UNAS VACACIONES DIFERENTES: EL CRUCERO, QUÉ HACER A BORDO Y ALGUNOS CONSEJOS PARA CRUCERISTAS


La elección definitiva de dónde pasar nuestras vacaciones este 2014 se tomó a tan sólo dos semanas del comienzo de las mismas. Cierto es que siempre estuvo la idea de realizar un crucero rondando por nuestras cabezas, pero nunca lo contemplamos como una opción real hasta los últimos días.

Ahora bien, ¿qué tipo de crucero haríamos?, porque cruceros hay muchos, quién mejor que nosotros mismos, que nos dedicamos al sector turístico y más concretamente al de cruceros, para corroborarlo. Gracias a la experiencia y al conocimiento que tenemos de ello, teníamos claro (ambos) que no queríamos algo corriente. Queríamos un barco de garantías, de una naviera que nos diese seguridad de calidad, un barco moderno, con clase, con estilo, grande, confortable y que nos diese la posibilidad de disfrutar del mismo sin que se nos presentara un sólo minuto de monotonía durante las vacaciones, es decir, que nos ofreciera todo tipo de actividades para no aburrirnos dentro del buque. Pero había algo igual o más importante incluso, el destino, los destinos en este caso. Yo tenía una idea clara en la cabeza, y era que no quería realizar el típico Mediterráneo Occidental. Sin menospreciarlo, es una zona cuyos principales puntos de interés conozco bien, también «la persona que está a mi lado». Además se alejaba mucho de lo que yo había ideado para nuestras vacaciones, quería algo, por qué no decirlo, más lejano, más exótico. Simplemente era cuestión de encuadrar todo esto dentro de las vacaciones que teníamos, que reitero, gracias a nuestro sector, son algo anormales. Dispondríamos de la primera quincena de octubre.

Una vez estudiado todo lo anterior, pusimos la bala en la presa, es decir, buscamos algo que tanto en fechas, como en calidad nos encajara pronto. La disponibilidad, nosotros mismos pudimos comprobarla. Elegimos pues, un barco, como expliqué en el párrafo anterior, de garantías, de una naviera de la que nos podíamos fiar y con un recorrido que satisfacía por completo nuestras expectativas, pues aunaba cultura en algunos de sus puntos, exotismo en otros y lejanía por supuesto (el Mediterráneo Occidental quedaría lejos). Tengo que decir que por nuestro trabajo conocíamos ya varios barcos de primera mano, pues de tanto en cuanto recibimos invitaciones para conocer el producto a fondo, teniendo la posibilidad de realizar pequeños minicruceros de uno o dos días. Finalmente nuestra elección fue el barco MSC Orchestra, de la compañía MSC Cruceros, una compañía italiana y de las primeras en fundarse. Tanto «la persona que está a mi lado» como yo, conocíamos ya algún barco de la naviera gracias a alguna invitación por parte de nuestras empresas, y realmente la experiencia había sido positiva. En cuanto al destino, como decía, descartada la opción de visitar zonas pertenecientes al Mediterráneo Occidental por los motivos que ya expresé antes, y también descartada una de las opciones de crucero que por fechas y motivos meteorológicos era imposible realizar, la del norte de Europa (Fiordos o Capitales Bálticas), decidimos adentrarnos en el misterioso Mediterráneo Oriental, con un crucero que saldría desde una de las ciudades más hermosas del mundo (según tenía entendido), Venecia, y nos llevaría hasta la parte más oriental del continente europeo (Estambul, Turquía), adentrándonos incluso en el embudo que forma el estrecho del Bósforo cuando arrastra las aguas del Mar Mediterráneo a las del mítico Mar Negro, en el que haríamos dos paradas (una en Constanza, Rumanía, y otra en Burgas, Bulgaria). El itinerario quedaría compuesto de esta manera:

Itinerario MSC Orchestra 04-14 oct

La cosa incluso mejoró, cuando por motivos meteorológicos la escala en Katakolon no pudo realizarse teniendo que poner el barco rumbo a Atenas, donde el tiempo sí acompañó.

Una vez en este punto, no hablaré más de las escalas que hicimos y los puntos que visitamos, dedicaremos una entrada a cada uno de los lugares indicándoos todo tipo de información necesaria para disfrutar al máximo de cada escala.

A bordo del MSC Orchestra (1)

De lo que sí me dispongo a hablar es del, hoy puedo decir, espectacular barco en el que navegamos un total de 11 noches y 12 días surcando gran parte del Mediterráneo y adentrándonos en el misterioso Mar Negro.

Cogimos un camarote exterior con balcón posicionado casi en la parte de atrás del barco (popa), y en la novena cubierta del buque y una vez entramos en el camarote se disiparon nuestras dudas sobre si había merecido la pena coger un camarote con balcón. El camarote era realmente espacioso, con un amplio armario, con varios espejos (cosa que agradó enormemente a «la persona que está a mi lado»), y con ese dichoso balcón que nos regaló, en mi opinión, los mejores momentos del crucero.

A bordo del MSC Orchestra (3)

Y es que pocos momentos proyectan sensaciones como las que me llegaron viendo desde nuestro balcón cómo el barco zarpaba por el Gran Canal de Venecia, cómo dejaba a ambos lados fastuosas islas como Andros o Giaros a lo largo del Mar Egeo, o cómo nos adentrábamos en misteriosos mares (como el de Mármara) a través del reconocido Estrecho de los Dardanelos, tan utilizado en obras de autores dela antigua Grecia para sus inmortales novelas (qué mejor ejemplo que el del mismísimo Homero, autor de la Odisea, entre otras).

