ATARDECERES: Cova d’en Xoroi (CALA’N PORTER, MENORCA)


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La Cova d´en Xoroi


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Cuenta la leyenda que una noche de verano apareció en una aldea cercana a la ya existente localidad de Alaior un hombre con ropajes que le hacían ir casi desnudo y con una larga melena desgarbada. Dicen las lenguas que se trataba de un superviviente de un posible naufragio que hubiera cerca de la isla de Menorca. El presunto náufrago raptó a una hermosa y joven vecina de la aldea, a la que llevó nadie supo adonde. Meses y meses pasaban y a pesar de la intensa búsqueda propagada por la familia de la mujer no había señales de vida de ninguno de los dos con lo que prácticamente les daban por muertos en la isla. Pasado un tiempo, quizás años, unos agricultores del lugar que inexplicablemente perdían parte de su cosecha por las noches encontraron unas misteriosas huellas que siguieron hasta dar a parar a una inmensa gruta. En la gruta encontraron a la bella mujer que habían secuestrado tiempo atrás junto a su raptor, Xoroi, del que se había enamorado locamente y con el que compartía además de aquella bella cueva como hogar, tres lindos hijos. Los agricultores no tardaron en regresar al pueblo para avisar a los vecinos y a la familia de haber encontrado a la joven y su secuestrador, no dudando un momento todos los habitantes de la pequeña localidad en ir a dar rescate a la joven y muerte al náufrago, llamado Xoroi. Tras la llegada de la bandada al lugar, Xoroi no pudo más que lanzarse al mar perdiéndose en la lejanía por la que un día de hace varios años llegó. Uno de los hijos, el mayor, se lanzó tras él al mar perdiendo también la vida. El lugar donde se resguardaron, donde se enamoraron, donde tuvieron y mantuvieron tres hijos y desde donde Xoroi perdió la vida lanzándose para escapar de la ira de un pueblo entero, lleva hoy su nombre. Hablo de “La Cova d´en Xoroi”.

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Como expliqué en entradas anteriores hay para mí entre todas las joyas que tiene Menorca un diamante que reluce sobre todos los demás, y es ésta “La Cova de Xoroi”. Situada en Cala´n Porter, es uno de los lugares a los que llegué por fortuna, pues cuando viajé por primera vez a Menorca no sabía ni de su existencia, y regresé con cientos de imágenes de la cueva en mi mente. Y es que lo que proporciona este enclave a los cinco sentidos es algo casi inexplicable, aunque no obstante esté intentando contar qué se puede sentir al sobrepasar sus puertas.

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Me remito a describir la primera vez que entré en el lugar. Poca gente, aproximadamente las 20.00 horas, mes de Junio, finales del mes más bien, agradable temperatura y un cielo tan azul casi como las turquesas aguas de las calas de alrededor. Eso sí, ese cielo azul ya lo era ligeramente, por una todavía lejana oscuridad que era traída por una de las “para mi” siete maravillas del mundo antiguo y moderno, la puesta de sol de la isla de Menorca. Entré en la Cova, y tras unos metros en los que se adquiere la entrada sin saber qué realmente iba a encontrar dentro, desaparece el techo dando paso a un escaparate inigualable. Mi vista daba de frente al Mar Mediterráneo que parecía más inmenso que visto en los mapas y que, como decía, desprendía un color y una belleza inigualables. Ojalá pudiera trasladarme a ese momento más a menudo, aunque dando rienda suelta a mis recuerdos prácticamente lo logro. Me sitúo en un pasillo, un pasillo de azulejos que están sobre la piedra del acantilado sobre el que fue construida la pasarela que lleva al interior de la cueva. Continúo caminando dejando el mar a mi derecha, la barandilla, bastante baja, deja que me asome y quede impresionado de la altura que hay entre mis pies y las rocas donde rompen una y otra vez las fuertes olas que aquel inolvidable día de Junio había.

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Traspasamos una zona de reservado, adornado de forma bellísima con un estilo balear de sillones y mesitas blancas que dan más furor todavía al momento. Llegamos a una gran terraza prácticamente circular en la cual han acomodado un chillout. Las vistas, por difícil que parezca siguen mejorando cada instante quizás ayudándose de que el cielo va cogiendo un color rosado gracias al adiós del sol que se despedirá esa noche de nosotros en unos minutos. Tras la plataforma destechada unas escaleras bajan a otra zona de pequeños reservados, tan bien decorados como los anteriores. Otra instantánea desde ese lugar no sobrará tampoco en mi mente a pesar de la sobredosis de belleza que lleva mi cabeza tras las imágenes captadas desde hace ya un rato.

