudad. Tuvimos que rogar porque para esta visita había lista de espera (máximo de 30 personas), y más concretamente esa noche, ya que se llegaba a la visita número 1000 al cementerio desde que unos meses antes se empezaron a organizar estas visitas.

Tras las maravillas que Mil Espane nos mostró, no pudimos hacer otra cosa que poner a punto nuestro cuerpo con una estupenda comida, esta vez sí, en un restaurante que nos resultó de una excelente calidad. El restaurante, prácticamente en el Paseo marítimo (concretamente en la calle Comandante Fontanes nº1), se llama “Comer y picar”. Degustamos unas excelentes zamburiñas, y unos estupendos pescados de segundo recién cogidos del Atlántico, entre los que no faltaron fritos de cigala. Para comer en este restaurante, es aconsejable realizar una reserva, y más aún si se desea consumir el menú degustación, ya que puede ser que al pedirlo allí directamente, no tengan la suficiente cantidad de algunos productos.

http://www.comerypicar.com/

A las 21.00 horas despertaba en el Cementerio de San Amaro, situado frente al mar y que forma parte de la Asociación Europea de Cementerios Singulares. Primeramente me gustaría comentar quién fue San Amaro (o San Mauro), que por cierto, estuvo en vida en el más allá, en el paraíso terrenal. Otro de los personajes históricos, nuevamente encarnado por Suso, que nos hablaría de temas “políticamente incorrectos”. Nos hablaría del más allá en un paseo por el cementerio que nos puso los pelos como escarpias pero que resultó una experiencia inolvidable. Se nos habló de difuntos y personas allí enterradas, entre ellos, escritores y políticos de renombre, de familias pudientes y, especialmente, recuerdo el acontecimiento que protagonizó un niño al intentar salvar a una mujer en la playa de Orzán, que tantas vidas ha arrebatado, junto a la de Riazor, y que allí está enterrado. Para finalizar el paseo, Don Fiz de Cotovelo, el alma en pena que encabezaba la visita, nos afirmó que formábamos parte de la Santa Compaña o procesión de muertos que vagaba en aquel momento por el cementerio. ¡¡Simplemente mágico!! Inolvidable, sin duda. Gracias de nuevo, Ángel.

coruna

Para hacer la reserva de esta, o alguna de las anteriores visitas os dejo un enlace que os será de gran ayuda:

http://www.turismocoruna.com/web/corTurServer.php?idSecweb=97&idInfo=556&idCategoria=240

Finalizamos nuestro segundo día en Brigantia… perdón, en La Coruña, con una cena en plan tapeo en la tasca O Tarabelo (por las calles del centro podéis encontrar centenares de bares de tapas a muy buen precio y bastante buena calidad) en la que probamos otra delicia gallega: la zorza,  y regresamos a descansar a nuestro magnífico hotel.

TÚNEZ, PARTE IV: UN GRAN E INTENSO DÍA EN EL SAHARA


Comenzamos el día con muchísimo ánimo debido al embrujo que cubría todo mi cuerpo y mente gracias a la maravilla contemplada el día anterior. ¡El desierto me había fascinado!

Tras un potente desayuno pusimos rumbo a El Jerid (El país de las Palmeras) con destino Tozeur. Por una carretera estrechísima y en una recta que parecía infinita, divisábamos un paisaje totalmente desértico, pero al mismo tiempo parecíamos ir avanzando hacia una lejana cadena montañosa que empezaba a descubrirse en el horizonte. Mediante esa carretera por la cual nos aproximábamos a la frontera con Argelia llegamos a un lugar de ensueño. Un lugar fascinante por su rareza. Jamás he visto nada igual y difícilmente debe existir un lugar parecido a “Chott El Jerid” (Lago salado).

tunez
tunez

Obviamente hicimos un alto para contemplar la magia del lugar. Era como estar en medio de la nada. Para poder explicarlo, nos situábamos en una llanura kilométrica por la que atravesaba una estrecha carretera, como anteriormente dije, y a unos 20 metros sobre el nivel del mar. Había pequeños charcos en algunas zonas, charcos de agua salada, y es que nuestro guía nos comentó que en algunas épocas del año aquella inmensa llanura se llena de agua salina y deja esos resquicios de sal que encontramos nosotros.
tunez

Se pueden arrancar del suelo pequeñas porciones que uno lógicamente se puede llevar a casa, lo malo es que al ser pura sal, la piedra es muy frágil, y lo más fácil es que llegue hecha añicos.  A pesar de ser un día caluroso corría una cierta brisa que suavizaba la temperatura del lugar. Hay que tener en cuenta además, que no eran tan siquiera las 9.00 de la mañana, con lo cual el sol todavía no apretaba con la mayor fuerza posible, como sí lo hizo más tarde.