A bordo del MSC Orchestra (12)

Pero hubo un momento que sobresalió por encima de todos los demás. Sí, sé que suena exagerado, pero traigo una experiencia recogida por mis retinas y moldeada por mis sentidos que casi la podría tachar de indescriptible. No obstante, intentaré con mis palabras llegaros a lo más profundo para que podáis entender el porqué de mi encantamiento con aquel majestuoso rato. Fueron dos horas tan sólo. El día se daba prácticamente por terminado, pues eran las 17.00 horas y nuestro MSC Orchestra debía zarpar desde el puerto de Estambul poniendo rumbo al inhóspito Mar Negro. Como decía, desde el balcón de nuestro camarote se apreciaban a poca distancia las muchas mezquitas que colorean la milenaria ciudad de Estambul, antigua Constantinopla.

A bordo del MSC Orchestra (8)

El misterio que sobrevuela por encima de la antigua capital otomana llegaba a nuestro balcón y recorría todos y cada uno de los que el barco tiene. A pesar de ser tan sólo las cinco de la tarde, el sol parecía comenzar a despedirse, pues nos encontrábamos en el extremo oriental del continente europeo, donde el sol se acuesta antes. Así pues, no se ponía el sol, pero se alejaba esa claridad que nos había acompañado durante todo el día por las calles de la ciudad, y a la bocina de nuestro imponente barco empezaba a acompañarle esa hipnótica melodía del canto que el imán entonaba desde alguna de las múltiples mezquitas de la ciudad. Tanto «la persona que está a mi lado» como yo parecimos quedar inmovilizados en el balcón gracias al embrujo que desde algún lugar de la inmensa urbe se nos envió. A todo esto partíamos. Dejábamos atrás la ciudad de las mil mezquitas, comenzábamos a recorrer el Estrecho del Bósforo. Nuestro imponente buque dejaba a ambos lados barquitas de pescadores que saludaban a nuestro barco. Algunos hondeaban banderas turcas, otros incluso, nos dedicaban alguna canción con una especie de saxofón. Mientras tanto, se oía una canción de Andrea Bocelli que reproducían desde la cubierta del barco, donde cientos de pasajeros también contemplaban el paso de nuestro barco por el estrecho. Aquel insultante color naranja que desprendía el sol con una fuerza inusitada se veía desteñido por un indomable gris que venía desde Oriente. Pasamos bajo varios puentes a medida que íbamos alejándonos de la ciudad turca.

A bordo del MSC Orchestra (7)

Dejábamos a ambos lados del barco tierras fértiles en las que pequeños pueblos pescadores nacían del mismo borde del mar. Por momentos parecía que alargándonos todo lo posible éramos capaces de tocar tierra, pues el Estrecho era extremadamente “estrecho” en algunas zonas. Nuestro camarote, situado a babor (parte derecha del barco), nos daba la opción de ir tocando con nuestras retinas el continente asiático. Y pasaron los minutos. Parecíamos ir despertando de aquel embrujo a medida que el gris se tornaba en el negro que la noche traía. Un último momento de aquellas dos horas se tatuó en mi memoria. Fue el momento en el que nuestro barco se aproximaba al final del estrecho, donde dos faros, cada uno a un lado del mismo, parecían mostrarnos el cartel de llegada. Sin embargo, a medida que íbamos aproximándonos a las puertas del Mar Negro todo parecía tornarse de oscuridad, el mar incluso comenzó a enfurecer, el cielo despidió los últimos y escasos rayos de claridad que el sol intentaba mandarnos desde el extremo occidental. Una vez atravesados los faros que ponían fin al Estrecho del Bósforo nos pareció entrar en un mundo en que las tinieblas reinaban, las tempestades gobernaban los mares y las nubes dibujaban los aterradores cielos. Y no me alejo tanto de la realidad, pues aquella fue una noche movidita. El Mar Negro hizo gala a su nombre. A todo esto y en el interior del Orchestra, disfrutábamos de todas esas comodidades que habíamos buscado antes de encomendarnos a la compañía.

Expliqué antes que nuestro camarote se encontraba en la novena planta del barco, un barco de quince cubiertas. Tengo que decir que tan sólo hasta la doce había ubicados camarotes para pasajeros, cierto es que en la trece también se sitúan unas limitadísimas suites. Nuestra posición era muy buena. No estábamos exactamente en el centro del barco, el camarote se encontraba un poquito hacia atrás, pero, como ya sabíamos, eso no iba a suponer ningún problema. Y es que menciono todo esto porque sé que será de gran ayuda, sobre todo a viajeros que se dispongan a tomar un crucero por primera vez, ya que sé que los foros de internet y la gente que piensa que sabe de todo (y realmente no sabe de casi nada) pueden hacer muchísimo daño creando un temor de proporciones enormes y unas dudas que pueden dar con que al final se queden sin crucero. Como decía anteriormente, y esto sí es de gran ayuda, nuestro camarote se situaba en la novena planta; ni en la trece, ni en la doce,… no, pero ni mucho menos los motores quedaban bajo el suelo de nuestra cabina, duda que irrumpe una y otra vez en nuestras oficinas. Tampoco tendríamos problemas por no estar situados exactamente en la parte central del barco, no pasaría nada, y efectivamente no pasó por ir volcados un poquito hacia la parte de atrás del mismo (popa).