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Penetramos en un largo túnel (por el que seguramente antaño corretearon los pequeños de Xoroi y su amada) en el que se puede uno sentar en sillas y mesas a descansar de todo este sobreesfuerzo. Y uno va a parar a dar a la plataforma principal, donde un cantautor con una guitarra entona melodías que junto a aquel inmejorable paraje parece hacerte superar el umbral de lo real y lo divino.

Aún así te mantienes en pie, miras a tu alrededor, vuelves a mirar, te parece mentira, pero no lo es, no sabes qué hacer, dónde ir, te aproximas nuevamente a la barandilla para mientras escuchas una música tan bien cantada como tocada ver chocar las olas en una caída de más de 15 metros… Y a todo esto, las estrellas se iluminan, mientras la música del poeta da paso a melodías chillout que te envuelven igualmente en una atmósfera mágica.

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A partir de las 23.59 horas el lugar se convierte en discoteca, el ambiente es fenomenal, aunque tengo que reconocer que en aquel momento ya había vuelto sobre mí mismo. Fue uno de los momentos imborrables que jamás, espero jamás, puedan abandonar mi cabeza, porque así recuerdo la primera vez que entré en la Cova d´en Xoroi.

Comentar que la cueva puede visitarse como museo y tienda (que está a la derecha según entras / izquierda si la visitas cuando sales, que es lo recomendable), como sesión chillout por la tarde y como discoteca por la noche.

Para más información, dejo el enlace de la página oficial del sitio:

http://www.covadenxoroi.com

Para comer en Cala’n Porter (Menorca)


Como he dicho en muchas ocasiones uno de los atractivos de viajar es, sin duda, conocer la gastronomía del lugar al que nos dirigimos. En mi opinión viajar a cualquier lugar y no comer platos típicos de la tierra, no me parece viajar plenamente. Para ello os voy a aconsejar varios sitios a los que he tenido la fortuna de ir y que estoy seguro os serán de gran ayuda.

Si queréis probar uno de los platos típicos por excelencia de la isla, no podéis dejar de ir al restaurante La Vela. Allí pedid una buena caldereta y por un precio bastante bueno podréis probar la mejor que yo he comido en toda la isla.

Otro de los sitios donde merece la pena comer es el Bar Pons. Bien ubicado y con un servicio súper personalizado podréis desde tomar una cervecita o un refresco con un pinchito de paella hasta comer las mejores gambas menorquinas o una más que notable caldereta. La tarta de queso no recomiendo dejarla escapar… pocas he probado tan buenas.

La Palette es otro de los lugares donde queda demostrado que en Menorca, a parte de buenas gambas, gambones, langosta y demás marisco se come también muy buena carne (de ternera en concreto). Y es que un buen bistec no nos hace mal a nadie nunca… Sobre todo si viene ofrecido por un excelente servicio y un acogedor lugar.

Aunque, en mi opinión no lo sea tanto como los otros, también es recomendable el restaurante Club Menorca. Si lo que quieres es una velada con tu pareja y cenar considerablemente bien contemplando las mejores vistas de Cala’n Porter este es el restaurante ideal.  Hay variedad, es un sitio precioso desde el cual se divisa la cala por completo. En cuanto a la relación calidad-precio sinceramente… se paga el bello lugar donde se come o se cena. La comida no es lo mejor del restaurante.

Mención especial merece el sitio por antonomasia no solo de Cala’n Porter sino de la isla entera, La Cova d’en Xoroi. Véase en la entrada dedicada exclusivamente al sitio, lo merece.

Menorca


Cala

Si como en algún lugar he escuchado y/o leído, existe el paraíso, sin duda tiene que estar en Menorca… Y es que la única palabra que podría definir a Menorca con argumentos suficientes es esa, paraíso. Para ser más preciso a la hora de hablar de la isla podría decir de Menorca que es un conjunto de paraísos que componen el paraíso. Y no exagero, os lo aseguro. Antes de viajar a Menorca, allá por el 2008, obviamente me informé sobre lo que me iba encontrar en aquella pequeña isla. Ciertamente iba buscando algo con encanto natural y en mi cabeza rondaban varias opciones. Ese encanto me lo podían proporcionar lugares como Ibiza, seria candidata a obtener mi visita en aquel momento o incluso alguna de las Islas Canarias. Sin embargo, el bullicio que por aquel entonces desprendía la Isla de Ibiza, o al menos aquello era la información que iba obteniendo, hizo que mi mente direccionase el objetivo hacia la tranquila isla de Menorca. Tengo que reconocer que por momentos, una vez contratado ya el viaje, tuve miedo de que aquella tranquilidad de la que me habían hablado que encontraría en la isla fuese excesiva. Es cierto que buscaba un destino tranquilo pero lo que tampoco quería era aburrirme al segundo día.