Impresionado aún por el lago salado, en este caso seco, llegamos a aquella cadena montañosa de la que hablaba anteriormente. La frontera argelina quedaba a menos de 20 kms lo que indicaba que estábamos en el interior de África, en medio del mismísimo desierto del Sahara. Sin embargo llegamos a un enclave en el cual las palmeras eran tan altas que sobresalían por encima de las colinas que había ante nuestros ojos.

tunez

El paraje era nuevamente indescriptible. ¿Cómo era posible que en medio de la nada naciese un paraje natural como el que había en aquel enclave? Estábamos en un Oasis, concretamente llegamos a los Oasis de Tamerza y Chebika. Un guía (bereber) de la zona nos mostró el lugar. Primero subimos a lo alto del asentamiento que allí había. Realmente parecía un antiguo pueblo abandonado y prácticamente en ruinas.

tunez

tunez

Sin embargo, lo bonito no eran las casas sino el paisaje en el que nos encontrábamos, donde entre otras, se rodaron escenas de películas como “Memorias de África” o “El Paciente Inglés”. Toda la naturaleza que parecía salir de la mismísima nada salía de un lugar. Nos fuimos adentrando en el oasis. Íbamos avanzando entre palmeras y flores por la ladera de una montaña en la que aparecían fósiles de mejillones y otros crustáceos (no olvidemos que hace millones de años esta zona estaba cubierta por el mar), hasta dar con un riachuelo que era el que daba vida a toda aquella maravilla. Fuimos siguiendo el agua pero a contracorriente hasta llegar a un pequeño estanque formado por la caída de una imponente cascada.

tunez

El agua del pequeño estanque que había en el corazón de aquel oasis era azul celeste debido a los minerales que hay en la roca de aquella cadena montañosa, perteneciente a la cordillera del “Gran Átlas“. Volvimos entre palmeras, esta vez por la ribera del riachuelo, atravesando el oasis por el lado contrario al cual lo habíamos recorrido en la ida.

tunez

Tras esto nos esperaba la gran aventura de recorrer el desierto de dunas montados en un 4×4 dirección al enclave en el cual Peter Jackson decidió rodar la saga “Star Wars”.

tunez

Nuevamente en medio de la nada y tras una descarga excitante de adrenalina gracias a las “burrerías” que el conductor del todoterreno iba haciendo, apareció esa sorpresa. Una sorpresa de cartón piedra. Casitas del mismo color que la arena del desierto hacen que parezca que existe un pueblo que en realidad no existe. La astucia de los comerciantes del lugar ha hecho que tras el rodaje de una de las películas de la saga “Star Wars” no se derribaran las casitas que se prefabricaron para el mismo, comenzando a tener un cierto interés turístico que ha hecho del lugar una visita muy recomendable, sobre todo por el paisaje del que está rodeado.

tunez

Posteriormente y tras un paseo algo más tranquilo que el anterior, volvimos hacia nuestro autobús, que nos esperaba para llevarnos a comer a la localidad más cercana. Recuerdo que comimos un revuelto de verduras frescas de primero y un buen plato de carne (no sé muy bien de qué pero descartado queda el cerdo) de segundo. No me disgustó, mientras que “la persona que está a mi lado” me ofreció gentilmente su ración, pues la comida seguía sin ser de su agrado…

Tras la comida viajamos rumbo al hotel, que se situaba en la ciudad de Tozeur, y descansamos por la tarde, agradeciéndolo enormemente, y disfrutando de la gran piscina que tenía el hotel de circuito en el que nos alojamos, que en esta ocasión sí que hacía honor a su categoría de 4 estrellas.