A bordo del MSC Orchestra (17)

Todos esos miedos que comento en el párrafo anterior son solo reales si uno viaja en un barco pequeño (menos de 70.000 T) y antiguo (construido antes de los años 90-95). Los ejemplos pueden ser diversos barcos de la ya casi extinguida naviera Iberocruceros (con los barcos Grand Holiday y Grand Celebration -que ya forma parte de la naviera Costa Cruceros-), o Pullmantur (barcos Sovereign y Empress). Estos barcos fueron buenos en su época, incluso formaron parte de alguna de las mejores navieras del planeta, como el Sovereign y Royal Caribbean, pero hoy en día son barcos en los que uno se arriesga a conocer de primera mano todos esos miedos de los que se habla en los foros, una travesía en la que reine el movimiento y los vaivenes, gracias a los antiguos sistemas estabilizadores del buque, el ruido, por la fuerza de un motor que por su antigüedad no sea capaz de funcionar en silencio, y unos camarotes en los que uno tenga la sensación de hospedarse en auténticas cajas de cerillas. Y es que España es una potencia en el sector crucerista, pero lo es por los destinos que muestra a millones de pasajeros extranjeros que viajan en navieras italianas y norteamericanas sobre todo. Nuestro país, a día de hoy no tiene ninguna naviera que nos proporcione verdadera calidad en este campo. Con lo cual, mis únicos consejos son:

  1. Coged un camarote exterior con balcón siempre y cuando sea posible. Si la duda está entre coger un camarote con ventana o uno interior, no merece la pena, coged uno interior.
  2. Intentad evitar a toda costa que vuestro camarote sea con vista obstruida, pues los botes salvavidas ocuparán buena parte de vuestra visibilidad.
  3. Hay algunos barcos en los que hay una serie de camarotes (en la parte central) metidos hacia dentro. Intentad que vuestro camarote no sea el de la esquina que se forma, pues perderéis gran parte del ángulo de visión hacia uno u otro lado.
  4. Coged el segundo turno de cena, sobre todo si sois de nacionalidad española, pues el primero suele ser en torno a las 18.30 horas y el segundo hacia las 20.30.
  5. Escoged un barco construido en años superiores al 2006.

Continúo:

El barco que nos llevaría de un lado a otro del Mediterráneo llevaba a cuestas 16 bares o cafeterías (en las que algunas se contemplaba música en directo gracias a los conjuntos musicales que noche tras noche mostraban su profesionalidad), dos restaurantes y uno extra especializado en comida asiática (nosotros no sentimos la necesidad de acudir a él ya que era de pago y no lo consideramos necesario, pues en los otros dos comimos realmente bien), discoteca, spa (al cual acudimos por un precio de 20 € los dos gracias a las ofertas que van saliendo algunos días durante la travesía), salón de juegos y casino, gimnasio, zona de boutiques con precios “duty free”, una sala de videojuegos virtual, y para mí, la joya de la corona, un espectacular teatro de más de 1200 butacas. En el exterior, dos piscinas, una pista de atletismo, un minigolf y una zona de divertimento (ping-pong, futbolín…).

A bordo del MSC Orchestra (9)

Nuestro día a día en el buque pasaba por todas estas zonas, siempre y cuando no nos encontráramos visitando algún lugar. Nos levantábamos pronto para acudir al buffet, situado en la planta 13 del barco, un buffet con una gran variedad aunada de calidad y al que había que acudir antes de las 11.00 para tomar el desayuno (bastante antes ya que algunos alimentos los retiraban antes). El gimnasio lo visité también bastantes días, ubicado en la misma cubierta 13 pero en la parte delantera del barco (proa), con lo cual era precioso correr en la cinta mientras veía cómo avanzábamos a una velocidad de unos 35-40 km a la hora. Tras la ducha, nada como disfrutar de una buena mañana en la hamaca junto a la piscina y a los jacuzzis hasta que, tras algún baño que otro, el estómago daba la voz de alarma para que acudiéramos al buffet nuevamente.

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Se puede decir que, para los doce días que estuvimos a bordo, la comida fue abundante y de calidad, y si hubiésemos querido no habríamos repetido ningún día menú, pero gracias a que la calidad de las pizzas, por ejemplo, era sublime, repetimos no uno, sino muchos días. Creo que en al menos cinco o seis días mi menú fue acompañado de pizza, de hecho las convertí en acompañamiento de otros platos principales. Bromas aparte, quedó demostrado que la gastronomía es uno de los fuertes de la naviera MSC gracias a los cocineros y jefes de cocina de renombre que viajan en sus barcos. Tras la comida, varias eran las actividades que se podían realizar, pero recuerdo uno de los días en los que nuestros compañeros de viaje (que conocimos en nuestro mesa durante las cenas), propusieron jugar al Trivial. Hicimos dos equipos y perdió el nuestro, acompañado de Clara; Paco, José Luís y Helen se hicieron con la victoria.

A las 19.15 teníamos que estar en el teatro, en el que tarde tras tarde nos impresionaban con unos espectáculos que en mi opinión, fueron de lo más asombroso del crucero. Los espectáculos eran temáticos, algunos días iban dedicados a viejas glorias del rock y se entonaban canciones de Queen mientras los bailarines y bailarinas acompañaban al vocalista y a las dos vocalistas que capitaneaban el escenario. Otros días, la temática giraba en torno a Batman (con un espectacular musical dedicado al superhéroe), a faraones en los que se representaba la historia del antiguo Egipto. Otros días había ópera con un majestuoso tenor y un trío de cuerda formado por tres magníficas violinistas… La gran gala final fue simplemente espectacular. Todos los trabajadores del equipo de animación nos dieron las gracias desde el escenario con una gran puesta en escena.