Con poca, o prácticamente ninguna información más cogí un establecimiento, en un lugar que no parecía muy conocido y por decirlo de alguna manera, me la jugué. Esta apuesta me llevó a uno de los rincones más bellos que aún hoy tengo en mi mente.

La zona que casi por azar elegí pertenece a la localidad de Alaior, un municipio conocido en la isla. Pero esta zona realmente está alejada del centro de la localidad. Hablo de Cala´n Porter…

Cala´n Porter es la zona turística de Alaior y no debe tener más de 1500-2000 habitantes en periodos no estivales.

Desde el aeropuerto de Menorca, pequeño eso sí, y sin apenas comercios ni oferta hostelera, lo más aconsejable es coger un taxi hasta Cala´n Porter. El taxi no supondrá más de 20 € y el trayecto inferior a 20 minutos, por carreteras convencionales. Muy convencionales, me atrevería a decir.

Una vez llegados a Cala´n Porter comprobaréis que “el pueblecito” se constituye en torno a una hermosísima y gran cala, y sobre la que se levanta el resto de edificaciones que allí se encuentran. Y vamos que si se levantan… De hecho al nivel del mar únicamente se encuentra un hotelito y varios restaurantes-chiringuitos. Para hacer cualquier otra cosa es necesario subir unas escaleras desde la misma cala que deben suponer casi un 30 % de desnivel (son realmente una pared) o dar un rodeo que tardaremos en trazar unos quince minutos a pie hasta situarnos en el núcleo de la zona turística de Cala´n Porter.

Aún recuerdo la primera vez que visualicé la playa de día… recuerdo perfectamente cómo mis pasos se alargaban no dando crédito del color que desprendía aquel mar tan azul turquesa como nunca antes había visto, y es que metro a metro ese color era casi más intenso… Mi cabeza, por su parte intentaba convencerme de que aquello no era posible, pero sí, lo era, era tan real como la blanquecina arena con aquellos granos tan inapreciables que llegaban hasta aquel mar de tan increíble belleza y color. Me pareció realmente estar en el paraíso.

En cuanto a playa jamás he visto nada igual para disfrutar del agua, de la arena y del sol, si el tiempo lo permite, que en verano suele ser así.

Pero no está aquí todo el poderío de Cala´n Porter… si fuese así no lo podría calificar como el paraíso…

La primera noche nos limitamos a pasear por la zona, subiendo eso sí, aquellos complicados escalones que obligatoriamente hay que escalar si queremos encontrar vida más allá de aquel hotelito a la orilla de la cala. Poco más hicimos además de comprobar que la gastronomía también era de nota, probando unas de las mejores gambas que he probado (gambas menorquinas) y demás marisco de la tierra (o más bien del mar). Comprobamos que había un gran número de turistas de nacionalidades sobre todo alemana e inglesa. La media de edad comprobamos que también era alta, aproximadamente de unos 50 años, lo que devolvió a mi mente aquellas primerizas dudas de haber ido a desembocar a un viaje, ya sin retorno, en el que el aburrimiento llamaría a nuestra puerta para acompañarnos desde el segundo o tercer día hasta el final del viaje. Afortunadamente estaba equivocado.

Cala´n Porter

Estando el segundo día en la playa se acercó una chica para darme una invitación (de consumición) de una “discoteca”. Tras explicarme brevemente cómo ir, nos dispusimos esa misma noche a caminar hacia el lugar. Es de remarcar que hasta el momento no utilizamos vehículo alguno. Tras 15 cómodos minutos de un precioso paseo entre grandes casas (casi mansiones algunas) y acercarnos a acantilados descomunalmente preciosos donde realizar magníficas instantáneas, llegamos a aquel sitio, el lugar que terminó de convencerme de estar realmente en el paraíso.

Llegamos a un sitio que era mucho más que discoteca… Y lo digo porque además de lugar de ocio nocturno, es museo de día, pues se puede visitar como cueva que es, y lugar chill-out ideal para contemplar el atardecer y anochecer más bonito que jamás he vivido. Como decía, es una cueva formada dentro de los acantilados que dan a parar al mar y sobre los que se han construido pequeñas plataformas perfectamente situadas para poder disfrutar sobre lo anteriormente descrito mientras uno se toma su correspondiente consumición. Sobre las 20.00 horas había un pequeño concierto acústico con un gran cantautor que tras aproximadamente 45 minutos daba paso a una genial música chillout que te transportaba a otra galaxia mientras el sol iba despidiéndonos para dejar a su vez paso a una discoteca nocturna en la que comprobamos, que aquella media de 50 años se convertía en una media de 30 y que de nuevo mis dudas de haber elegido aquel destino como viaje fueran disipadas totalmente.

Cova de´n Xoroi

A día de hoy, este lugar forma sin duda parte de los sitios donde pediría que me dejasen viajar si alguien me dijera que tan sólo me restan unas horas de vida.