Había un “extra opcional” que consistía en una cena con espectáculo que elegimos contratar (por unos 40 dinares por persona, 20 € al cambio). Tomamos una gran decisión…

Machram y nuestro chófer durante todo el circuito nos esperaban sobre las 19.30 en la puerta del hotel para llevarnos al lugar donde disfrutaríamos de la esperada cena que nos ofrecerían. No salimos de la ciudad de Tozeur, me dio la impresión de que apenas llegábamos a las afueras de la pequeña localidad. Bajamos del autobús y ya a pie nos dirigimos hacia un recinto flanqueado por unas grandes y hermosas puertas de estilo árabe. Nada más entrar, un largo pasillo con antorchas a ambos lados que iluminaban nuestro camino. Tras brindar con un sabroso y refrescante cocktail (sin alcohol-recordemos que los musulmanes practicantes no toman alcohol-) compuesto por frutas exóticas como el mango, nos llevaron hacia una enorme explanada. Se trataba de una gran explanada de tierra en la que rodeados de antorchas presenciaríamos un espectáculo ecuestre que hicieron ponerse los pelos de uno como escarchas…

tunez

Fue realmente bello. Había varios jinetes, algunos con trajes oscuros de temible guerrero musulmán y con magníficos caballos negros y otro de ellos con vestimenta también de guerrero pero blanca y con un hermoso caballo blanco. Todos realizaron magníficos números ecuestres, incluso simulando una lucha entre uno de los guerreros negros y el blanco. Éste último salió victorioso. Como decía, todavía no había comenzado la cena y ya había merecido la pena pagar esos 40 dinares que pagamos por persona.

tunez

Posteriormente al número ecuestre, le siguió uno en el cual un encantador de serpientes y tarántulas era el protagonista. Él y nuestras parejas, que también salieron a escena para soportar que dicho encantador rodeara sus brazos con serpientes de diversos tipos. No tan impresionante como el primer número pero notable.

tunez

Antes de llevarnos al comedor nos condujeron a unas jaimas, en las cuales “mujeres del desierto”, bereberes en realidad, hacían labores típicas diarias como muestra para los espectadores (lo habíamos vivido anteriormente en las casas bereberes). Algunas cosían, otras hacían aquel sabroso pan que anteriormente probamos y molían trigo… Después de esta pequeña visita sí nos condujeron hacia el comedor.

tunez

El comedor realmente estaba bajo una especie de gran jaima. En medio, un pequeño escenario nos daba una pista sobre lo que podía acontecer.
tunezEl menú estaba elegido. Mientras nos servían un imponente consomé (chorba) tan delicioso como abrumador (por la temperatura que teníamos, y es que esa noche fue de las más calurosas de todo el viaje no bajando seguro de los 28 grados), un primer grupo de musulmanes con una típica vestimenta se dispusieron a tocar una
alocada pero hipnótica música para que una joven nos mostrara una especie de danza del vientre mientras hacía malabarismos colocándose diversos artilugios sobre la cabeza y ganándose los aplausos de los 30-35 viajeros que disfrutábamos de la noche. A todo esto, gastronómicamente hablando íbamos por un segundo plato compuesto de verduras y especias a montones que hacían subir los calores de más de uno (ensalada mechuia), empezando por mí. Posteriormente, bajaron del escenario los músicos que racialmente se calificarían de norteafricanos (por su tez morena pero no oscura) y llegaron unos nuevos artistas con la piel realmente oscura que parecían más bien subsaharianos. Eran hombres del desierto, touareg, hombres, y un niño que también participaba en las extrañas danzas que iban mostrándonos junto a la música en directo que ellos iban ofreciéndonos con pequeños pero contundentes instrumentos de percusión.  Con ellos nos iban sirviendo el plato estrella de la noche, por supuesto, un cus-cus que fue de los mejores que probamos en todos los días que pasamos en Túnez. Una vez finalizada la tanda de bailes y músicas que nos ofrecieron los touaregs, nos pusieron en las mesas los postres: esta noche tocaba probar un Makrouhd, un exquisito dátil recubierto de una masa de hojaldre y miel. Estábamos realmente llenos, yo especialmente ya que como siempre comía mi ración y parte de la de “la persona que está a mi lado” que aunque parecía ir abriendo el apetito y acostumbrándose a la gastronomía rica y típica tunecina (por cierto, no muy variada) no era capaz de acabar con su ración completa bajo ningún concepto.

Finalizamos la cena y los espectáculos y llegamos al hotel cerca de las 23.00 horas, lo que era una auténtica noche de ronda teniendo en cuenta el ritmo de vida que allí llevan a cabo y sobretodo sabiendo el duro día que nos esperaba ya que nos dispondríamos a regresar a la costa (y por qué no decir a la civilización) y abandonaríamos nuestro amado desierto…