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Una vez finalizado el show nosotros incluimos en nuestra rutina tomar un refresco en uno de los bares en los que se escuchaba música en directo gracias a una banda que tocaba obras maestras del pop internacional, el Savannah Bar, cercano al teatro y en la cubierta seis. Tras media hora disfrutando algunas veces de música y otras veces de un divertido bingo llegaba la hora de cenar. (20.30).

A bordo del MSC Orchestra (4)

Especial mención hago aquí. Desde el inicio del crucero todos los pasajeros teníamos fijada una mesa en nuestro respectivo turno de cena. Nuestra mesa era de ocho personas (sin ningún problema se puede pedir al maître que facilite una mesa para dos o para cuatro personas, y si nada lo impide, se concede). Las seis plazas restantes de la mesa fueron ocupadaas por seis personas que han ocupado gran parte del recuerdo que tenemos del crucero que hemos hecho, seis personas de muy variado carácter y personalidad que se han ganado ese rinconcito en algún lugar más que en las muchas fotos que guardaremos por siempre.

Tras la cena, uno de los integrantes de la mesa fue poco a poco convenciéndonos para acudir a las clases de baile que se daban en una de las zonas (chachachá, bachata, merengue, polca…), y por último acudíamos (no todos los días) a la discoteca R32, que el MSC Orchestra tiene para «echar algún bailecito que otro» y tomar algo viendo el ambiente. Tras un rato en la discoteca marchábamos hasta nuestro camarote desviando nuestro camino hasta llegar a la cubierta, donde el mar unido al cielo y a sus estrellas, en ocasiones nos mostraba una belleza sin igual si el viento nos lo permitía. Un espectáculo que era la culminación de un día más de aventuras y la antesala de un descanso merecido. Con poco más llenamos jornada tras jornada hasta completar las 12 que tuvo el viaje.

A bordo del MSC Orchestra (20)

Y aquí acabo nuestra primera entrada dedicada a las inolvidables vacaciones que hemos tenido este 2014, no sin antes mencionar a las seis magníficas personas que tuvimos el placer de conocer gracias a esa mesa tan bien distribuida por los trabajadores de MSC, en la que ubicaron a dos guapísimas mallorquinas, madre e hija, viajeras como las que más y que gracias a su experiencia como turistas (en especial María Antonia) nos dieron claves para futuros viajes. Besos a tus dos pequeñas Lourdes!! Recordar también a nuestra pareja favorita de todo el crucero, Clara y Paco; os llevamos en el corazón y esperamos vernos pronto, lo sabéis. Y por supuesto, gracias a las dos incorporaciones que recibimos en nuestra mesa la segunda noche, y sin las cuales el crucero no habría sido lo mismo; gracias a ellos y a sus turbantes, que incluso fueron los personajes principales de la última noche de gala a bordo, y que como una de las pasajeras dijo, de haber durado el crucero un par de días más habrían ocupado las cabezas de todos los pasajeros; gracias José y Helen por llenar nuestras vacaciones con esa pizca de gracia y humor, con vuestra personalidad y forma tan alegre de vivir la vida.

Esperamos encontrarnos de nuevo todos algún día!

AYLLÓN: LA VILLA MEDIEVAL POR LA QUE NO PASA EL TIEMPO


Saliéndose va del reino el Campeador leal,

de siniestro, San Esteban, una buena ciudad,

por diestro, Ayllón, allí son las torres que moros las han,

pasó por Alcubilla, que de Castilla fin es ya…

Fragmento del “Cantar del Mío Cid”, versos 395-398.

El Cantar del Mío Cid es una de las obras literarias más importantes de la historia del castellano. Hablamos de una obra escrita (obviamente en castellano antiguo) en lengua romance, tratándose de la primera obra narrativa extensa en castellano que fue compuesta, según los expertos, allá por el año 1200. Habla de los últimos años del nombrado caballero Don Rodrigo Díaz, el Cid Campeador, en los cuales el hidalgo camina, cabalga, lucha, sirve, ama, es amado y desterrado por su rey, Alfonso VI.

Ésta, una de las piezas literarias más importantes de la historia de nuestra lengua, nombra, entre otras, la localidad por la que hoy nuestros pies tendrán oportunidad de trotar hasta conocer el último resquicio histórico en la zona. Llena está Ayllón de ello, lo he respirado nada más salir del coche, antes incluso, cuando nuestras retinas han contemplado que la antigua puerta de El Arco nos ha invitado a dejar en extramuros nuestro vehículo a motor para viajar unos ochocientos años en el tiempo y plantarnos en plena edad media. Disfrutemos pues de un día entero en la villa de Ayllón, tierra casi de unión entre las hoy dos Castillas, Castilla la Mancha (Guadalajara) y Castilla y León (Segovia y Soria), debido a su posición geográfica.

Llegamos a la antiquísima villa antes de las 11.00 horas, debido a que deberíamos dirigirnos hacia la Iglesia de San Miguel para recoger las acreditaciones que nos darían derecho a ser partícipes de la ruta teatralizada que organiza el ayuntamiento de la localidad y que daría comienzo a las 12.00 horas. El precio de cada entrada fue de 6,50 €. La ruta, de la cual después iremos hablando, fue simplemente inmejorable. Tremendos los actores, ingeniosos los guiones y guionistas, magníficas las escenas y perfecta la guía, Mari Carmen.

Nuestra llegada, como decía, se produjo poco antes de las 11.00. El consejo es aparcar ante El Arco, puerta que da acceso al casco antiguo de Ayllón, a la vera del río Aguisejo. Comprobaréis que es donde aparca todo el mundo. Antes comentaba que al bajar del coche recibí un golpe de viento con sabor a historia que se agravó con un soplido todavía más fuerte una vez atravesamos la única puerta de entrada y salida del pueblo, la puerta de El Arco.

Ayllón (7)

Ayllón (11)A partir de ahí, empezaba a entonar una música medieval que en realidad sólo producía mi cerebro, pero que no dejó de acompañarme durante toda mi estancia en Ayllón. Nada más atravesar el arco, se puede contemplar ya alguna que otra construcción que da pistas de lo que va a ser capaz de ofrecer la villa. No obstante, seguimos nuestro camino sin detenernos ante ninguna de las maravillas arquitectónicas que se oponían a ambos lados de la calle principal, por la que caminábamos, pues nuestro principal destino era, como antes dije, la Iglesia de San Miguel, dónde nos esperaba la persona con la cual había hablado la mañana anterior para facilitarnos las acreditaciones y abonar los 6,50 € por persona de la visita. Llegamos a dicha iglesia, que ha dejado de ser lugar de culto para ser una mezcla de punto de información y museo donde uno puede encontrar piezas arqueológicas de valor incalculable y fechas que pueden variar desde la prehistoria hasta nuestros días. Posteriormente sabremos porqué hay obras escultóricas y de pintura de arte contemporáneo esparcidas por todo el pueblo.

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Tras pasar un rato con Mariana y recoger los tickets e instrucciones de la hora a la que deberíamos estar en el Palacio de Los Contreras para dar comienzo a la ruta guiada y teatralizada (12.00), fuimos a retomar fuerzas a una de las cafeterías que había en mitad de la plaza, con una tranquila y bonita terracita en la que nos sirvieron unas suculentas tostadas con un buen pan de pueblo.

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Eran las 11.15 horas de la mañana y poco más nos daría tiempo a hacer, ya que en aproximadamente media hora debíamos plantarnos en la puerta de El Arco, junto al Palacio de los Contreras, conocido también como residencia del Condestable Don Álvaro de Luna, y es que realmente allí residió durante buena parte del siglo XI. Algunas fotos en la parte exterior de la puerta de entrada al pueblo con el puente y el río en el que montones de patos se refrescaban, a pesar de los justos 20ºC que había, precedieron a la ruta, que sin demora, dio comienzo a las 12.00 horas exactas.

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Nos avisaron de la prohibición de realizar instantáneas a los actores, por ello no encontraréis ninguna en nuestro blog. Tras ello, Mari Carmen (la guía) dio rienda suelta a la obra móvil que presenciaríamos durante las casi dos próximas horas. El primer personaje que apareció por la calle que viene de la Plaza fue Don Amancio, un historiador del pueblo que parecía tener cultura como pocos, sapiencia como no muchos y ganas de hablar como ninguno; historiador del pueblo en el que nos encontrábamos, hecho que hacía que el Sr. Amancio no dejara de contar las mil y una maravillas que en su tierra existieron y todavía hoy son visibles. Como decía, la primera pieza arquitectónica que sobresale de las demás es el Palacio de Los Contreras, edificio construido por Juan de Contreras en 1497. La fachada es espectacular, con tres escudos de armas inclinados mostrando algo poco usual. El artesonado encontrado en su interior confirmó que la edificación fue construida anteriormente a la fecha citada.

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De la mano de Mari Carmen continuamos hasta la Plaza Mayor, una plaza porticada, con el Ayuntamiento (antiguo Palacio de los Villena) presidiendo la misma, y junto a la emblemática Iglesia románica de San Miguel, de la que hemos hablado antes. Desde la misma plaza pudimos comenzar a descubrir nuevos lugares a los que después tendríamos posibilidad de aproximarnos para investigar. Llama la atención lo que debió ser una impresionante torre de defensa musulmana, que todavía hoy se mantiene en pie. Está ubicada en lo alto del cerro que parece resguardar la villa, y se la conoce con el nombre de Torre de La Martina.

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Ayllón (1)Entre todos los acontecimientos que reúne Ayllón desde que tiene vida propia, hay uno que fue de enorme relevancia histórica. Y es que, en 1406, Catalina de Lancaster sufre la muerte de su marido, Enrique III de Trastámara, no pudiendo coronar a su hijo, el que sería Juan II, con tan sólo dos años de edad. Se asume una regencia sobre el trono de Castilla por parte de Catalina, pero compartida con Fernando de Antequera, su cuñado. Muchísimos fueron los enfrentamientos de ambos debido a la forma de gobernar sobre Castilla pero antes de que se produjese un grave conflicto se firma un tratado mediante el cual Fernando ocupará el trono de Aragón, gracias al compromiso de Caspe (1412 Caspe), con el apoyo total de Catalina, que vio aquí la clara salida de que Fernando dejara de involucrarse en temas castellanos y se dedicase de lleno a los aragoneses. Fue impecable la representación que el anterior hecho tuvo lugar en la iglesia de San Miguel por parte de los actores de la ruta.

Ayllón (13)Nuestro paseo por la villa continuó tornándose hacia la Plaza del Obispo Velosillo, en la cual preside el genial Palacio del Velosillo. Además de observar la grandeza arquitectónica que tiene este edificio, construido en el siglo XVI, comprobamos que hoy es un edificio dedicado a numerosas funciones. Lo chocante es que cuando entramos empezamos a encontrar obras artísticas que parecían más bien contemporáneas, recientes. Encontramos cuadros pictóricos de estilo abstracto, esculturas parecidas a las de Botero, es decir, el edificio facilitaba a nuestras mentes un billete de tren que recorreríamos en cinco segundos y mediante el cual nos transportaríamos cinco siglos. En la actualidad, el edificio alberga la biblioteca y el Museo de Arte Contemporáneo de Ayllón. Hay que decir que desde 1979 se facilita una beca a 8 de los graduados en Bellas Artes mediante la cual pasan un mes estival en la localidad, dando rienda suelta a su imaginación y a su don artístico, de ahí que muchas de las obras que los principiantes artistas tengan un hueco en el Museo del Palacio del Velosillo.

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Tras la visita al Palacio del Velosillo donde concluyó la estupenda visita guiada, tomamos la decisión de ascender a lo más alto de la villa. Nos dirigimos por la calle Termiño hasta cruzarnos con la calle Real en la cual encontramos varias estrechas callejuelas que tomaban un gran desnivel para acelerar la llegada a la siguiente calle que encontraríamos, y que prácticamente nos colocaba ya en el paseo de las Bodegas, dónde pudimos ver cómo las cuevas que hoy todavía persisten son capaces de conservar el vino que se produce en tierras segovianas.

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Aquellas callejuelas que recorrimos hasta la ascensión a Los Paredones debieron albergar numerosos acontecimientos, alguno de ellos nos lo mostró la visita teatralizada en la que se representaba lo mal que lo debieron pasar algunos judíos conversos en época en la que la Santa Inquisición investigaba con lupa cada movimiento de los habitantes de aquellas villas medievales como la que pisábamos, y mediante la cual se obligaba a llevar a cabo toda costumbre cristiana tanto en vida, como en los enterramientos, costumbres que algunos de los nuevos judíos conversos ni siquiera conocían. Tanto la horca como la hoguera fueron buenos testigos de muchos de aquellos hechos.

Una vez llegamos a lo más alto del cerro contemplamos el Cristo de piedra que hay allí construido y que parece ser guardián de toda la villa.

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Ayllón (17)Curioso que en aquellas alturas, al otro lado del cerro, presida increíblemente bien conservada una torre de origen musulmán. He aquí la riqueza cultural y arquitectónica española, que es capaz de tener dos perlas en lo alto de la corona que protege la villa: una fortaleza árabe del siglo VIII-IX y un monumento cristiano. Poco podemos decir sobre la fortaleza o castillo que hubo en lo alto del cerro, que fue un edificio militar, seguramente adosado a la torre de la que hablamos, pero del que no quedan prácticamente restos.

Hay que decir que desde aquellas alturas la panorámica era inmejorable, y a pesar de que el día empezó a pintarse de un color grisáceo, se divisaba perfectamente la cordillera que toma el nombre de Sierra de Ayllón (perteneciente a la vertiente nororiental del Sistema Central y la submeseta norte, que cubre gran parte de Castilla). Las vistas arropaban kilómetros y kilómetros a la redonda. A pesar de disfrutar del sosegado impulso de la suave brisa que atizaba nuestros rostros, nos vimos obligados a descender de nuevo a la villa para seguir descubriendo joyas.

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Ayllón (21)La siguiente fue el Antiguo Convento de las Concepcionistas, y más adelante la Iglesia románica de San Juan, en la cual se orquestaba justamente una boda cuando llegamos. Y es que el edificio es hoy propiedad de manos privadas, con lo cual, nos encontramos que se estaba celebrando tal evento. Pudimos ver que la boda que estaba teniendo lugar en el edificio era una boda medieval. La gente iba vestida de época. No pudimos visitarlo pues, aunque tampoco llevábamos mucha idea de ello, ya que la entrada suponía otros 6 € por persona que eran excesivos para ver el claustro y alguna de las dependencias del lugar. No obstante, invitamos a acceder a los que llevéis tiempo de sobra para visitar la villa porque supimos que uno de los propietarios del antiguo convento realiza una magnífica explicación de lo que fue en su día el lugar.

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Ayllón (20)Poco más nos quedaba por descubrir de Ayllón, como no, la enorme Iglesia de Santa María la Mayor, que puede contemplarnos a todos los que andemos por las calles de su villa desde una altura superior a los 40 metros gracias a su imponente campanario, que al mismo tiempo sirve de referencia al viajero, ya que casi desde cualquier callejuela se ve asomar la tremenda obra. A finales del siglo XVII se hundió la antigua parroquia allí existente y se construyó en su lugar la nueva iglesia de estilo neoclásico, toda de sillería, que actualmente ocupa aquel lugar. La entrada al edificio es gratuita, ya que actualmente sigue siendo templo de culto (siempre y cuando esté abierto).

Ayllón (26)La siguiente parada fue una de las que más relevancia tuvo, y es que sigo diciendo, entrada tras entrada, que una de las mayores señales del potencial cultural de un lugar se encuentra en su gastronomía, y si Ayllón no nos había fallado en el plano histórico, seguramente no lo haría en este. Nos dirigimos a la plaza principal, donde hay dos claras ofertas gastronómicas. Leyendo ambas cartas, tomamos la decisión de entrar en el restaurante en el cual horas antes habíamos desayunado, el Restaurante Pemar. Impresionantes fueron los huevos rotos con chistorra que nos pusieron de primero (éramos dos, pero bien habrían valido para cuatro), como también lo fue el secreto ibérico que adornó nuestra visita al restaurante. Buenísima relación calidad-precio, pues la cuenta fue inferior a 40 € habiendo comido mucho y bien.

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Tras la suculenta comida recorrimos por última vez las empedradas calles de la villa que nos dirigió a extramuros mediante nuestro nuevo paso por la Puerta del Arco, donde el majestuoso Palacio de Los Contreras parecía despedirse también de nuestra compañía. Cogimos el coche para realizar nuestra última visita a tierras ayllonenses. Tomamos dirección a Burgos por la SG-945 donde encontraríamos un enclave que dio el toque mágico que quizás había faltado en el interior de la localidad. Se respiraba una paz sin igual en el lugar y yacía un edificio eclesiástico con una espectacular fachada que transmitía la sensación de espiritualidad que los monjes deben respirar en su interior. Varios minutos fueron los que anduvimos en la explanada frente al Convento de San Francisco, conocido actualmente como el Exconvento. Por mucho que os guste y os enamore el pueblo no subestiméis dicho convento y dejéis de visitarlo, porque sé que a veces contemplar tanta belleza en poco tiempo nos vuelve perezosos y lo que ésta visita debe suponer no es un trastorno sino una guinda en el sabroso pastel cultural, histórico y arquitectónico que pudimos saborear en tierras de Ayllón. Visita obligada pues.

Ayllón (29)

Con esto completamos la visita a otra de las localidades que aparecen en lospueblosmasbonitosdeespana.org

Podemos dar fe de que Ayllón, merece estar aquí.

IMPRESIONANTES VISTAS DESDE EL CORTE INGLÉS DE CALLAO


Vistas Callao (1)

Vistas Callao (8)

Vistas Callao (6)

VILLAJOYOSA: EL TOQUE DE COLOR DE LA COSTA BLANCA


Llegamos aquella tarde de Junio a eso de las 18.00 horas a la ciudad de Villajoyosa. Lo primero que nos encontramos fue el cartel que da la bienvenida al forastero con un: ¡Bienvenido a La Vila Joiosa! Dicha denominación, es tan oficial como la otra.

Llegamos desde Torrevieja en poco más de una hora y una vez dentro de la ciudad, que apenas supera los 30.000 habitantes, seguimos las indicaciones que nos enviaban al puerto (realmente no teníamos idea de dónde dejar el coche). Sin embargo, y aquí va una puntualización que os servirá de gran ayuda, una vez que hayáis bajado hasta la mismísima playa principal de la localidad, no giréis a la izquierda, lo que os haría llegar al puerto; girad a la derecha e iréis a parar a una zona de estacionamiento público para vehículos sin coste alguno. Realmente es un trozo de playa habilitado como un pequeño parking en el que, si no llegáis en horas muy conflictivas, podréis aparcar sin ningún problema. Para que tengáis un poco más de información, la calle paralela a la playa es denominada calle Arsenal y debéis dirigiros hacia la zona denominada Partida Puntes del Moro, dónde se encuentra el lugar de estacionamiento del que os hablo.

Una vez allí, nos dirigimos hacia el paseo marítimo, calle Arsenal, en el cual comenzamos a darnos cuenta de la diversidad de colores que adornaban las casas de la localidad, lo que gracias al sol que pegaba aquel maravilloso día de finales de Junio, embellecía de forma brutal la postal que se cernía ante nuestros ojos. Tanto si destinábamos la mirada hacia la playa como si, con un giro de 180º, contemplábamos los variados colores de las viviendas, divisábamos una maravilla. La primera imagen que me vino a la mente cuando comprobé lo que era capaz de transmitirme el conjunto de viviendas y sus colores, fue la de uno de los destinos más demandados actualmente en el Mediterráneo cuando hablamos de cruceros, y es que la profesión tira mucho. Hablo de la región de La Spezia, localidad italiana que se encuentra en el golfo del mismo nombre que la localidad y que muestra un encanto muy particular por el colorido que presentan sus casas. La Vila Joiosa se me asimiló muchísimo a las imágenes que corren en mi mente de la región de Cinque Terre (La Spezia), y a las que, por cierto, podéis acceder en montones de catálogos del actual verano 2014 (como es el caso de Pullmantur) que se han inclinado por este destino como poderío turístico del Mediterráneo en cuanto a cruceros. A todo esto, la localidad me comenzó a enamorar. El sol ayudaba, la temperatura, no excesiva, echaba una mano y los colores que empezaban a formar tanto el mar como el cielo en su fusión en aquel lejano horizonte hacían que el momento fuese sencillamente precioso. Posteriormente, incluso mejoró.

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La localidad está situada en una fuerte pendiente, es decir, sobre un montículo. Decidimos pues, ascender para perdernos por las fastuosas calles de la localidad. Enseguida estas callejuelas dieron paso a que mi imaginación se pusiera a trabajar para hacer retroceder el reloj y rememorar alguna de las luchas que allí debieron suceder entre piratas y habitantes del lugar, o como después supimos, cruentas batallas entre moros y cristianos (de aquí que se celebren unas de las fiestas más populares del territorio nacional conmemorando esas luchas entre ambas culturas).

Sigamos con nuestra ruta, que nos llevó, tras conocer la bonita plaza principal en la que había varias opciones de restauración, a tomar una calle con una buena cuesta arriba. Cogimos la calle Costera del Mar hasta llegar a la plaza de la Generalitat, y nos dimos cuenta que entre las fachadas de las casas de la parte izquierda de dicha calle (izquierda si uno sube), sobresalían trozos de muralla que bien denotaban el ser muy antiguas. Efectivamente comprobé después que son resquicios de la muralla que ordenó construir Felipe II durante el siglo XVI para defender la ciudad de los constantes ataques de piratas berberiscos. Empalmada a las mismas murallas, fuimos a parar a una iglesia que, aunque bastante erosionada por el paso del tiempo, dejaba ver la hermosura del conjunto histórico artístico de la ciudad. Hablamos de la Iglesia de la Assumpció.

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Posteriormente decidimos dar el paso definitivo de perdernos por las callejuelas vileras: desde la Avenida del País Valenciá fuimos buscando el camino que nos introdujera en la maraña de calles, y qué mejor lugar para empezar el paseo por la Carrer Major, por la cual descendimos hasta la Plaza Castelar donde, tras la esquina, vimos la parte frontal de la Iglesia que habíamos intuido desde extramuros.

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Villajoyosa (8)Desde aquí, podría contaros exactamente el recorrido que realizamos pero mi consejo es que, una vez que hayáis llegado a este punto, dejéis que vuestras piernas os guíen sin rumbo fijo a través de las preciosas calles de la ciudad. Calles como la Carrer Arxius, la calle María Amada, Carrer Costereta y unas cuantas más podrán daros muestra de la belleza que el pequeño casco antiguo de La Vila Joiosa posee. Todas, o prácticamente todas, dan a parar, eso sí, a la más atractiva de todas, la Carrer Major. Os aconsejo buscar también la Carrer Frai Posidonio Major, desde la cual comprobaréis cómo el río Amadorio divide la ciudad en dos partes y podréis divisar el lado adverso de la orilla del río, una zona en la que también encontraréis una belleza urbanística de importancia. Entre las diversas calzadas de la localidad podréis encontrar algunas plazuelas o placitas en las que, os aseguro, el cuerpo os invitará a sentaros para respirar el sosiego que el casco histórico pone en bandeja al turista. No perdáis de vista el Ayuntamiento, en una construcción igual de llamativa que el resto de edificaciones pero que diferenciaréis gracias a las banderas de la localidad y de la Comunidad Valenciana que afloran en la fachada. Dicho edificio lo encontraréis bajando por la Carrer Major.

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Sin daros cuenta, recorreréis calle tras calle hasta ir descendiendo y dar a parar a la avenida que después nombraré. Aprovecho también para decir que, aunque no íbamos ataviados para darnos un baño, sí pudimos acercarnos a la arena para calificar el estado de la misma, algo que nos pareció asombroso. Sin duda, Playa Centro es de las mejores playas que hemos conocido en la zona levantina, con una arena fina y clara y una explanada lo bastante ancha (unos 30 metros) y lo bastante larga (más de 1 km) como para soportar la gran cantidad de turistas que acuden al lugar verano tras verano y evitar así que se produzcan aglomeraciones de gente que conviertan la jornada playera en incómoda; el mar además, parecía claro y limpio, a pesar de tener la desembocadura del río Amadorio cerca de dicha playa. Además de esta playa, situada en el centro de la localidad, también hay otras cercanas algo más pequeñas, incluso calas, de calidad muy similar y con un grado de ocupación más bajo.

Sublime (sobre todo para la mente) fue el paseo que dimos hasta dar de nuevo, casi sin querer, con la Avinguda Jose Maria Esquerdo Zaragoza, concretamente con la hermosa plaza desde la que en el inicio de nuestro tránsito contemplamos la playa.

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Algo había cambiado, eran pasadas las 20.30 de la tarde y ya prácticamente nadie quedaba en la playa. El color del cielo en la puesta de sol era todavía más lindo que horas antes. Cuanto más se iba escondiendo éste, más se iba formando un color indescriptible, que tan sólo con una imagen se puede mostrar.

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Tan sólo quedaba decantarnos por un lugar para dar rienda suelta al paladar, que ya eran horas de cenar. Escogimos una creperie y nuevamente acertamos de lleno. Los refrescos acompañados por unas aceitunas con guiso de la tierra dieron paso a unos asombrosos crepes que contenían bechamel, huevo, champiñones, bacon y jamón de york. La simpática camarera de origen francés nos comentó que eran unos crepes de diseño italiano, ya que la cocinera era del país de la bota. Ya les felicitamos in situ, pero volvemos a hacerlo desde aquí. De los mejores crepes que hemos comido sin duda, en la Crepería La Florentina, en la calle Arsenal nº 22. Además, desde el lugar pudimos contemplar una de las más inolvidables puestas de sol que he contemplado en todo lo que va de 2014.

Nuestra visita a La Vila Joiosa acabó aquí, esperamos poder acudir el año que viene en lo que nos han contado son unas de las más populares fiestas de Moros y Cristianos y que se celebran entre el 24 y el 31 de Julio (aunque en nuestro sector es temporada alta y nos será muy complicado, no obstante, lo intentaremos). Podremos conocer la ciudad a fondo, aunque nuestra primera impresión fue simplemente magnífica.